Cuando la tierra se estremece y el mundo parece desmoronarse, algo más se agita en nuestro interior. No es solo miedo. Es un instinto que nos recuerda que, ante la adversidad, nuestra mayor fortaleza no reside en los cimientos de concreto, sino en los lazos humanos que nos unen.
Los recientes sismos que sentimos aquí en nuestra ciudad merideña y en varios estados de Venezuela no han sido solo una prueba para nuestras estructuras, sino un examen a nuestra esencia como sociedad. Y los resultados muestran destellos de una solidaridad que debe guiarnos no solo en la emergencia, sino en la reconstrucción.
Frente al caos, la primera línea de defensa no es la tecnología, sino la cordura. Mantener la calma es un acto de valentía colectiva. Es el primer eslabón de una cadena que permite el rescate, la asistencia y la contención. Del mismo modo, la información veraz se convierte en un salvavidas; compartir rumores es, literalmente, jugar con vidas.
Cuando todos estemos tranquilos y haya pasado el caos, los jóvenes debemos ayudar a cargar agua y alimentos en caso de que nuestros vecinos estén en emergencia, con la paciencia de quienes organizan donaciones, con el valor de los vecinos que forman brigadas improvisadas. Es una lección de civismo que no se aprende en las aulas, sino en nuestros hogares.
Estas situaciones nos deja una enseñanza: la preparación individual es el cimiento de la resiliencia colectiva. Un bolso de emergencia, un plan familiar, conocer las zonas de seguridad, son actos de responsabilidad que, multiplicados, tejen una red de protección comunitaria.
Sin embargo, el reto más grande no es la respuesta inmediata, sino la constancia. La ayuda no puede ser un impulso efímero que se apague con los primeros reflejos mediáticos. La reconstrucción será larga, y el apoyo emocional y material deberá sostenerse en el tiempo, cuando las cámaras se hayan ido y la noticia haya perdido su atractivo.
Como sociedad, estamos siendo puestos a prueba. Demostremos que podemos construir, a partir de las grietas, un país no solo más preparado para los embates de la naturaleza, sino más unido, más humano y más solidario. Que el temblor de la tierra nos encuentre siempre más unidos.
Marco Antonio Sosa Villamizar
Estudiante de 3er año de bachillerato
Colegio Micaeliano-Mérida
28-09-2025 (126)




