Clase política en deuda

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Deuda es una obligación que tiene una persona o grupo de cumplir con unos compromisos acordados. Cuando el convenio no se cumple se pasa a un estado de atraso o default.  Especialmente este término se utiliza en el contexto financiero cuando una persona, un grupo, una corporación o una Nación no puede cumplir con sus compromisos en los términos financieros acordados. Lo cierto es que la deuda reconocida permite la búsqueda de soluciones favorables para las partes, negociando nuevos términos creíbles y de fiel cumplimiento para evitar males mayores.

En Venezuela en el contexto presente la clase política se encuentra en un estado de atraso, ya que, los actores políticos no son capaces de cumplir con las promesas ofrecidas a la sociedad, incluyendo tanto a quienes detentan el poder, como a quienes los adversan. El país tiene una deuda financiera inmensa poco documentada, el régimen en su manía de ocultar todo, abrazo una deuda comercial y financiera con nula inversión productiva, dejando a los ciudadanos hipotecados. En términos sociales las acreencias son mucho mayores: indigencia, miseria, pobreza, desempleo, servicios públicos destruidos y una muy baja productividad del sector público y privado. Ambas deudas, con variadas consecuencias, comprometen el futuro de la Nación, si no se inicia rápidamente, un proceso de amortización de ellas.

Esto significa, como mínimo, dar señales, expectativas que ambas deudas dejaran de crecer y brindar argumentos para prever su declinación. Los reclamos observados en los primeros días de año 2.023, son la evidencia clara del cansancio de la población. Ante esta realidad la clase política ofrece soluciones fantasiosas e ilusorias que producen un mayor rezago, incrementando sobre todo la deuda social. El régimen mantiene su camino de no ceder el poder en lo mínimo, ni siquiera compartirlo, a pesar de los fenómenos políticos presentes, producto de condiciones económicas y sociales insoportables. Las sanciones generales han producidos desastres financieros, en el sistema de flotación del régimen, desafortunadamente esto impacta a los ciudadanos y en específico a los más necesitados, quienes dependen de la migaja del Estado.

Las negociaciones asomadas en México generan profundas reservas y desconfianzas, por la actitud de mala fe, del régimen, quien siempre intenta ganar tiempo en la mesa, sin comprometerse en lo mínimo. Por otro lado, los representantes de la plataforma unitaria, salpicados de hechos de corrupción y con señalamientos de parte y parte que facilita el trabajo al régimen, quien fragmenta a la oposición en decenas de toletes. Con morosidad política será muy difícil conseguir recursos externos e internos para realizar las inversiones urgentes, que requiere el aparato productivo en procesos transparentes. Los indicadores sociales y económicos muestran la incapacidad del régimen, para cumplir con los compromisos asumidos, situación que profundiza la quiebra social de la Nación.

La oposición en general en Venezuela son barcos solitarios navegando en medio de una tormenta, sin darse cuenta que tienen todo su casco perforado haciendo aguas. Un naufragio inminente que los hace gestionar su propia seguridad. La visión de conjunto se perdió. La realidad es que las ultimas pugnas en el seno de la oposición a Maduro, entendiendo el G3, el interinato, la mesita y cualquier tolete que el régimen le dé tribuna, busca una gótica de la renta petrolera a través de la intermediación internacional o la corrupción interna consentida por el régimen.

Maduro y sus voceros mantienen el relato sin perseguir y encarcelar a Guiadó, como forma de demostrar que se pueden entender con ellos. Los americanos lo entienden y por ello en la mesa de negociación en México, están dispuestos a liberar recursos administrados por ambos. En los últimos días los actores se endosan responsabilidades por la no liberación de los mismos, declaraciones que son parte del decorado.

Es cierto que existe un rechazo mayoritario al régimen, por arriba del 80 %, según algunos estudios, no es menos cierto la crisis de representatividad de los partidos políticos, que en la sumatoria de todos incluyendo el PSUV no alcanzan el 20 %. En las coaliciones opositoras o toletes, los intereses particulares están presentes, algunos se conforman con una tajada de la torta, sin realizar grandes esfuerzos, mientras otros no logran sumar nada y prefieren las migajas recibidas por cortesía de los consensos. La realidad es que ante la coyuntura actual los partidos en su conjunto tanto opositores como los integrantes del polo patriótico, han perdido su encanto para la mayoría ciudadana. En consecuencia, el movimiento social está en el epicentro de la construcción de narrativas e imaginarios políticos, el éxito de los reclamos docentes son una prueba de ello.    

En este marco, la clase política venezolana debe comprender que no será fácil recupera la democracia, la política debe comenzar a amortizar la deuda acumulada con la sociedad. Les toca a los políticos abandonar sus posiciones de partidos, grupos y coaliciones para unirse en un frente único y unitario independientemente de símbolos, siglas y posiciones. Es la hora de la Nación, se necesita de actores políticos de diferentes orígenes y procedencia, dispuesto a realizar los esfuerzos y sacrificios que sean necesario hacer en este momento.     

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23-1-2023