Esta ceremonia fue presidida por Mons. Helizandro Terán, arzobispo Metropolitano de Mérida, le acompañaron varios sacerdotes, seminaristas y una masiva participación de fieles que llenó las naves centrales y laterales de la Catedral.
 
Mons. Helizandro Terán expresó en la homilía que, hoy nuestros templos están a su máxima capacidad porque es costumbre cristiana que recibamos la santa cruz hecha con la ceniza, insistió el arzobispo, que eso no basta, las cenizas no nos cambian, ni nos transforman, ni nos renuevan, ni nos hace buenos cristianos, ni nos salva, la ceniza es simplemente el signo exterior por el cual asumimos responsablemente que queremos cambiar nuestras vidas, que queremos convertirnos, que Jesús sea el centro de nuestras vidas, que podamos vivir de acuerdo al evangelio.
 
La ceniza, en sí misma, no produce ningún milagro, la ceniza no hace prodigios, la ceniza no es signo de bendición, para aquellos que creen que, por recibir la ceniza reciben algo mágico y poderoso que va a actuar en sus vidas.
 
Como arzobispo de Mérida, pidió a los fieles que se dejen reconciliar con Dios, que dejen que el espíritu les de vida, que dediquen tiempo a leer el evangelio y entrar en un diálogo profundo con el Señor, sólo el espíritu de Dios puede transformarnos.
 
Mons. Helizandro expresó que, no quiere que esta cuaresma que empieza, pase por debajo de la mesa, que sea una cuaresma más en la que recibimos la ceniza en la frente y no apareceremos sino hasta el domingo de ramos. No desaprovechemos el tiempo, aprovechemos cada minuto, cada segundo y cada hora de nuestras vidas para que el Señor pueda asemejarnos a Él, ese debe ser el trabajo a realizar durante esta cuaresma.
 
En este Año Santo, marcado por la virtud de la esperanza, hagamos un propósito firme de querer vivir como Jesús nos lo pide, confesándonos, comulgando y orando por el Santo Padre, sobre todo en estos momentos por su delicado estado de salud. Haciendo eso, en este templo jubilar, ganaremos la indulgencia plenaria que no es otra cosa que esa oración de todo el cuerpo místico de Cristo que ora por nosotros.
 
Finalmente, el arzobispo expresó que Cuaresma es cambio de vida, bienaventurados los hombres y mujeres que comprenden que cambiar de vida significa vivir en el amor y en la paz de Cristo.
 
Prensa ArquiMérida
05/03/25