Beatificación de Albino Luciani – Juan Pablo I. El Papa de la sonrisa de Dios

Por Ricardo R. Contreras…

Este domingo 4 de septiembre la Plaza de San Pedro en Roma se vistió con sus máximas galas para la beatificación de Albino Luciani, el papa que adoptó el nombre de Juan Pablo I. El Pontífice era de origen humilde, nació el 17 de octubre de 1912 en Forno di Canale (Canale d’Agordo), un pueblecito en medio de los Alpes italianos, en la localidad y municipio de Belluno, región del Véneto, al norte de Italia. El papa Luciani conoció la pobreza, la incertidumbre y los rigores de dos guerras mundiales, y de la pandemia de 1918. En 1923, con doce años, ingresó al Seminario Menor de Feltre, y en 1928, con dieciséis años, inició sus estudios en el Seminario Gregoriano de Belluno. Durante su época de seminarista demostró una notable inteligencia, una memoria prodigiosa y una intensa espiritualidad. Su ordenación sacerdotal ocurrió el 7 de julio de 1935, y comenzó una vida plena en el amor a Dios y al servicio de todas aquellas personas que necesitaban la palabra y las manos de un sacerdote. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma hizo sus estudios superiores y obtuvo el doctorado el 27 de febrero de 1947. Las virtudes de un sacerdocio vivido a plenitud le ganaron la aprobación de sus superiores y del papa Juan XXIII, que lo consagró obispo el 27 de diciembre de 1958, confiándole la Diócesis de Vittorio Veneto, una localidad cercana a su pueblo natal. En esta comunidad demostró con creces la capacidad de ejercer con devoción y entrega el ministerio episcopal, algo que no pasó desapercibido en Roma, donde sus cualidades personales, especialmente su humildad, ya eran reconocidas. Mons. Albino Luciani tuvo la oportunidad de participar como padre conciliar en el Concilio Vaticano II (1962-1965), y se convirtió en testigo presencial del espíritu de ‘aggiornamento’ impulsado por san Juan XXIII. En 1969 se produce el fallecimiento del cardenal patriarca de Venecia Giovanni Urbani, y comenzó la delicada misión de escoger un sucesor para la cátedra de San Marcos, una sede episcopal que había sido ocupada por dos santos y pontífices, Giuseppe Sarto, papa san Pio X, y Angelo Roncalli, papa san Juan XXIII. Finalmente, tomando en cuenta su experiencia, talento intelectual y santidad de vida, fue escogido por el papa san Pablo VI y consagrado el 15 de diciembre de 1969 como nuevo Patriarca de Venecia. El hombre que había escogido como lema episcopal la ‘humildad’ fue elevado a la dignidad cardenalicia el 5 de marzo de 1973, recibiendo toda la confianza del papa san Pablo VI.

Como se puede apreciar, Albino Luciani, a pesar de que no buscaba promociones o vanaglorias, destacaba por una vida ejemplarizante, por su humildad y sencillez, y una característica muy singular, su particular y afable sonrisa, aspectos responsables de que hacia él se dirigiera la mirada de muchas personas que veían en aquel hombre la presencia de Dios.

Los años seguían pasando, el pontificado del papa Montini estaba llegando a su ocaso, y el 6 de agosto de 1978 el papa S. Pablo VI fallecía en Roma dejando una honda huella en la Iglesia. En ese mismo momento se activaron los precisos y delicados procedimientos para la sucesión apostólica, que tiene su máxima expresión en el Cónclave de cardenales. Se necesitaron únicamente cuatro votaciones, y el 26 de agosto de 1978 la ‘fumata bianca’ salió de la chimenea de la Capilla Sixtina como signo visible de que la Santa Sede tenía un nuevo sucesor en la persona de Albino Luciani.

El nuevo Pontífice comenzaba a destacar desde el inicio de su pontificado, pues por primera vez el sucesor de S. Pedro escogía dos nombres: Juan Pablo I. La expectativa era muy grande, pero los arcanos divinos son inescrutables, con apenas treinta y tres días de pontificado, la noche del jueves 28 de septiembre de 1978, Albino Luciani entregó su alma al Creador, falleciendo por causas naturales en sus aposentos del Palacio Apostólico. Muchas especulaciones se generaron entorno a la muerte de Juan Pablo I, pero con el tiempo y las investigaciones serias y confiables de los expertos, entre ellos el Dr. Marco Roncalli, reconocido historiador y vaticanista, o la Dra. Stefania Falasca, vicepresidenta de la Fundación Vaticana Juan Pablo I, han permitido confirmar lo que el Vaticano afirmó desde el principio, que el fallecimiento se produjo por causas naturales como consecuencia de un problema cardiovascular.

Lo importante ahora es que el papa Luciani, el venerable Juan Pablo I, esta inscrito en la lista de los beatos, y es un gran intercesor como se puso de manifiesto en el milagro obrado en el caso de la niña de origen argentino Candela Giarda, cuya curación milagrosa fue oficialmente reconocida por el Vaticano como obra de su intercesión.

La beatificación de Juan Pablo I abre una puerta para la reflexión de su vida y de su obra intelectual, pues hay mucho por estudiar y conocer acerca del Papa de la sonrisa de Dios.

Por: Ricardo R. Contreras