Por: Bernardo Moncada…
«Ladran, Sancho. Señal de que andamos» El Ingenioso Hidalgo Don Quijote De La Mancha.
La envidia es el sentimiento de rechazo que se siente frente al bien ajeno, sea este un bien material como bien patrimonial, o inmaterial como prestigio o fama, o tenencia de virtudes o cualidades como la inteligencia, el amor o la belleza. Profundamente destructivo, ese rechazo se manifiesta contra otro, aunque, en verdad, delata un profundo desprecio por uno mismo. El envidioso desearía eliminar al envidiado; sin embargo, apenas se apodera de él, la cizaña empieza a devorar su propia mente, como lo sabe hacer.
La envidia se extiende fácilmente y oscurece primero la mirada, para luego entenebrecer la persona toda. El envidioso se obsesiona, igual o quizá peor que el enamorado. Si se da rienda suelta a esa pasión nociva, la envidia inventa falacias que puedan justificar actos inconfesables, a veces a una escala impensable. La Biblia, la mitología y la tragedia griega están llenas de atrocidades cometidas por envidia, desde el Pecado Original y el fratricidio de Caín, hasta el odio asesino del Sanedrín contra Jesús, o la Guerra de Troya.
Todos hemos caído en la tiniebla verdosa de la envidia, sólo puede uno salvarse tomando conciencia de lo que ha despertado en su ser y combatiéndolo antes de que tome control de nuestra vida. Allí necesitamos apoyo, bien sea terapia psicoanalítica o el amor fraterno que enseña Nuestro Señor Jesucristo a la persona que vive la fe.
De hecho, en la simetría de Pecados Capitales y Virtudes Cardinales, propuestas por la tradición de la Iglesia, y muy útiles para observar nuestro propio comportamiento, la envidia es uno de esos pecados, y la virtud que se le opone es la caridad, en amor fraterno cuya posesión es una gracia y cuyo cultivo puede sanarnos. También hemos sufrido la envidia contra nosotros. En su prédica contra la envidia, en febrero de 2020, el Papa Francisco alerta, sagazmente, sobre la facilitación que las redes dan para el crecimiento de resentimientos contra éxitos o felicidades a menudo fingidas en Instagram o Facebook, atrayendo el oscuro morbo sobre gente que en realidad tiene poco que envidiar.
En la política, la envidia juega por desgracia un papel determinante, no pocos dirigentes lanzan a sus partidarios en locas estrategias dirigidas, en realidad, hacia la ruina de otros; así pueblos enteros han sido sacrificados en conflictos armados solamente por envidia. No me quieran crucificar por lo que voy a decir, pero en mucho la animadversión de nuestros países contra los Estados Unidos se explica por la opulencia y el poder que esa nación evidencia. En lugar de la emulación y la creación de caminos hacia el progreso, resulta más fácil alentar el paralizante resentimiento, inventariar perjuicios -o inventarse pretextos- que lo justifiquen.
Conocer la historia (tanto nacional, como personal) y vivir abiertos en caridad, nos hacen capaces de penetrar las sombras y revelarnos la raíz de nuestros sentimientos desde la comprensión y la amabilidad para con los demás, cambiando nuestra agresiva tiniebla en luz y, así, sanando. Citaba Francisco a Carl Jung: “Uno no ilumina…sino haciendo consciente la oscuridad”.
En las nuevas formas de comunicación, la calumnia, los testigos falsos, el fariseísmo, el armado de causas judiciales y muchas condenas de la prensa corrompida por el odio o el dinero, las fake news, mentiras repetidas y difundidas sin pruebas, desvían y moldean la opinión pública. Esos vehículos de la envidia, apoyados en crudo poder político y mediático, resultan muy difíciles de desmentir, impidiendo que la víctima de la envidia pueda contraponer la verdad de su propio comportamiento y, al mismo tiempo, sumiendo al envidioso individuo o colectividad en una contumaz espiral de (auto)destrucción.
No seamos, pues, los perros atados que ladran al avance del Quijote; que la emulación proceda de lo que llamamos “santa envidia” (desear y apreciar un bien parecido al que vemos en los demás, en lugar de codiciar y detestar su bien o su éxito), para soltarnos y despejar nuestro camino hacia una mejor vida personal, colectiva, y nacional.
4 mayo 2022 bmcard7@gmail.com



