Por: Germán Rodríguez Bustamante…
En tiempos de olimpiadas a realizarse en París del 26 de julio al 11 de agosto del año en curso, en la arena política venezolana aparecen estos últimos días de campaña electoral, unos atletas con muy poco entrenamiento y condiciones físicas y políticas deplorables. Las piruetas y saltos ejecutados por estos desvergonzados atletas, ahora declarados independientes, dejan boquiabiertos hasta nuestra Yulimar Rojas. A pesar que el refrán venezolano de salto de talanquera, se refiere a la manera como un actor particular pasa de valla en valla sin inmutarse, una cosa es un saltador y otra es un asaltador. Con toda seguridad para estos actores políticos sus implementos no serán, la pértiga, zapatillas especiales o dietas estrictas para mantener fenotipos, sino maletines, carpetas y listados de seguidores que acompañarán el asalto, perdón el salto.
Estos atletas por la falta de claridad ideológica y por una buena concepción de la idea política económica, realizan estos brincos, con la seguridad que del otro lado de la barda existirá una colchoneta financiera que suavizará la caída. También juegan un papel de gran importancia, la desorientación y el no ser consecuente con los principios democráticos. Falencias y odios que originan rompimientos profundos que conducen al salto. Es decir, un individuo que no es capaz de comprender la coyuntura presente y sus intereses económicos e inclusive de hasta de su egoísmo, prevalecen sobre el bien del país. Este tipo de saltador de talanquera tiene un límite de comprensión financiera que cuando es superada produce el brinco.
En este momento la coalición dominante intenta por todos los medios conseguir saltadores de talanquera, que se encuentren marcados por una condición de apoyo a algún grupo político, económico y social, para sumar fidelidades electorales. Obviamente muchos de estos atletas tienen un límite material, ya que posiblemente no arrastren ni a su familia en el brinco. Utilizan a la gente para encumbrarse y lograr posiciones coyunturales, sin liderazgo propio en consecuencia, la transferencia de apoyo en el salto es nula. El arte de saltar la talanquera entraña un cálculo milimétrico de la supervivencia política e incluso, muchas veces, de la física. No debe ser confundido con el rebote, que es su degradación, muy propio de personajes que no saltan sino brincan de un bando a otro sin la necesaria premeditación. Esos siempre serán despreciados por todos y nunca generarán confianza.
La física tiene un concepto extrapolable al del salto de talanquera, es el llamado momentum, una magnitud física fundamental de tipo vectorial que describe el movimiento de un cuerpo. El salto de talanquera es al final, más que un tema de ideología, convicción o conciencia, un simple cálculo matemático vectorial de la propia supervivencia. Tristemente en la Venezuela presente, la compra de conciencia es una acción desesperada del régimen para sostener el poder. La pobreza en la que se encuentra el país sumergido, también alcanzo a la clase política, por ello la posibilidad de asaltar al erario por la vía del brinco de bando es una tarea sencilla.
La realidad es que muy poco sumará la coalición dominante por estos nuevos atletas saltadores, por el contrario, el desprecio de la gente será mayor. Cada acción, treta o artimaña ejecutada fuera del ordenamiento ético, político y moral tendrá el rechazo de la sociedad. Las motivaciones de los saltadores son, desde luego, mucho menos fáciles de auscultar. De más está decir que no se puede tomar en serio sus argumentos, que asientan a que Maduro es garantía de paz. Por lo tanto, están puntualizando, tácita o expresamente, que si la oposición se vuelve gobierno sería un salto al vacío y un posible caos. Narrativa que sustenta las últimas ofertas de Maduro en plena campaña electoral, señalando que darse el triunfo de la oposición, como lo indican la mayoría de las encuestas mediamente serias, el país se convertirá en un desastre con consecuencias graves.
En esta justificación de los saltarines aparece el apoyo al autócrata, que por cualquier medio debe mantenerse en el poder. Él es el único que puede garantizar el futuro de la República, en consecuencia, la garantía de paz y su inmensa sabiduría no puede ser disputada. Triste papel de representantes del pueblo elegidos para resolver los problemas de su pueblo, y no para rendirse a los pies del caudillo. La incertidumbre sobre el desenlace del 28, alimenta escenarios conflictivos y reservas sobre el futuro de la nación, pero no justica el brinco a un bando que ha demostrado hasta el cansancio, su incapacidad, negligencia y manejo corrupto de los recursos públicos. El descontento es una realidad que recorre el país, en todos los sectores, estratos y clase. Coalición en el poder que tiene investigaciones en la corte penal internacional, con rankings patéticos en transparencia, competitividad, libertad, democracia y cualquier criterio utilizado para evaluar el desempeño de un gobierno, no puede ser garante de nada.
El cuento de la prosperidad colectiva no la creen ni los saltarines. Por ello no es descabellado pensar en incentivos económicos para el salto o hasta en ofertas que no se puede rechazar, por posibles represalias. Dando el beneficio de la duda el brinco puede tener ocultos temores fundados, que van desde inhabilitaciones hasta cárcel. Por otro lado, es posible que estos atletas estaban entrenando desde hace tiempo esperando el momentum para saltar. Lo cierto es que hay algunos personajes en la política venezolana que a pesar de las calamidades y dificultades que pasa la mayoría, no quieren que nada cambie y prefieren doblarse para no partirse. El asalto de talanquera es una acción digna de record olímpico.
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22-07-2024
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