Este lunes 23 de agosto, al llegar la noche,  los habitantes de la zona del  Mocotíes volvieron a sentir el terror sobrecogedor cuando se percataron de que un torrencial aguacero caía sin cesar sobre la región y que los ríos y quebradas comenzaban a desbordarse hasta hacerse incontenibles y arrastrar con su caudal todo a su paso: casas, automóviles, vías de comunicación y lo peor, lo que no se puede remediar y nos llena de profundo dolor,  también cegó la vida muchas personas que sucumbieron ante la furia de las aguas hasta ahora no conocemos el número de víctimas, pero dolorosamente son muchas, entre ellos niños. Una vez más, familias enteras quedaron sin hogar. El lodo enterró sus viviendas, desapareció el patrimonio logrado con el esfuerzo del trabajo honrado de años, cultivando, cosechando…Los dejó a la intemperie, con el pánico en sus huesos, ateridos de frío y empapado, sin nada con qué vestirse o arroparse, sin comida, sin agua.

Un escenario parecido al ocurrido a principios de febrero del 2005, hace ya 16  años, cuando esta ubérrima región andina fue afectada por un fenómeno meteorológico denominado vaguada que dejó tristeza, desolación, pérdidas de vidas humana y materiales, cuyo recuerdo aún está en la memoria de quienes vivieron ese infortunio.

No hay palabras para describir una situación tan espantosa  que nos afecta a todos los que vivimos en este suelo. Las imágenes que nos llegan son más que elocuentes y muestran claramente los destrozos que ha causado esta nueva arremetida de las fuerzas de la naturaleza. Ocurre este desastre en un tiempo de grandes dificultades para todo el país, consumido por una hiperinflación galopante y perversa, por fallas terribles en los servicios públicos. Un tiempo donde las comunicaciones son prácticamente inexistentes y tampoco hay suministro de combustible, todo lo cual repercute directamente en las labores de rescate y ayuda que con incalculables esfuerzos realizan esos hombres y mujeres que trabajan con valentía y vocación en los cuerpos de bomberos, Defensa Civil, voluntarios, entre otros, y que gracias a Dios siempre están prestos para colaborar, incluso sin esperar recompensa.

Sin recursos económicos pero solidarios de corazón y acción

Es loable, maravillosos y nos llena de optimismo y fe, la forma en que los merideños se han volcado a los centros de acopio que rápidamente se instalaron en diversos puntos de la ciudad para recibir los donativos que la gente generosa y de buen corazón ha ido llevando. Sabemos que hace falta de todo: comida, agua potable, ropa para adultos, niños  y bebés, medicinas, artículos de aseo personal y sobre todo hace falta que sigamos actuando como un solo pueblo para ayudar a nuestros hermanos del Mocotíes que lo necesitan con urgencia. Sabemos que en varias urbanizaciones y comunidades, como La Don Perucho, en El Arenal,  también se están recibiendo donativos que serán entregados a organizaciones como Cárita Arquidiocesana de Mérida.

Nuestros medios, Comunicación Continua y la Ciudad en la Radio, lamentan profundamente lo ocurrido y se solidarizan con la colectividad de la región. Es muy doloroso para nosotros tener que dar malas noticias y mostrar imágenes desgarradoras, pero nuestra misión es informar de forma veraz y objetiva sobre los acontecimientos, para que la población pueda tomar previsiones y conocer lo que está ocurriendo. Cada día se hace más difícil poder trasmitir y comunicar, pero mientras las condiciones nos lo permitan seguiremos cumpliendo nuestra labor.

Tal vez sea trillado decir “en la unión está la fuerza”, pero en este desdichado escenario, la unión de voluntades y las acciones decididas de cada uno de nosotros, serán, sin duda alguna, una manera de aliviar la grave realidad que enfrentan nuestros hermanos de Mocotíes. La ayuda llegará a las poblaciones, de eso estamos seguros, y seguiremos orando y actuando con mucha fe.

Redacción. C.C.

25-08-2021