Por: Valentín Ladra…
Conocemos los hechos malignos del hombre, pero ¿de dónde proviene ese Mal que los conduce a la destrucción de su misma especie?
Hoy, padecemos toda forma de maldad en Venezuela, más allá de todo lo negativo que sucede actualmente, y desde siempre, en la Tierra. No vamos a repetir lo que ya todo el mundo conoce porque es llover sobre mojado y no tiene sentido. Allá los incautos que aun creen que “todo está bien”, como si estuvieran permeados de adversidades e inmunes a ellas.
Pero, ¿de dónde viene la Maldad en si misma? ¿La indiferencia ante los sufrimientos ajenos? ¿Ignorar lo que esos mal llamados “seres humanos” producen a sus mismos congéneres?
Lo peor que puede hacer una persona es tratar de ignorar la existencia de lo negativo, de la destrucción: “el Mal y el Bien es algo relativo”, me dijo cierta vez un amigo cuando estábamos filosofando en un cafetín en Sabana Grande en Caracas. Discrepé totalmente con él.
Veamos. Comencemos con la expulsión bíblica de Adán y Eva. Siempre me pregunté por qué esa divinidad suprema religiosa llamada “Dios” no los perdonó, cuando tenía toda la potestad para poder espiritualmente hacerlo. Cierto es que la Biblia tiene muchas lecturas, de toda índole, pero imaginen que al no perdonarlos y dejar que vagaran por el mundo, buscando sustento y su identidad, nacieron de ellos varios hijos, como los primogénitos Caín, el mayor, y su hermano Abel, el menor.
Cuenta la Biblia que Caín, por alguna extraña razón, envidia o un arrebato de ira, con un mazazo de la quijada de un carnero le hundió la cabeza a su buenazo de Abel.
Aquí tenemos varias lecturas. La mayoría de la gente sólo ve el hecho pero no razona del cómo, porqués y consecuencias para la humanidad futura.
Primero: ¿cómo puede haber un gen, emoción o espíritu negativo implantado en la vida de un ser como Caín, si fue creado por Adán y Eva y ellos por “Dios”, que los hizo a su “imagen y semejanza”?
Algo no concuerda pues el Creador, Omnipotente, Bondad y Luz del Universo, no pudo implantar el Mal que culminó en el asesinato de su “nieto Abel”. ¿O sí? El endilgado Pecado Original actuó cuando Adán y Eva fueron tentados y perdieron la inocencia. Significa que no eran perfectos. Pero, he aquí la gran pregunta: ¿Cómo algo supuestamente perfecto –Dios- pudo haber errado al crear algo imperfecto? No tiene sentido.
Segundo: Caín, luego de asesinar a su hermano, no fue culpado. Más bien perdonado, pues tuvo muchos hijos que se esparcieron por el mundo. Es decir, la Maldad siguió su curso. Es creencia que sus restos mortales, y de allí la dispersión negativa, yacen en algún sitio desconocido –eso se cree- en Kabul, capital de Afganistán. Un país que jamás ha tenido paz en su existencia, siendo centro de cultivo de la amapola, de donde se extrae el opio.
Invasiones tras invasiones. En la era moderna vemos como la otrora Unión Soviética tuvo que abandonar Afganistán luego de ocuparla durante diez años. Ahora, las fuerzas norteamericanas. Cuna de guerrilleros, terroristas de exportación, talibanes, tribus combatiendo entre sí.
El legado de Caín. No fue condenado por su atroz asesinato, algo inverosímil, sino más bien perdonado. ¿Cómo sería juzgado hoy día en cualquier corte del mundo?
O toda esta historia es una simple alegoría.
Tercero: si el Mal se encuentra en los genes humanos, algo erróneo sucedió al ser creada la vida, donde todo el mundo mata a todo el mundo, tanto los insectos, aves de rapiña, animales, y peces.
Cuarto: existe otra singular teoría. De que fuimos creados por seres provenientes del espacio exterior, “a su imagen y semejanza”, lo que también significa que esa misma energía dualista está imbuida en todo lo que existe en el planeta Tierra. Descabellado. ¿O no?
Quinto: a través de la historia terrestre vemos una parafernalia de destrucciones y crueldades sin par. Los monjes cristianos medievales afirmaban –lean bien- que “no Dios sino era el Diablo -¿quién es?-que había creado el mundo”.
Se debe ver la realidad de todo lo que acontece, no sólo a nivel comunidad, país o mundo, sino también en los lugares de trabajo, en amistades, relaciones sentimentales y hasta las mismas familias. Es también chocante ver que entre algunos hermanos siempre hay rencores y hasta enemistades.
Hoy, esta energía cruel y destructora del Mal debemos reconocerla como tal. Ignorar su existencia es continuar los padecimientos. ¿Cómo combatirla? Acto de conciencia y buscar la Luz espiritual dentro del corazón, mente y espíritu de cada uno. No esperar sólo respuestas a sus cartas al cielo.
“El Mal se propaga como reguero de pólvora cuando el Bien no hace nada o duerme el sueño de los justos”.


