Con fundamento: La lección de los niños en la tragedia

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«La vida a veces duele, a veces cansa, a veces hiere. No es perfecta, no es coherente, no es fácil, no es eterna. Pero a pesar de todo la vida sigue siendo bella». La vida es bella, película de 1997

«Dejen que los niños vengan a mí; no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el reino de Dios como un niño, de ninguna manera entrará en él» Marcos 10:13-16

Inolvidable, la célebre producción fílmica “La vida es bella” recuerda que incluso en medio del horror existe una forma de proteger la esperanza de los niños. Esa imagen vuelve inevitablemente a la memoria cuando se observa el drama que, tras el terremoto de junio, viven cientos de familias venezolanas.

Después de casi tres décadas de crisis, agravadas ahora por el terremoto, la impaciencia resulta comprensible. En muchos hogares, los niños no solo padecen las consecuencias materiales del desastre; también respiran el pesimismo, el miedo y la frustración de los adultos.

Sería de esperarse que sus mentes, expuestas a semejante espacio psíquico, quedasen para siempre hundidas en “el pantano de la tristeza”, como el corcel de otra obra literaria y cinematográfica, “La historia sin fin”.

La mente de los niños, sin embargo, supera lo que -adultos- imaginamos, con su delicadeza, complejidad y el valor irreducible de su mundo interior. Como recuerda la neuro educadora Carmen Prieto, la mente infantil no es una versión incompleta de la adulta, sino un universo propio, marcado por una extraordinaria plasticidad y, al mismo tiempo, por una profunda vulnerabilidad.

En medio de la necesaria compasión ante estos geniales “locos bajitos”, en quienes se cifra el futuro mientras sufren el inconmensurable impacto negativo de la catástrofe, además de los cuidados y apoyo imprescindible, se requieren altas dosis de comprensión.

Y entonces ocurre algo que pasa casi desapercibido entre la avalancha de noticias sobre derrumbes, rescates y pérdidas. Decenas de artistas, docentes y voluntarios entendieron que también había que rescatar la esperanza, llevando alegría, consuelo, y ánimo, a los niños profundamente afectados por la tragedia.

El comediante e influencer Jorge Parra, «Domingo Mondongo», viajó al Litoral a presentarse frente a más de 150 niños refugiados en el sufriente Litoral Central, ofreciendo recreación y oportuno paliativo psicológico a los niños afectados y sus familias. El juego y la risa resultaron instrumentos oportunos para fortalecer el ánimo frente al amenazante trauma que pone en peligro el porvenir de tantas tiernas mentes.

Ellos, y otros grupos, desarrollaron dinámicas grupales estimulando solidaridad y compañerismo entre los niños, forzosos compañeros en los improvisados espacios. Igual empeño impulsa a Payasos Unidos por Venezuela, creadores y comediantes infantiles de regiones como Mérida, Lara y Sucre, movilizados de forma voluntaria hacia las zonas afectadas. El Circo Los Valentinos pausó su gira artística para regalar, a los pequeños refugiados en el Polideportivo de La Guaira.

Así mismo, movimientos liderados por payasos, magos y malabaristas organizados para dar apoyo emocional a cientos de niños en refugios de Caracas como el Parque del Oeste, permitieron que las abiertas sonrisas infantiles contrastaran con las noticias.

Con similar efecto, destacan un profesor en Caracas quien instaló, en un campamento de refugiados y damnificados un salón de clases provisional, convocando a los niños a continuar su educación, como ha hecho la maestra que erigió con carpas la Escuela Urimare en el Litoral. Es urgente sostener el alma de nuestra niñez ante la sobrecogedora negatividad de lo acontecido.

Y la respuesta de los niños está siendo conmovedoramente positiva, evidenciando asombro, desahogo y un rescate inmediato de la risa y el juego a través de gestos y espacios improvisados que buscan aliviar el violento trauma, Educadores y voluntarios han encontrado en los niños una capacidad de adaptación y valor, recordando que su creatividad busca formas de mantenerse activa por encima de la adversidad.

La lección de los niños nos manifiesta la existencia de la alegría, la entereza, el compañerismo y la confianza como actitudes en que podemos cifrar la posibilidad de un porvenir real para una nación tan sacudida por la adversidad y, al mismo tiempo, tan dotada de recursos para la recuperación.

La esperanza a veces aparece en un salón improvisado bajo una carpa, en la nariz roja de un payaso, en una función de circo o en la risa de un niño que, después de haberlo perdido casi todo, vuelve a jugar. Reconstruir un país consiste también en reivindicar esa misteriosa capacidad de confiar en la vida que los niños conservan incluso cuando los adultos podemos haberla perdido. Y es lógico, pues, después del terremoto, serán ellos quienes reedifiquen el camino hacia el futuro.

05-08-2026

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