Este sábado 6 de abril, desde todos los puntos acordados para las concentraciones en sitios estratégicos de las diferentes parroquias designadas en la agenda de actividades, definida y solicitada por Juan Guaidó, los merideños salieron y volvieron a llenar las calles de la ciudad. Con el mismo ánimo y sobradas razones, ahora más que nunca, las personas decidieron una vez más elevar sus voces y con su presencia exigir un cambio de rumbo, urgente y necesario.
Convencidos de que en la unión está la fuerza y conscientes del papel protagónico que cada uno debe jugaren este momento histórico, la jornada de protesta se cumplió a todo lo largo y ancho de la capital del Estado. Las avenidas se convirtieron en ríos de personas que con sus consignas y esperanzas se dieron cita para llegar hasta la sede de Corpoelec, a fin de manifestar su descontento por la grave crisis del sector eléctrico y los muchos padecimientos que esto causa en la población, amén dellamar la atención sobre la deficiencia de todos y cada uno de los servicios públicos: agua, transporte, gas, gasolina, seguridad, en fin un país sumido en una crisis humanitaria muy profunda.
Las imágenes captadas por el periodista Leo León, son un testimonio de la fuerza vital de quienes aspiran una mejor Venezuela, que pese a todos los obstáculos y las vicisitudes que se han presentado,no se amilanan y demandanla salida del poder de Nicolás Maduro, y el llamado a elecciones libres y democráticas dentro del marco de la Constitución de la República Bolivariana.
La multitudinaria concentración reafirma que hay decisión y apoyo a las iniciativas pacíficas a las que haya lugar. Las armas de la población son pancartas alusivas a las dificultades que se mantienen y se acrecientan en la medida en que los días pasan: los apagones, constantes y fatídicos han hecho mella en la salud emocional de los habitantes, es, una constante y reiterada violación a los derechos humanos. Los alimentos están escasos y sus altísimos costos hacen imposible, para la mayoría de las familias, acceder a ellos, y un sinfín de situaciones que la gente experimenta como una agresión, y que avalan las justas peticiones de los venezolanos que se patentizan en cada nuevo llamado a la protesta.
Entre lo oradores estuvieron los Diputados de la AN Willians Dávila, Luis Loaiza y dirigentes de las comunidades.
Los asistentes, que con sus gorras tricolor, se protegían del sol, coreaban ¡Paz, democracia, libertad, servicios públicos de calidad, sueldos justos, comida, medicinas! Expresiones válidas de quienes observan cómo vivir en el país se ha convertido en una condena.
“No podemos darnos por vencidos-dice un señor que ondea una bandera-no podemos perder lo que hemos ganado, que al menos la comunidad internacional comprenda nuestra crisis. Requerimos ayuda humanitaria en todos los sentidos. Alguien a su lado añade-los venezolanos no somos violentos, queremos que Nicolás Maduro y su comitiva entienda que ya tuvieron su oportunidad, la perdieron y desbarataron el país, entonces, ¡ya basta! Que le cedan el puesto a otro para que lo haga bien! Quiero estudiar, graduarme, tener una familia, ser feliz-dice una joven –pero así como están las cosas no hay futuro promisorio por esa razón hay que seguir en las calles.
Jóvenes, adultos, mujeres, caminaron, cantaron el himno nacional, conversaron y sobre todo, marcharon hacia una misma meta: la reconstrucción del país que tanto amamos y que todavía tiene mucho que ofrecer.
Las multitudinarias manifestaciones de voluntades que se están repitiendo con igual factura a lo largo y ancho de nuestra geografía, son retratos tan elocuente que no deja lugar a dudas. No hay montajes, ni obligación de asistir, la gente acude porque quiere, porque es su deseo,porque respalda la moción de un cambio político, liderizado por Juan Guaidó, quien tiene la tremenda responsabilidad de abrir los caminos hacia la salida democrática, pacífica y constitucional que todos anhelan.
Redacción C.C.
Fotos Leo León


