Una mirada al impacto de un evento deportivo global en un contexto de represión en Argentina
En las calles argentinas, las multitudes se congregaban en un estallido de pasión y fervor. Era el año 1978 y el Mundial de Fútbol se alzaba como un destello de ilusión en medio de una dictadura atroz.
Pero detrás de los cantos de victoria y los colores nacionales que ondeaban con orgullo, se ocultaba una realidad más oscura.
Bajo el mando de Jorge Rafael Videla, la dictadura se aferraba al poder. Los centros clandestinos se llenaban de voces silenciadas, de aquellos que cuestionaban el régimen. En medio de este escenario político tenso, el Mundial de Fútbol se convertía en una herramienta de propaganda brillante que distraía la atención de la represión y la violencia que asolaba el país. Mientras el mundo se deleitaba con los goles y las hazañas deportivas, muchos argentinos vivían en una realidad marcada por el miedo y la opresión.
“El Mundial era un éxito en el seno de una sociedad “pacificada”. La ola de nacionalismo popular era inmensa. Las manifestaciones de alegría en los estadios y en las calles tras las victorias argentinas, que culminaron en el triunfo frente a Holanda ya en la final, fueron interpretadas por la Junta como el éxito de un proyecto nacional. El general Videla decía que el grito -Argentina, Argentina- y las millones de banderas en cada esquina eran signos de una nación recuperada, en la plenitud de su dignidad”, expresó Eduardo Archetti, antropólogo y sociólogo argentino, uno de los científicos sociales destacados de América Latina, en el artículo “El mundial de fútbol de 1978 en Argentina: victoria deportiva y derrota moral”, publicado en la revista Memoria y Civilización en el año 2004.
El régimen del terror en la Argentina de la Junta Militar
La junta militar estaba compuesta por Jorge Videla -quien presidió la misma-, Roberto Viola, Leopoldo Galtieri y Cristino Nicolaides, miembros del Ejército. También se sumaban Emilio Massera, Armando Lambruschini, Jorge Anaya y Rubén Franco, como miembros de la Armada; y por último, Orlando Agosti, Omar Graffigna, Basilio Lami Dozo y Augusto Hughes, quienes eran miembros de la fuerza aérea. Un total de 12 militares conformaban el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”.
Dicho proceso fue instaurado el 24 de marzo de 1976 -luego del derrocamiento del gobierno democrático peronista-, asumió el control y estableció un régimen caracterizado por su brutalidad y la flagrante violación de los derechos humanos. Miles de personas fueron víctimas de desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y torturas en centros clandestinos de detención, representando uno de los episodios más sombríos en la historia del país albiceleste.
“Desde 1976 se desarrolla en la Argentina, una de las dictaduras militares más fuertes que ha existido en América Latina, porque era una dictadura cuartel, mandaban los militares. Los jefes de las provincias eran los mismos militares y mandaba un alto mando militar. Cuando en ese momento mandaba Videla no era solo Videla, era un conjunto de militares donde estaba Massera y donde estaba Galtieri. Era un conjunto de militares que habían tomado el poder con la excusa de mantener el orden” explicó el doctor Claudio Briceño, profesor de la Escuela de Historia de la Universidad de Los Andes (ULA).
La junta siempre argumentó luchar contra las rebeliones, sin embargo, el control absoluto que ejerció el gobierno sobre la sociedad dejó una herida profunda en la nación argentina. Además, la población argentina pensó que la instauración de esta dictadura sería la solución a todas las problemáticas que enfrentaba el país en aquella época. Sin embargo, resultó siendo el peor y nefasto régimen en toda la historia de Argentina.
Durante este período; se cometieron crímenes de lesa humanidad, como las desapariciones forzadas, torturas, represiones, violencia psicológica, verbal y física en contra de los reclusos ubicados en los centros clandestinos de detención y tortura.
Cabe resaltar que la mayoría de reclusos y desaparecidos eran personas inocentes que solo por tener una ideología política diferente fueron detenidas; incluso, capturaron a personas ajenas a la política, simple población civil, convirtiéndose en víctimas de abuso de poder por parte de un gobierno sin escrúpulos.
Cuando el deporte se convierte en política, dictaduras y eventos deportivos
Con la llegada de Videla al poder, Argentina vivió un par de años muy difíciles por todas las violaciones de derechos humanos que ocurrían en el país; pero no fue hasta 1978 que Argentina tendría una sensación agridulce con lo que pasaba, ya que en ese año se celebraría la copa mundial de Fútbol, una copa que meses antes fue altamente criticada por países como Países Bajos y Francia, que pedían a las otras naciones en hacer un “boicot” como rechazo a tener un evento tan importante en un país bajo una dictadura tan retorcida.
Resulta ilógico e irreal que un país con una dictadura tan violenta, represiva e inhumana fuera seleccionado como la sede para un evento deportivo como lo fue el mundial de fútbol. Aprovechando esta decisión, la dictadura usó el mundial como una estrategia para limpiar su mala imagen a nivel internacional.
Este evento fue aprovechado por la dictadura con fines políticos. Este acto fue considerado por muchos periodistas y analíticos como “Sportwashing” (“lavado deportivo”), como lo define el periodista David Conn en el documental de Netflix “Los entresijos de la FIFA”: es el lavado de una imagen al ser asociada con el deporte. Esta palabra se usó por primera vez como referencia a las olimpiadas de 1936 en Berlín, bajo la dictadura de Adolf Hitler en Alemania.
Los Juegos Olímpicos de 1936 no solo fueron un evento deportivo mundial, sino que fueron usados por Hitler como propaganda nazi donde promovían una “Alemania nueva, fuerte y unida”, cuando la realidad era muy distinta, pues estaban sucediendo ataques hacia los judíos, gitanos y todo oponente político del nazismo.
Este caso tuvo uno similar, en el mundial de 1934 en Italia, bajo el poder de Benito Mussolini. Ambas dictaduras usaron los deportes como propaganda para embellecer y ocultar los atroces acontecimientos de sus respectivas dictaduras.
Sin embargo, en los tres casos, los países anfitriones, Alemania, Italia y Argentina, habían sido elegidos con 2 años o más de antelación por los comités de ambas disciplinas (los juegos olímpicos y la FIFA). Muchos países reclamaron y estuvieron en contra de esas decisiones, porque estos países estaban bajo regímenes dictatoriales con mucha violencia y represión en contra de la población civil.
“La utilización del deporte con fines propagandísticos por parte de gobiernos de tipo autoritario/fascista, como fue esa dictadura, no es nueva”, expresó el profesor argentino Alejandro Simonoff, quien es doctor en relaciones internacionales.
En la tarde del 1 de junio de 1978, el Estadio Monumental de Buenos Aires se engalanó con los colores vibrantes de las banderas nacionales y una multitud expectante que llenaba sus gradas. La ocasión era la ceremonia de inauguración de la Copa Mundial de la FIFA, un evento que, a pesar de su pompa y circunstancia, se desenvolvió en medio de las tensiones palpables de un país inmerso en una crisis política y económica profunda.
La atmósfera en el estadio era un crisol de emociones. A medida que las delegaciones de los equipos desfilaban con sus uniformes resplandecientes, la multitud expresaba su entusiasmo con aplausos, pero también se podía percibir una sombra de duda en muchos rostros. Argentina, en ese momento, estaba bajo el gobierno de la Junta Militar, y la elección de ser anfitriona del torneo más grande del fútbol mundial generaba interrogantes y miradas críticas.
La música y la danza intentaban crear un ambiente festivo, pero se enfrentaban a la realidad de una nación dividida. Las notas alegres se mezclaban con el murmullo de la preocupación política que flotaba en el aire. La elección de proyectar una imagen de unidad y celebración chocaba con las manifestaciones callejeras y la agitación social que experimentaba el país.
El desfile de las delegaciones, acompañado por la música folklórica argentina, buscaba resaltar la diversidad cultural, pero también recordaba la complejidad y riqueza de una nación en conflicto. La llama olímpica, encendida con pompa, trataba de simbolizar la esperanza y la paz, pero su luz se veía empañada por las sombras de la inestabilidad política.
Detrás de la fachada de la celebración deportiva, se vislumbraba una Argentina quebrada. Los debates sobre la pertinencia de llevar a cabo un evento de esta magnitud en medio de la crisis política eran evidentes. El estadio, lleno de espectadores, era testigo de una dualidad: la euforia del fútbol contrastaba con la preocupación y la incertidumbre que se vivían en las calles.
Las dos caras de la percepción del Mundial
“El Mundial le da un respiro a la junta, porque comienzan a vender a Argentina como un gran país. Hay todo un cuestionamiento en el Mundial en todos los sentidos”, expresó el profesor Briceño.
“Es evidente que la dictadura que ascendió al poder en 1976, con Videla a la cabeza, encontró en la realización del Mundial una oportunidad para al menos lograr generar un efecto distractivo y un efecto de cohesión en la sociedad argentina. Es un hecho que de alguna manera, encontró que el Mundial era una ocasión para mostrar a una Argentina moderna, cohesionada y triunfadora”, expresó Rafael Cuevas, profesor de la Escuela de Historia de la ULA y aficionado al fútbol.
La dictadura buscó aprovechar esta coyuntura para favorecerse, no para decir que el Mundial se realizó gracias a la dictadura, sino para ocultar la oscura realidad de la Argentina de aquella época.
“Creo que la percepción a la dictadura le salió mal, porque dio mayor visibilidad a los reclamos por cuestiones referidas a los derechos humanos. Incluso teniendo en cuenta actos que en el mismo deporte pasaba, como, por ejemplo, jugadores de la selección de Holanda que no participaron del mundial como una forma de rechazo”, expresó Simonoff.
“Hay que entender que el fútbol da una cohesión nacional y los militares supieron manipular ese sentimiento nacional construyendo estadios y siendo la sede del mundial, es decir, desarrollando esa percepción, que fue mucho lo que pasó ahorita en el mundial de Qatar, donde también murieron muchas personas haciendo los estadios. Entonces, se esconde todo ese autoritarismo y toda esa pobreza que existe en una ciudad como Buenos Aires. Siempre se ha manipulado eso y siempre se manipulan los deportes hacia el sentimiento nacional y ellos supieron utilizar esa forma como una válvula de escape a toda la percepción real de la economía y de esa percepción violenta que generaba la dictadura en su conjunto para los argentinos”, expresó Briceño.
“El famoso grupo de los Montoneros, que es un grupo guerrillero de izquierda, uno de los principales opositores a la dictadura militar, inclusive se manifestó a favor de la realización del Mundial. La realización del Mundial era una oportunidad dorada para que se pudiera protestar, para que se pudiera llamar la atención del mundo sobre lo que pasaba en la Argentina. Algo similar hicieron las Madres de la Plaza de Mayo, que durante todo el Mundial estuvieron realizando su tradicional actividad de protesta, con sus pañuelos en la cabeza, en el lugar que les dan nombre, cerca de la plaza. Inclusive los sectores que se oponían a la propia dictadura encontraron en la realización del Mundial una ventana para llevar adelante su protesta contra el gobierno”, comentó Cuevas.
También hubo países que formaron parte de este boicot, tales como Francia y Países Bajos, que fueron críticos de la realización del mundial en Argentina por todas las atrocidades que se estaban viviendo. Realizaron propagandas en contra de la junta militar, comunicados hacia el ente mayor en el mundo del fútbol y, aún así, la FIFA no acató estas acusaciones.
“La idea de contrarrestar esa campaña, que buscaba develar las violaciones de Derechos Humanos en la Argentina le salió mal, porque incluso al año siguiente va a tener que también enfrentar ya no solamente cuestiones de personas individuales, sino también del propio comité interamericano de Derechos Humanos. La comunidad internacional reaccionó de una buena manera, ya que permitió conocer en realidad lo que en la Argentina estaba sucediendo y que la dictadura trataba de ocultar”, agregó Simonoff.
El pacto entre selecciones, Argentina y Perú
También durante el mundial se habla de una manipulación en el último partido del grupo, donde argentinos y brasileños tenían una diferencia solo en goles, Argentina se enfrentaba contra Perú y la selección de Brasil se enfrentaba contra la de Polonia. Ambos encuentros estaban programados a la misma hora, pero la organización pospuso el partido de Argentina para que estos solo esperasen el resultado de Brasil y así salir a jugar de una forma o de otra. Brasil ganaba a Polonia 3 a 1, poniendo a Argentina en una situación muy crítica si quería avanzar de ronda, ya que debía ganar a Perú por una diferencia de 4 goles.
El partido se prestaba a la suspicacia, con el argentino Quiroga en el arco peruano y con la entrada de Videla al vestuario peruano antes de comenzar el partido.
“La selección peruana sorprendió a los argentinos en el primer minuto del partido, pero por desgracia para ellos el remate se estrellaba en el poste, luego de este repentino ataque la selección albiceleste empezó a actuar y los goles empezaron a caer, hasta llegar a un sorpresivo 6 a 0 a favor de los locales. Este resultado molestó a los brasileños y acusaron a los anfitriones de manipular el partido; además, luego se supo que el gobierno de Perú recibió una donación de miles de toneladas de trigo por parte del gobierno de Argentina y también que Rodulfo Manzo -jugador peruano-,defensor suplente, no tuvo un buen partido esa noche, luego fue fichado por Vélez Sarsfield (equipo argentino)”, aclaró José Manuel Martin en Memorias del futbol en YouTube.
La oscuridad vivida fuera del estadio
Durante el Mundial ocurrieron muchas violaciones a los derechos humanos. Una de las que más resaltó fue la detención y desaparición forzada de muchos civiles, llevándolos a los centros clandestinos ubicados por todo Buenos Aires, donde los torturaban y desaparecían.
La Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) funcionó como el centro clandestino de tortura y exterminio con más renombre. Allí se mantuvieron recluidas a más de 5.000 personas, en particular niños, mujeres y hombres, entre ellos embarazadas, adultos mayores y extranjeros.
“Desde el año 77’ los secuestrados en la ESMA fueron obligados a realizar trabajo forzado para el Mundial. Este trabajo incluyó traducciones, realización de campañas a favor de la dictadura y coberturas periodísticas.
A poco más de diez cuadras del estadio donde se iniciaba el campeonato del mundo, los secuestrados de este centro clandestino escucharon la celebración entre tormentos, grilletes y capuchas, pero también encontraron ciertas líneas de fuga que les devolvieron momentos de humanidad.
Durante ese período, el Grupo de Tareas puso en marcha una enorme arquitectura de propaganda y producción de documentos fraguados, abastecida con mano de obra forzada de los prisioneros, que así se convertían en el lado impensado del campeonato del mundo.
El Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto dependía de la Armada argentina. A mediados de 1977, creó la Dirección de Prensa y Difusión y el Centro Piloto de París para revertir la imagen argentina ante la proximidad del torneo. Un grupo de prisioneros comenzó a realizar diversas tareas para esas estructuras, desde diseños de encuestas, producción audiovisual, traducciones y análisis de prensa.
Esa rara vida en la ESMA fue una de las singularidades de este campo, y en numerosas ocasiones logró burlar el horror hasta atenuar la presencia del miedo” palabras de la prensa del Museo Sitio de Memoria de la ESMA, en su canal de YouTube del vídeo titulado “Muestra Temporaria: La ESMA en la organización del Mundial 78”.
El Mundial del 78’ es comparable con los eventos de escala mundial de esta década, como lo fueron el Mundial de 2018 en Rusia y el Mundial de 2022 en Qatar. Rusia, un país duramente criticado por sus violaciones a los derechos humanos y por la inexistencia de la libertad de expresión, se postula al mundial con el propósito de mostrar un lado diferente de su país. Además de lograr ser elegido como sede del mundial 2018, con la presidencia de la FIFA, liderada por Joseph Blatter y Michel Platini que luego fue acusada por lavado de dinero, corrupción y soborno.
El Mundial de Fútbol, que comenzó el 14 de junio de 2018, tuvo lugar durante la peor crisis de derechos humanos en Rusia desde la era soviética, dijo Human Rights Watch.
También el Mundial Qatar 2022 tiene su similitud, pero ahora enfocado en las discriminaciones y los abusos que ocurrieron antes del mundial, ya que el país árabe quería importar la cultura del fútbol a un país donde no se vivía con pasión este deporte. Qatar fue acusado de violentar los derechos humanos, utilizar esclavos en las construcciones de los estadios y ocultar los miles de muertos, en su mayoría inmigrantes, a causa de los trabajos forzosos. Aun así, el país obtiene el premio como sede, casualmente bajo la presidencia de la FIFA, liderada por Blatter y Platini acusados de corrupción.
Tres mundiales con objetivos comunes; querer demostrar ser países donde se respetan los derechos humanos, las personas no son abusadas y donde los problemas sociales y económicos parecieran no existir.
Este contraste entre los mundiales de 1978, 2018 y del de 2022 nos recuerda que el fútbol no solo es un juego en la cancha, sino un espejo que refleja las realidades de su tiempo. A medida que avanzamos hacia el futuro, la esperanza es que eventos deportivos tan magnos no solo sean plataformas de competencia, sino también de justicia, transparencia y cambio social. La sombra del pasado puede disiparse con la luz de la conciencia colectiva, construyendo un camino donde la belleza del fútbol se entrelace con los valores que sustentan una sociedad justa y equitativa.
Redactores
Darianna Peña,
Pedro Rondón.
Tercer lugar del Premio Estudiantil de Periodismo de investigación «Juan Manuel Fernandez», ediciòn año 2023 3er lugar Menciòn Reportaje de Investigaciòn



