Por: Bernardo Moncada Cárdenas…
«Este año mi pensamiento ha sido que nada excepcional me había pasado y que no tenía por ende razones de particular agradecimiento… excepto por las “cosas de siempre”. Justamente, las cosas de siempre, por las que jamás se agradece… Pero, si las cosas de siempre faltan, la vida se viene abajo: la salud, por ejemplo, o ese bienestar con las ventajas que sostienen los hábitos y llena la cotidianidad. Nos afanamos por obtenerlas y mantenerlas, pero su permanencia no depende solamente de nosotros. Son tantas las desgracias que suceden en torno, transformando inesperadamente existencias serenas en angustia, sufrimiento y dificultades. Por haber estado preservados de ello no agradecemos nunca, como si lo hubiésemos merecido, quizá porque no nos ha pasado a nosotros y a otros sí.
Dedico el “Te Deum” de este año al agradecimiento por las cosas de siempre, ignoradas pero presentes, al menos hasta ahora. Sobre todo por una “cosa” quiero agradecer: los “amigos”… Les necesitamos, y la compañía es la manera normal de ser socorridos. Hasta por Dios»
Te Deum, Giancarlo Cesana, en TEMPI.
Tanto quienes hemos decidido permanecer bregando en y por nuestro país, como aquellos que apostaron por emigrar para buscar bienestar y ayudar a los que se quedan atrás, vivimos una constante sensación de pérdida. No por adaptarse a sobrevivir en un ambiente plagado de carencias y restricciones, se deja de recordar los pasados bienes que, privilegiadamente, disfrutábamos los habitantes de Venezuela. Quien permanece a sol y lluvia en una interminable fila de automóviles procurando llenar de combustible el tanque, intenta organizarse para disminuir en lo posible su odisea, socializa para reducir en la solidaridad un mínimo de la temible inseguridad que se enfrenta, y se alegra irremediablemente cuando al final alcanza la mezquina meta. Pero, consciente o inconscientemente, no deja de contrastar esa desventura con un pasado, cuando sin mayor dificultad o espera equipaba por un precio irrisorio, ello sostiene su rebeldía en medio de la resignación.
Es sólo un ejemplo, pero también, lo es el ansia de reproducir constantemente unas pequeñas Venezuelas en países de acogida. Nuestros emigrantes expresan esa confrontación entre un pasado de muchos beneficios y esa privación que se experimenta en el exilio, aunque se haya llegado a un país de abundancias.
El discurso del liderazgo político y de los medios nos recuerda constantemente que a alto nivel se han perdido cosas tan importantes como el Estado de Derecho, la Justicia, la verdadera democracia. Periodistas y redes nos hacen ver los desmanes que comete el régimen que despoja a Venezuela. Sin embargo, es en la pérdida de una miríada de pequeñas cosas donde los venezolanos de a pie percibimos la penuria creciente de nuestra situación como país.
En estos dramas, dos pequeños colosos nos sostienen y ayudan: la familia, cuando está medianamente bien constituida, y los amigos, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Con familia y amigos, muchos perseguidos por el régimen nazi pudieron escapar de la atroz y eficiente maquinaria exterminadora, tal como ha sucedido con quienes sobreviven en Cuba o logran huir de ella, o en la gigantesca prisión en que el comunismo había transformado a Rusia soviética. Familia y amigos son la balsa que, en lugar de conducirnos peligrosamente sobre el mar hacia destinos ignotos, nos conduce hacia un futuro con esperanza y voluntad de superar los presentes infortunios.
Muchos de los nuevos modelos emprenditoriales echan mano de la solidaridad amigable para generar nuevas fuentes de valor en medio de la dificultad financiera. Los eventos que ya son frecuentes en la ciudad se coronan con éxito, en gran parte gracias a un ambiente de negocios donde se compite reconociendo la importancia de los otros, de la riqueza de opciones cuya vitalidad puede mostrar al visitante o inversionista un destino muy atractivo. Esta semana Mérida escenifica la Asamblea Anual de Fedecámaras, hospedándola como la anfitriona que desea lucir sus muchos tesoros.
Es lógico quejarse y rebelarse ante las injustificadas dificultades, y la sustracción de tantas comodidades que se nos obliga a soportar, pero también, como asienta Giancarlo en su escrito, hay que darse cuenta de las pequeñas “cosas de siempre”, que nos dan ánimo y apoyo para continuar, agradecer y dejarse animar por ellas. Más que todo, por familia y amistades. Pues están tenazmente con nosotros y, como dice mi amigo italiano, les “necesitamos, y la compañía es la manera normal de ser socorridos. Hasta por Dios”.
Gracias, pues, por Ustedes que leen, por ser amigos –aun los que no conozco personalmente-, a la familia, y a las “cosas de siempre”.
13 julio 2022 bmcard7@gmail.com


