Por: Valentín Alejandro Ladra
Conversando con varias personas quienes en forma paciente y estoica hacían la cola para el cajero electrónico del banco, pude palpar emociones y sentimientos a cuales más vívidos y encontrados.
Mi buen humor y férreo optimismo me hace llegar siempre a buen puerto entre olas tormentosas y vaivenes de corrientes que a veces buscan con denuedo zozobrar el bote dentro del cual remo sin parar, buscando horizontes de aguas tranquilas.
Una señora, bien vestida, hablaba sin parar con voz casi frenética dentro del pequeño círculo de personas, jóvenes y no tanto, despotricando contra ello y aquello. Un señor de origen francés, mayor, profesor de idiomas, cuando no daba vueltas por el centro comercial como si buscara consuelo de la hora y veinte minutos que nos llevó alcanzar nuestro “Arturito” electrónico, esperando que aun tuviera dinero, bueno, es un decir, porque pareciera que somos náufragos del infortunio, a veces se detenía y conversaba conmigo sobre las glorias de Francia y con otras señoras.
Una estudiante de unos 19 años, de pequeña estatura, nos reveló que finalizaba el bachillerato, a lo que el señor francés le preguntó que iba a estudiar después de graduarse. Sonriendo contestó que le gustaban muchos los idiomas. Le recomendé primero que nada el inglés y luego el francés, y si aun tenía ganas y tiempo el chino.
Es curioso como las personas hacen una pasajera amistad y se abren a veces a sus mentes y sentimientos. Todos los que hemos sufrido las colas de alguna u otra manera, si no se cierran o esconden sus pensamientos, como modernos glaciares que los acontecimientos políticos que no climáticos están derritiendo de manera vertiginosa, en esos interminables minutos de desazón y tesón al mismo tiempo puede renacer en algunos alguna forma de esperanza a través de la simpatía, cordialidad y hasta el buen humor.
Y eso es ventajosamente contagioso.
Aquí me permito, una vez más, narrarles algunos fragmentos de un libro que me fue publicado hace mucho tiempo: “El Éxito a Través de una Mente Positiva” de editorial Panapo, Caracas 1991, que ya tiene sus páginas amarillentas por el tiempo: “Un minuto parece una eternidad, pero dentro de nuestro consciente toda la eternidad puede ser percibida dentro en menos de un minuto”.
Y continúo en la página 93: “Aunque la historia de la Tierra es como gotas de lluvia, sus habitantes son incapaces de controlar su propio destino –tal como hoy acontece en nuestras tierras- y nos preguntamos si ya la humanidad ha alcanzado la madurez, si ya su etapa de desarrollo le permite alcanzar la felicidad y la paz que la mayoría de las veces se le ha negado”.
En la página anterior, 92, la señora Lorle Jaumotte, campeona de esquí a mediados del siglo pasado, de origen rumano, que pasó un tiempo en la cárcel con el régimen comunista y muchas penurias durante la atroz Segunda Guerra Mundial, quien los domingos reunía a sus coterráneos y artistas en interesantes tertulias donde siempre me invitaba allí en su casa en la Campiña en Caracas, me comentó parte de su vida y de cómo pudo sobrevivir tantos dramas, y así lo narré en mi libro: “tener fe y la mente positiva es de extrema importancia para todos. Sin ello estamos casi muertos”.
Su fortaleza de espíritu la convirtió en un ser humano ejemplar ante las adversidades y dolores sufridos. Algo que hoy día debemos tener muy en cuenta a nivel personal y familiar, y siguió diciendo: “…creo haber encontrado muchos positivos valores que este mundo puede ofrecernos, como el amor puro y verdadero, amistad y sinceridad, una bellísima familia… Aprecio todo lo que he podido hacer en mi vida, más allá de las vicisitudes, y sigo haciéndolo –falleció hace años de un cáncer de páncreas fulminante, pero cuando iba a verla postrada en la cama en casa de su hija en Valle Arriba, no dejaba de sonreír y hablaba de sus pinturas, optimista hasta el final- …no he malgastado ni un minuto de mi vida y jamás me he aburrido… siempre hay una recompensa”.
Tener fe y una mente positiva, alimentar constantemente nuestra autoestima en el buen sentido de la palabra. Ese es nuestro aliento decretado para combatir las tormentas y tempestades de infortunios que se van acumulando en nuestros tiempos actuales. Lorle Jaumotte es un glorioso ejemplo que en parte describo en mi libro.



