Por: Andrés Mora Márquez…
“Le damos al 2018 la más cordial bienvenida a nuestro acostumbrado conciliábulo de años viejos”, anuncia 2017 que, a horas de convertirse en el próximo año viejo, funge como anfitrión de esta junta de viejos años, al que fue invitado, rompiendo con la tradición y como una deferencia de aquellos que ya son historia, el nuevo año. “Gracias por aceptar esta inusual invitación que te hemos hecho con la finalidad de hacerte saber que cuentas con nuestro apoyo incondicional desde el mismo momento en que oficialmente me sustituyas”, expresa con regocijo 2017 pese a la abrupta interrupción sufrida cuando conversaba animadamente con 1980 acerca del fallido zapatero Magallanero a los Leones en esta temporada, el cual buscaba exorcizar los demonios de aquellas 14 derrotas consecutivas infligidas por los capitalinos a la nave turca en la zafra 1979-80.
“Conocemos la difícil situación en que encontrarás al país, sumido en la más grave crisis moral jamás vivida en esta tierra que, con la llegada de la corrupción roja-rojita, más nunca fue de gracia”, señala 1993. “¡Ha provocado un espantoso genocidio!”, añade con estupor refiriéndose a la cantidad de víctimas fatales que, por la falta de comida y medicinas, a diario suma el grotesco flagelo desatado desde el inicio mismo de la inescrupulosa aventura denominada «Revolución Bolivariana». “¡Son 300 mil millones de dólares malversados durante el «proceso»!”, exclama con indignación, y recordando lo denunciado públicamente por disidentes del oficialismo, el pertinaz 1993, año catapultado inesperadamente a la notoriedad mundial cuando Carlos Andrés Pérez, el 21/05, fue despojado de su envestidura presidencial y condenado el 30 de mayo a veintiocho meses de prisión domiciliaria por «malversación agravada de fondos públicos». ¿La razón? Aquellos célebres 250 millones de Bolívares pertenecientes a una partida secreta del Ministerio de Relaciones Interiores. ¿Qué condena merecerían entonces los responsables del descomunal asalto revolucionario al erario público que mantiene al país en la carraplana?
“Además, con una democracia en coma profundo al instaurarse el actual gobierno de facto con la imposición de la írrita ANC”, comenta 1992. “La anhelada dictadura, el objetivo soñado tras las cruentas intentonas del 4F y 27N, al fin fue alcanzado”, añade el año que, en carne propia, vivió los dos sangrientos levantamientos militares cuyos protagonistas, blandiendo hipócritamente las banderas anti-corrupción, serían, lamentablemente, llevados en hombros a Miraflores tiempo después, por los artífices de la antipolítica. Personajes que hoy en día, suponemos, reconocerán con amargura la magnitud de su estupidez.
“Y vuelto añicos, en el medio de ambas crisis, yacen los derechos humanos”, comenta, apenado y cabizbajo, 1948, el invitado de mayor edad entre los asistentes. Año en que Venezuela suscribió, junto a otras 47 naciones, de las 58 que conformaban la ONU de entonces, la «Declaración Universal de los Derechos Humanos». “La escasez de alimentos y medicinas provocada por la corrupción contraviene el artículo 25 de la Declaración en sus numerales: 1) «Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios», y 2) «La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales». Uno y otro son infringidos flagrantemente también cuando la adquisición de medicamentos, comida, y hasta los juguetes navideños que regala Nicolás, depende de portar el fascistoide «carnet de la patria»”, añade el veterano año que hace una pequeña pausa para beber un sorbo de la refrescante «agua panela con limón», bebida que, ante las exiguas finanzas existentes, fue por la que se decantó el Comité Organizador del ágape. “Y, por si fuera poco, de abril a julio vivimos el horror de esta dictadura que, con su represión desmedida, trasgredió de manera reiterada los artículos: 3ero) « Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona», que dejó más de 100 fallecidos, 4to) « Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes», 9no) «Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado», y 18vo) « Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión», con saldo de 12.013 detenciones por razones políticas desde 2014. Transgresiones que convergen con el quebrantamiento cotidiano del artículo 19no) «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión»”, explica el viejo erudito.
“Pero adosada a esas, tenemos la atroz crisis económica”, interviene 2016, año en donde Venezuela, según cifras oficiales, registró una contracción de su economía de 16,5% y una inflación de 274,4%.
“Y, ante la inacción de la dictadura, este año hizo su aparición la aterradora hiperinflación”, señala en tono grave 2017 – considerado por unanimidad entre los presentes, el año de peor desempeño deportivo de alta competencia, económico, social y democrático de Venezuela en casi 60 años – al tiempo que la voz del recordado Néstor Zavarce inunda el ambiente:
♫ Faltan cinco pa’ las doce
el año va a terminar
me voy corriendo a mi casa
a abrazar a mi mamá ♫
Momento propicio para que el naciente 2018 eleve su mirada al cielo y pida porque sea el año de paz, esperanza y cambio que el país honesto, bregador y democrático ambiciona. ¡Amén!
(٭) Prof. Titular jubilado ULA – Cronista deportivo
aemora@gmail.com, @amoramarquez


