Por: Bernardo Moncada Cárdenas…
A las diez de la mañana, desde hace un cuarto de siglo, Mérida entra en la radio. Lo hace a través de La Ciudad en la Radio, programa de ULA 107 FM, la emisora de la Universidad de Los Andes. Dos horas diarias de conversación, información, opinión y participación ciudadana que comenzaron el 10 de septiembre de 2001 y que, desde entonces, han acompañado la vida de una ciudad cuya relación con su universidad constituye una de sus características más singulares.
En la era de las redes sociales, cuando pareciera que toda información debe ser inmediata, breve y capaz de competir por unos segundos de atención, la permanencia de un programa radial durante veinticinco años resulta, cuando menos, significativa. La radio continúa siendo capaz de algo que ninguna tecnología ha conseguido sustituir por completo: establecer una relación personal con quien escucha. Una voz que acompaña, pregunta, informa, comenta y, sobre todo, hace sentir que al otro lado hay alguien dispuesto a escuchar.
Cuando comenzamos a escuchar La Ciudad en la Radio, noticias y opinión se entrelazaban con música. Se buscaba una identidad propia, adecuada a la peculiar relación de una Universidad integrada a la ciudad; luego, la voz de los ciudadanos se ha tornado música. Porque la Universidad de Los Andes no ha sido para Mérida simplemente una institución educativa. Es parte de su historia, de su paisaje humano y cultural, de su prestigio y de esa particular condición de ciudad universitaria que ha contribuido no poco a su reconocimiento más allá de nuestras fronteras.
De allí que el nombre del programa resulte particularmente acertado: La Ciudad en la Radio. No solamente noticias de la ciudad, ni únicamente la universidad hablando de sí misma, sino la ciudad haciéndose presente en un medio universitario.
¿Qué significa, en este contexto, hacer radio como servicio público? Significa mucho más que transmitir información. Significa abrir un espacio para que una comunidad pueda expresarse, plantear sus problemas, formular preguntas, reclamar atención y encontrar interlocutores. Por el micrófono de La Ciudad en la Radio han pasado innumerables voces del pueblo y del ámbito académico. Personas conocidas y ciudadanos anónimos han encontrado allí un lugar para hablar de aquello que afecta su vida cotidiana.
Esa apertura a distintas formas de pensamiento constituye una de las características del programa. Su línea permanece abierta a la discusión y a los señalamientos sobre los problemas del ciudadano. En una sociedad acostumbrada a que cada medio sea identificado rápidamente con una determinada posición, mantener abierto el espacio de conversación constituye ya una forma de servicio.
Al frente de esa tarea está José Leonardo —Leo— León, una personalidad cuya trayectoria ayuda a comprender la naturaleza del programa. Bombero, reportero gráfico y periodista, mantiene también Comunicacioncontinua.com, prolongando en el ámbito digital una vocación comunicadora que no parece depender de una tecnología determinada.
Hay, además, una historia familiar que lo precede: Leo pertenece a una dinastía de luchadores sociales merideños. Quizá esa tradición contribuya a explicar una manera de ejercer el periodismo que parece entender la comunicación no solamente como oficio, sino como compromiso con la realidad concreta de la gente.
Ese compromiso no ha estado exento de riesgos. En la compleja coyuntura política venezolana, Leo ha sido perseguido y amenazado en no pocas ocasiones. Pero existe una anécdota que resume, de manera casi paradójica, la amplitud del espacio que ha procurado mantener: en una oportunidad recibió personalmente una llamada telefónica del presidente Hugo Chávez Frías para felicitarlo por su trabajo.
Más allá de cualquier valoración política, el episodio resulta revelador. Un periodista puede ser incómodo para el poder y, al mismo tiempo, ser reconocido por él. La verdadera independencia de un medio quizá no consista en estar siempre contra alguien, sino en conservar la libertad suficiente para preguntar, escuchar, señalar y permitir que distintas voces puedan expresarse.
Veinticinco años ofrecen también una perspectiva privilegiada para observar los cambios de Mérida y del país. Han cambiado las tecnologías, las formas de comunicación, las condiciones de la universidad y las circunstancias políticas. Ha cambiado la manera de producir y consumir información. Sin embargo, una buena parte del material que llega cada día al programa sigue naciendo de algo mucho más antiguo que cualquier plataforma digital: los problemas de las personas.
Y son muchos.
Quizá por eso resulta particularmente significativo el ánimo con que Leo enfrenta cada jornada. Frente a la abundancia de dificultades que constituyen buena parte de la materia prima de La Ciudad en la Radio, su disposición permanece indomable. Cada día, como una contraseña contra el desaliento, se escucha su divisa característica: «¡Arriba corazones!»
Podría parecer una simple frase radial, pero después de tantos años adquiere otro significado. Es una manera de recordar que informar sobre las dificultades no equivale a rendirse ante ellas. Que señalar los problemas puede ser también una forma de mantener viva la esperanza de resolverlos. Y que el periodismo, cuando se entiende como servicio, no solamente hace visible aquello que duele: también ayuda a descubrir que todavía existen razones para seguir adelante.
Veinticinco años después de aquella primera emisión, La Ciudad en la Radio puede mirar hacia atrás con una certeza sencilla: ha conseguido hacerse parte de la vida de Mérida. No porque haya hablado solamente de ella, sino porque ha permitido que ella misma hable.
A las diez de la mañana, la ciudad vuelve a entrar en la radio. Entran sus problemas y sus esperanzas; sus académicos y sus trabajadores; sus instituciones y sus ciudadanos. Entra una Mérida que necesita ser escuchada y reconocida.
Que, desde la universidad, tras un cuarto de siglo, un micrófono continúe haciendo visible la ciudad.
¡Arriba corazones!
09-09-20206



