Canidra: Otro diálogo sin resultados

Lo que sucedió durante los últimos sesenta días después de un acto rimbombante en el Palacio de Miraflores, a solicitud del propio Gobierno, ¿fue realmente un diálogo, un encuentro sincero dirigido a conducir al país hacia objetivos de largo plazo y metas de bienestar y prosperidad?. Por otra parte, ¿qué inspiró verdaderamente la multiplicidad de reuniones entre Ministros, Viceministros, técnicos y empresarios de todos los sectores y regiones?

Para las autoridades y afiliados de la Cámara Nacional de Comercio de Autopartes (Canidra), esas son las dos principales inquietudes que hoy prevalecen entre quienes se hicieron presentes en los actos y reuniones, como entre aquellos que no pudieron asistir, y de los que delegaron en las personas de la directiva de la institución la responsabilidad de la representación.

Y es inevitable que sea así, porque es verdad que desde hace ya poco menos de un mes que las reuniones desaparecieron, los contactos entre funcionarios, dirigentes y empresarios no se han seguido produciendo, y las propuestas de soluciones a los problemas que impiden un abastecimiento de autopartes, sencillamente, parecieran haberse convertido en simples ideas para el archivo o, quizás, para su resurrección cuando las circunstancias así lo demanden.

Canidra, que se debe institucionalmente a sus afiliados, gremialmente a la obligación de contribuir a dinamizar el comercio de repuestos para automóviles y el funcionamiento de las empresas comercializadoras, como a la economía venezolana en general, hoy deplora que, una vez más, los esfuerzos acometidos por hombres y mujeres de negocios y funcionarios sensibilizados por su motivación de servirle también a Venezuela, parecieran estar terminando sin pena ni gloria.

Lo poco que se avanzó, fue un avance tímido, de poca fuerza y sin expectativas de prolongación y sustentabilidad, más allá de un simple calentamiento efectista. Es decir, a lo que la Cámara siempre se negó, cuando alzó su voz en las reuniones y llamó la atención sobre la inconveniencia de reincidir en el episodio de mayo del año pasado, se está repitiendo. Y se repite mientras, paradójicamente, las autoridades que ayer se comprometieron a construir entendimiento y confianza a partir de sus decisiones, son las mismas que hoy promueven inspecciones, fiscalizaciones y sanciones a comercializadores de autopartes en todo el país. Lo hacen con base en los propósitos de la Ley de Precios Justos, pero sin llevar a cabo lo correspondiente para que la industria venezolana produzca una mayor cantidad y variedad de autopartes, los importadores puedan recuperar sus líneas de crédito a nivel internacional para abastecer los anaqueles, y los propietarios de vehículos superen su sometimiento obligado al calvario de adquirir el repuesto que haga posible el funcionamiento de su carro.

Canidra cumplió con la responsabilidad de no deshonrar responsabilidades y obligaciones. Hizo lo que debía hacer: contribuir con las autoridades, para que ellas pudieran hacer su trabajo en consonancia con lo conversado, acordado y convertido en objetivo común. Para, al menos, paliar lo que estaba sucediendo, mientras se producían las más exigentes decisiones, siempre acordes con los máximos requerimientos de la transparencia procedimental y administrativa. Por supuesto, lo que se dejó de hacer o no se hizo como se debía haber realizado, le corresponde aclararlo a los despachos correspondientes.

La escasez de autopartes en Venezuela es una verdad que conocen, por igual, autoridades, empresarios y consumidores. Y es un serio, grave y exigente problema que obliga a convertir el entendimiento entre las partes, en una alternativa para avanzar. ¿Por qué desistir de esa alternativa propia de los países en construcción y con sociedades amantes del trabajo hermanado?. Canidra siempre estará dispuesta a acudir al sitio y hora que se fije, para continuar aportando lo que deba aportar.