La sangre de Caín sigue alimentando a la progenie humana
Recuerdo el excelente film “2001 Odisea del Espacio” del afamado cineasta Stanley Kubrick a principios de los años setenta, donde en una espectacular y osada escena inicial unos primates –posiblemente homínidos- agrupados en un sitio rocoso descubren el fuego, y desde allí comienzan a pelearse entre sí por la tenencia del poder de las noveles llamas.
Y si a ello aunamos el porrazo mortal dispensado, sea por envidia o por el ansia de poseer la tierra y sus frutos de Caín a su más agraciado, según la “Santa” Biblia en el Antiguo Testamento, hermano Abel, de tal singular versión su sangre o código genético negativo fue legado desde el “Paraíso Terrenal” y se dispersó por el planeta Tierra.
Caín no fue castigado por la divinidad ni por sus mitológicos padres Adán y Eva, y su progenie -¿maldita?- se desparramó por el mundo. Se afirma que sus milenarios huesos fueron a parar a Kabul, la capital de Afganistán -por ende los conflictos y guerras eternas en ese país, el que más produce las amapolas para la fabricación del opio mundial- y que en algún lugar se encontraría su nefasta tumba.
¿Qué podemos dilucidar de estas dos escenas? Que nuestra humanidad, salvo hombres y mujeres de Bien, santos, mártires, creadores y genios que ayudan al bienestar, personas preocupadas por erradicar males malignos y benignos, se desarrolló no tanto con la luz celestial sino con la oscuridad de la destrucción del hombre por el hombre.
Por más vueltas que se den, por más intentos para elaborar alguna forma de equilibrio en la justicia, la paz y poder de alguna manera, aunque fuere por trompicones, alcanzar ciertas formas de felicidad, no se ha logrado hasta ahora en el mundo. Y ya han pasado más de 6.000 años.
Si analizamos las guerras, conflictos, invasiones cruentas, tiranías y dictadores que han oprimido, esclavizado a pueblos, familias y naciones, la lista sería tan larga a través de la historia y con el renacer de las barbaridades actuales, que posiblemente inundarían las bibliotecas del mundo.
Vargas Llosa, laureado escritor peruano, señaló hace pocos años en un muy difundido artículo sobre la actual humanidad, y dijo algo así, palabras más palabras menos: “…La vida en la actualidad va por un rumbo donde todo se descarrila, ya que se impone el entretenimiento vacío y fatuo, nebulizador de mentes que conducen a la vacuidad y apatía pusilánime donde la inteligencia brilla por su ausencia, al desarrollo evolutivo humano”.
Esto es alarmante. Cierta música actual es otra supuestamente inocente arma de melodías vacías, donde impera el ritmo pueril y letras degradantes que aniquila sentimientos y sensibilidades, aturdiendo a la mayoría de jóvenes. Los gobernantes del mundo cada vez más adolecen de la necesaria inteligencia y actitud para poder dar armonía y bienestar a sus pobladores. Además, los poderes económicos –y poderosas mafias florecientes-, las desmedidas ansias de poder que promueven hambrunas y terror con tal de lograr sus nefastos fines, son los nuevos dioses que sacrifican en negros altares la decencia y esperanza.
Nuestro país es parte de ese fatídico rompecabezas. Hace muchos años la mira de no muy santos países del mundo tienen puestos sus ojos sobre nuestra riqueza e importancia en la estrategia política nefasta y geográfica. Los cubanos son títeres del “otro imperio poderoso”, de Rusia. China, con su paciencia legendaria, ve como Venezuela se adeuda cada vez más y más y se relame sus labios amarillos. Irán, con sus miles de acólitos fundamentalistas ya afianzados en nuestro país, prosigue su mal llamada ideología esparciendo sus tenazas hacia Latinoamérica. ¿Embajada de Corea del Norte entre nosotros? Por qué no, que vengan todos los que odian, que ambicionan poderes oscuros y así sembrar venganzas, para terminar de destrozar y desangrar nuestro hermoso país, alimentando egos de irrisoria grandeza, que no se ajusta al clamor de libertad de este siglo XXI.
Mientras tanto, nuestras voces claman al Altísimo encarnado en el Vaticano. ¿Nos escuchan o hacen la mímica? Existen tantos intereses en juego que al habitante, sea cual sea su estado social o profesional, que lo parta un rayo. Total, en la era estalinista más de 6 millones de rusos murieron por hambre, al igual que con el nefasto Pol Pot en Camboya. En Namibia, Yemen, en la Africa actual, ni hablemos del desastre humanitario. Abriendo las páginas sangrientas de las últimas décadas millones de almas fueron sacrificadas en aras del poder irracional y sus estrategias de destrucción, que hasta se podría decir masiva.
Está bien, ¿cuáles son entonces las respuestas para encontrar soluciones? E ahí el dilema. Desde el siglo pasado dos elementos, a cada cual más destructivos, han azotado la humanidad; hoy, la hipocresía comunista, aunada a las poderosas mafias del narcotráfico que operan en la oscuridad detrás de las bambalinas, convertidos en vampiros sociales. Es el arma predilecta de los mal llamados “revolucionarios” lava cerebros.
Nuestro país es el moderno Titanic zozobrando, presto a hundirse en gélidas aguas. Pero que nadie abandone este barco. Más temprano que tarde se disipará la oscuridad y la justicia prevalecerá. Vienen muchas sorpresas. Es el vaticinio de los dioses celestiales, que como héroes olímpicos encarnados en la inteligencia humana, traerán finalmente la paz y justicia.
< valikvalik@hotmail.com > 26.9.2017


