jueves, julio 18, 2024

Ciudado: Demonios rojos sueltos

PIDO LA PALABRA

Por: Antonio José Monagas

Pareciera que los demonios se hubiesen soltado. Y en su apetencia por hacer el mal, el país anda ahora al garete. Sin dignidad de por medio.

Aunque luzca paradójico, debe reconocerse que las complicaciones políticas y económicas han venido ocupando cada día un mayor espacio en la vida del venezolano. Las soluciones parecieran no encontrarse cuando más se necesitan.  Todo tiende a verse como parte del problema. Indistintamente de las posibilidades de arreglo que puedan estar presentes. La incertidumbre cunde cual sombra que oscurece la totalidad a su paso. Es ahí cuando afloran los temores que, tanto en la política como en la economía, determinan graves comportamientos que repetidamente terminan convirtiéndose en factor de perturbación hacia el resto de las realidades que le imprimen la vida a un país.

En Venezuela, las tendencias han apuntado hacia momentos de crisis. Crisis éstas que han arrastrado otras igualmente degradantes hasta hacer de tan grueso tapujo, un adefesio de país. Ahora todo se perfila como una rebatiña. Pero no como una rebatiña que pudiera explicarse con base en reivindicaciones debatidas sobre el terreno de un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia. Nada de eso. Estas son rebatiñas de “medio pelo”, marcadas por la orientación de la “revolución bolivariana”. Además, devinieron en un caos de signo mayor que hoy tiene al país atado y preparado para proporcionarle los golpes necesarios que lo harían titubear entre la suerte de una democracia timorata y la desgracia de un totalitarismo amañado por Cuba.

En medio de este torbellino de problemas, pareciera estar viviéndose alguna escena de película macabra. Pareciera que los demonios se hubiesen soltado. Y en su apetencia por hacer el mal, el país anda ahora al garete. Sin dignidad de por medio. Es efectivamente la imagen que el régimen ha procurado construir con el propósito de justificar su torpeza, tanto como de encubrir sus vicios. Y es que, definitivamente, el régimen extravió la bitácora con la que, en principio, había prometido “refundar una República” para establecer una sociedad democrática, participativa, (…) en un Estado de justicia, federal y descentralizado que consolide los valores de libertad, independencia, paz, solidaridad (…)

Precisamente, ante tan inexcusable frustración, el régimen se vio obligado a procesar desesperanzas y clamores de una población que finalmente pudo despertar ante tanto populismo, aunque de nuevo cuño. Es cuando, después de 2006, recurre a atizar sus relaciones con el sistema político castro–comunista que domina a Cuba. De esa manera, Venezuela fue deshonrándose a medida que fue abordada por comandos militares e invadido por cubanos encubiertos que comenzaron a desplazar a profesionales venezolanos.

Para alcanzar este objetivo cocinado con la más desaliñada sazón, el régimen se valió de trágicas situaciones con la intención de conmover ese universo de decepcionados. Pero todo salió al revés lo cual exasperó a los jerarcas revolucionarios al extremo que confundieron sus mismas expectativas. Ahora, ni siquiera tienen idea de cómo ordenar el desastre económico que rebasó su escasa paciencia. Tampoco le funcionó lo de “patria”. Encima de esto, forzaron la institucionalidad de la Asamblea Nacional para concederle poderes especiales al presidente Maduro sin avizorar la hecatombe que de tan equivocada determinación habrá de devenir. Es como si realmente hubiesen escapado seres malévolos y todos los males que encerró la mítica “Caja de Pandora”. Así que en lo sucesivo, hay que advertir: Cuidado: demonios rojos sueltos.

 

VENTANA DE PAPEL

 

EL PAÍS SE FUE “A PIQUE”

Los hechos de esta semana, pusieron al descubierto la desvergüenza de una poblada para la cual no existen valores, ni principios, ni tantas otras virtudes que dignifican la ciudadanía. No sólo fueron los actos de bandidaje que hicieron crisis luego de la orden del presidente Maduro cuando, en una de sus impertinentes cadenas nacionales de radio y televisión , llamó a “dejar los anaqueles vacíos” sin tomarse luego el tiempo para enmendar o enderezar lo expresado.

También fue la acción de sicarios políticos dedicados a eliminar del mapa político a activistas de la oposición democrática sólo con la malsana intención de cuadrar los votos necesarios de cara a la equívoca propuesta de concederle poderes especiales a quien no los requiere. Supuestamente, para “profundizar la lucha contra la corrupción e impulsar una economía diversificada y productiva en el país”. Sólo que casi nadie lo cree pues el aludido señor, como todo politiquero de oficio, ha vivido en medio del cauce que se abre entre el discurso pomposo y la engañosa realidad. Además, porque en este país ha prevalecido la viveza y el pillaje por encima de las cualidades a partir de las cuales es posible construir un país decente.

Esas mismas personas, han institucionalizado la inmoralidad que tiene profundamente maltrecho al país. Precisamente, subordinados a la línea de interés del proyecto político ideológico que el régimen busca implantar a costa de lo que sea. Incluso, animando a que lo que queda de democracia se pervierta no sólo encubriendo la corrupción en todas sus manifestaciones. También, incitando esta ola de desafueros que nos ha mostrado al resto del mundo como una sociedad de inadaptados. Por eso, hay quienes dicen que el país se fue “a pique”.

NO SERÁ LA EXCEPCIÓN

En el centro del profundo revuelo que vive el país, la universidad venezolana sigue viéndose atrapada en serias contradicciones que la llevan a reducirse de cara a su razón de ser expuesta en la Ley de Universidades. Particularmente, en el artículo 2ª donde puede leerse que “a ellas corresponde colaborar con la vida del país a través del esclarecimiento de los problemas nacionales”. No obstante, en términos de este propósito, se desata todo un conjunto de forzadas complicaciones que en nada se corresponden con dicho precepto. Sobre todo, cuando pretenden justificarse con circunstancias sin que al respecto termine la Universidad pronunciándose ante los entuertos que política, social y económicamente afectan al país.

Esta situación hace que las universidades se mantengan silenciadas. Mientras el discurso académico va por un lado, las ejecutorias institucionales van por otro. En consecuencia, no hay concordancia alguna que exhorte el sentimiento universitario frente a los problemas que está viviendo el país. En este sentido, no es difícil inferir que estas Casas de Estudios Superiores, cuyas capacidades deben actuar comprometidas con el desarrollo regional y nacional, lucen apagadas ante la crisis económica y política que arrolla a la sociedad venezolana.

No hay una declaración frontal que exponga una postura crítica ante el manejo equivocado de políticas económicas y sociales por cuya insuficiencia el país se ha visto atorado y atrapado en una grave crisis de Estado. Es inaceptable que las universidades detenten un ruidoso silencio que no se compadece con la situación de crisis. Aunque también hay razones para pensar en una inducida u obligada mesura por las intimidaciones propias de un régimen oprobioso que, abusando del poder, ha intentado vapulear la autonomía a pesar de ser un derecho constitucional. Y cuando se ha atrevido a manifestar algún juicio a través de voces aisladas de gremios, dependencias o miembros de su comunidad, es desatendida. O peor aún, arrinconada.

En medio de constantes amenazas gubernamentales, las universidades se ven presionadas a limitarse en función de sus facultades autonómicas que rigen sus orientaciones académicas y administrativas. En todo caso, es tiempo de amarrar compromisos que devengan en acciones. Ante las resquebrajaduras que han desarreglado al país, la universidad no puede seguir prestándose a que siga “corriéndose la arruga”. No debe retrasar más su salida a la arena de la lucha abierta. Debe elevar su voz de protesta ante el desbarajuste que el gobierno ha incitado. De otra manera, las coyunturas harán prisioneras a las instituciones nacionales. Y la Universidad autónoma, no será la excepción.

“Todo proyecto político-ideológico que omita los valores morales como principios fundamentales que avalan la consecución de un buen gobierno, está destinado a enrarecer cualquier objetivo de desarrollo. Con ello está sentenciándose la abolición de las libertades y la inhabilitación de la democracia” AJMonagas