«Durante todo este año nuestra fuerza trabajadora ha estado desplegada las 24 horas del día, implementando un plan integral para la restitución de las capacidades del sistema». Esta declaración la dio el pasado 29 de septiembre el ministro de Energía, Rolando Alcalá, quien ya cumplió siete meses en el cargo. Pero sus palabras contrastan con la realidad que viven los venezolanos: entre enero y agosto de este año ocurrieron 536 protestas en reclamo por los apagones.
El registro lo levantó el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), que aseguró que «las manifestaciones se concentraron especialmente en estados del interior del país, donde los cortes prolongados y sin cronograma afectaron actividades productivas, educativas y sanitarias». Zulia, Mérida, Aragua, Cojedes, Lara, Guárico y Portuguesa son de hecho los estados en los que, desde el 22 de septiembre, según reportes compartidos en redes sociales, se ha desatado una ola de protestas nocturnas por las deficiencias del servicio eléctrico, con bloqueos viales, cacerolazos, quemas de caucho y caravanas de motos alrededor de estaciones eléctricas u organismos clave vinculados al sector energético. Algunas de ellas incluso han sido dispersadas por efectivos policiales que hasta han recurrido al uso de gas lacrimógeno.
Y aunque Alcalá hizo hincapié en que «este año tenemos acceso directo a repuestos y piezas originales de los principales fabricantes del mundo», eso no se ha traducido, ni siquiera desde el inicio de su gestión en marzo, en una disminución del descontento de la población ni mucho menos de la cantidad de apagones que enfrentan semanalmente personas como Mayela Rodríguez.
En La Guaira, su estado, del que Juan Crisóstomo Fernández, presidente de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), se jactó por haber restablecido la luz en apenas tres días después del terremoto, ella sufre hasta cuatro cortes eléctricos a la semana. El lunes, por ejemplo, le quitaron el servicio a las 6:00 p.m y regresó al día siguiente a las 4:00 p.m. Permaneció casi 24 horas a oscuras.
“Hay días que son cuatro horas, pero hay otros en los que son 12 o son ocho. No hay una cantidad de horas específicas”. El punto es que eso le afecta porque trabaja la tierra con un sistema de riego que depende de una bomba. «Entonces no puedo regar porque si no tengo luz, ¿cómo hago? Se me está poniendo la cosa difícil porque al no tener riego y en esta época de verano con ese sol tan duro es imposible que se dé la siembra”.
Su preocupación coincide con la advertencia de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines, que estimó que las sequías podrían afectar hasta 60% de las cosechas nacionales esta temporada.
Este año hay un factor que puede complicar todavía más el panorama: El Superniño, la versión intensificada de El Niño. El fenómeno climatológico produce un aumento de las temperaturas y, como consecuencia, una demanda adicional sobre los sistemas eléctricos.
En el caso venezolano, la presión es mayor no solo porque el sistema depende en buena medida de la generación hidroeléctrica, es decir, de agua para producir energía, sino también porque ya hay un déficit estructural del 30%, con una demanda pico nacional en el despacho de carga de 15.000 MW y una oferta satisfecha de 12.000 MW a 13.000 MW.
El Superniño también puede provocar sequías, cuyas afectaciones se reflejan no solo en las pérdidas de cosechas, sino justamente en la disminución de los niveles de agua de los embalses que surten a las centrales hidroeléctricas.
Fernández lo explica así: «Hemos experimentado un aumento significativo de la demanda eléctrica, producto del aumento de las temperaturas que hemos registrado nosotros en el país, adicionalmente, el repunte de la actividad económica, también supone un aumento de la demanda aumentando más la brecha entre la generación disponible y la satisfacción de la demanda. Todo esto está siendo atendido con el plan que nosotros tenemos en ejecución».
Sin cronograma de apagones
Desde el 27 de septiembre empezó a circular en redes sociales un comunicado con fecha del día anterior y con el membrete de Corpoelec, en el que se afirmaba que a partir de ese momento «se garantiza la estabilidad total del Sistema Eléctrico Nacional» y que «no se registrarán más cortes del servicio eléctrico en el país».
El comunicado, sin embargo, no fue compartido en la página ni en las redes sociales oficiales de Corpoelec ni del despacho ministerial de Energía. Por ello, Cazadores de Fake News lo determinó como falso. El propio presidente de Corpoelec, Juan Crisóstomo Fernández, dijo el 25 de septiembre algo que, de cierta forma, vuelve a contradecir lo que cuatro días después afirmó el ministro Alcalá: «Tenemos un plan estructural donde tenemos que cruzar la demanda con la generación. Eso lo vamos a alcanzar. ¿Vamos a tardar un tiempo? Sí, porque hay una situación mundial con los repuestos, que si usted hoy quiere reparar una máquina de generación los tiempos de entrega están por encima de un año», dijo. ¿Hay o no hay repuestos?
Independientemente de la respuesta, la única certeza es que, por ejemplo, en el Zulia, donde vive Norma Cañizales, «se me va la luz cinco horas en el día y cuatro horas por la noche». Aunque no siempre es así. No hay una misma hora y la razón la dio el mismo funcionario al asegurar que, aunque cada mañana calculan cuál es la energía necesaria, las averías que se presentan cada jornada les impiden establecer horarios fijos de cortes eléctricos.
«No es que técnicamente sea imposible. Estamos perseverando hasta lograr una precisión que satisfaga a la población», dijo Fernández, quien anunció la reactivación de tres unidades en Termozulia, «con un aporte de 450 megavatios» destinados únicamente para esa entidad.
Pero para Norma, los cortes eléctricos significan mucho más que no tener luz. «Con esta nueva ola de calor, uno no puede estar tranquilo porque hay mucha plaga. Cuando uno tiene luz, pone el ventilador o prende el airecito (acondicionado), pero si no, nos lleva el diablo. También como hay mucho problema por el gas, tengo cocina eléctrica, pero a veces no tengo gas y se va la luz, tengo que prender un pote con unos palos en el patio».
Para el Consejo Nacional del Comercio y los Servicios, el problema se evalúa con otros parámetros. Ha urgido a Corpoelec a publicar formalmente los cortes de energía, a fin de que los comerciantes puedan planificar sus jornadas laborales en función de los bloques de racionamiento y minimizar o evitar, en la medida de lo posible, las pérdidas en el sector productivo.
Pese a que desde Corpoelec aseguran que el plan contra apagones debería traducirse en mayor continuidad del servicio por la incorporación de nuevas unidades que sumarían 1.300 megavatios al sistema (además de «obras de transmisión, ampliación de subestaciones, sustitución de equipos y trabajos de mantenimiento»), el problema es que, mientras esas obras avanzan y las autoridades prometen cerrar la brecha entre generación y demanda, en buena parte del interior del país los apagones siguen formando parte de la rutina: horas sin electricidad, cultivos que no pueden regarse, comercios que no pueden planificar y familias que deben ingeniárselas para cocinar o soportar el calor.
Y ahora, con El Superniño como una presión adicional sobre el agua y la generación hidroeléctrica, la pregunta no es sólo cuándo estarán listas esas obras prometidas; es también si llegarán a tiempo para evitar que una vez restablecido, si es que se cumple, el sistema vuelva a quedar al límite.
https://talcualdigital.com/noticias/apagones-desatan-protestas/
03-10-2026


