Con fundamento: Allende lo electoral

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«… el nuevo orden sociocultural de la antipolítica que, tomando como base a la política, intenta por todos los medios borrar su propio e inherente aspecto político, transformándose, de este modo, en un discurso político de la antipolítica.»  (H. Fair, El discurso político de la antipolítica)

Pasado el bullicio electoralista (aunque prediquen la abstención, hasta los abstencionistas son esencialmente electoralistas), es preciso hacer nuestro propio juicio. Parece recomendable ser menos emocionales y observar la realidad razonablemente.

¿Por qué decir que todo se enfocó en lo electoral? Porque la atención de dirigentes y partidarios parece siempre agotarse en lo electoral. Y eso lo aprovecha el gobierno. Retrocedamos en el tiempo. Apagándose las protestas del 2017, exigencia unánime fue anticipar elecciones generales. Los asesores tácticos aconsejaron a Nicolás Maduro un giro extremo en su discurso: a partir del 09 de abril de 2017 comenzó a decir, como bromeando, que estaba ansioso por unas elecciones.

Hablaba de las elecciones de gobernadores y alcaldes, indebidamente pospuestas. Pero, una vez creado el interés, apareció el trapo rojo del llamado a una nueva constituyente, emitido directamente por la presidencia sin consulta alguna, contraviniendo provocadoramente la Constitución vigente. El primero de mayo la decretó, llamándola inicialmente Constituyente Obrera y, cumpliendo los designios de sus bien pagados consejeros, puso en jaque a sus opositores. Una ya exangüe y reprimida protesta callejera proseguía, y el liderazgo había ya pisado el peine, enfocando la atención exclusivamente en la nueva bravata y en el proceso electoral a que daba lugar.

Ciegos a todo lo demás, y sin medir el total control que el ejecutivo dictatorial mantenía sobre los demás poderes, se reaccionó con una desatinada actitud inmovilista contra unos comicios que no hubieran podido detenerse pero hubieran podido ganarse. Se llamó a la no participación como forma de protesta, igual que en el desatino de la Asamblea en 2005, cuando se actuó como si el contrincante tuviese la menor contemplación por la legalidad, y se “protestó” regalándole la totalidad de la legislatura. Por muy justas que fuesen las objeciones para votar, en vez de responder se reaccionó (lo cual es muy distinto), cometiendo tal barbaridad.

Con la constituyente, la dictadura se había creado un órgano ilegal a su medida, engendro incontrolable, instrumento a la vez de respaldo a decisiones ilícitas y escándalo para desviar la atención de políticos opositores y medios de comunicación. En ese malicioso contexto se encuadró el desempeño político de quienes procuraban un cambio total de gobierno, poniéndoles a bailar al son del gobierno.

Luego, en ilegal convocatoria a elecciones presidenciales y de Consejos Legislativos, el PSUV aprovechó una vez más la mojigatería reactiva de sus adversarios y, una vez más, los líderes asumieron la antipolítica como absurda y esquemática estrategia. Cual militantes anarquistas, los dirigentes de la casi extinta Mesa de la Unidad Democrática crearon una exitosa campaña, no para enfrentar la reelección del peor de los gobiernos, sino para enardecer a sus propios seguidores con intemperantes consignas abstencionistas. Pocas veces la antipolítica había revestido tan ciega intransigencia, estigmatizando a quienes decidieran votar por los pocos contrincantes de la tiranía que se atrevieron a concurrir a las urnas, creando divisiones irreconciliables.

Es una táctica recurrente, y obviamente exitosa. El régimen ha descubierto la utilidad de convocar irregularmente elecciones en modo de exasperar dirigencia y votantes demócratas, inmovilizándoles mientras abre el juego y se sale con la suya. Los opositores prácticamente se han limitado a esperar una acción internacional que nunca va a llegar.

El pasado domingo 21, aunque usualmente las elecciones regionales no arrastran gran participación, y desafiando las imprecaciones de los que ya han adoptado el abstencionismo como línea, la presencia de votantes fue notable. El pueblo de Venezuela siente profundamente su derecho a votar y es lo que hemos visto manifestarse tímidamente.

Que así haya sucedido es importante, pues no votar ha mantenido cómodamente en el poder un déspota, reelecto por porcentajes irrisorios de la población electoral. Hay quien cree que eso le hace sentir fracasado e “ilegítimo”, como si en realidad le importase.

Los obstinados militantes de la antipolítica se dan por satisfechos y otros celebran la abstención, como si con ella hubiesen resuelto la extrema aflicción que agobia millones de compatriotas. Pero el pueblo va comenzando a votar y expresar pacíficamente su angustia y su esperanza.

Ahora es momento de medir  seriamente los pasos a dar, para no acrecentar la desilusión que trae la antipolítica. Es tiempo de dejar euforias o lamentos y observar la realidad más allá de las elecciones, sensatamente, políticamente, una política que no se quede en lo electoral.

24.11.2021 bmcard7@gmail.com