Con fundamento: La realidad «llama al botón»

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«Constantemente intentan escapar de la oscuridad exterior e interior soñando con sistemas tan perfectos que nadie necesite ser bueno. Pero el hombre que es proyectará su sombra sobre el hombre que aspira a ser».

  1. S. Eliot

El juego de la política venezolana parece, en buena proporción, renuente a comprender lo que ocurrió el 3 de enero de este año. Aferrada todavía a la narrativa mítica de la guerra de Independencia como salto liberador hacia el paraíso, buena parte de sus actores parece interpretar el abrupto cambio producido por la extracción de Nicolás Maduro Moros en la misma clave de aquel 19 de abril y los acontecimientos que le siguieron.

Empeñados en representar lo ocurrido a partir de la acción de la célebre Delta Force como si se tratara de un combate entre realistas y patriotas, opinadores y dirigentes permanecen aferrados al libreto de una gesta heroica que, sencillamente, no está sucediendo. Sólo falta que algunos se atavíen con los galones, levitas, tricornios y charreteras de los generales de aquellas huestes decimonónicas.

Pero la realidad escapa de todo molde, especialmente cuando esos moldes nacen de ilusiones con que pretendemos asaltar el cielo después de haber participado, consciente o inconscientemente, en la construcción meticulosa y prolongada de un purgatorio del que no es sencillo salir.

Lo que tenemos delante se parece mucho menos a un cambio repentino del negro al blanco, a un «quítate tú para ponerme yo», que a esos largos procesos mediante los cuales una sociedad reconstruye sus instituciones, su economía, su cultura política y sus vínculos sociales. Venezuela conoce bien esa experiencia. Después de que España reconociera definitivamente su separación en 1845, fueron necesarias muchas décadas para consolidar las bases de una nación que todavía estaba aprendiendo a gobernarse.

Hoy ocurre algo semejante, aunque en circunstancias radicalmente distintas. Una sociedad que ha atravesado empobrecimiento, autocracia, migración masiva y catástrofes naturales no puede transformarse de la noche a la mañana por la sola sustitución de quienes ejercen el poder. El país real es mucho más complejo que sus dirigentes, sus partidos y sus narrativas. Y ese país, herido, pero también más resistente de lo que los líderes perciben, apenas comienza a recorrer un camino cuyos protagonistas y resultados difícilmente podemos anticipar.

Por eso resulta tan poco útil forzar la historia para acomodarla a nuestros deseos o ambiciones. La realidad llama —incluso, quizá, «al botón»— y reclama algo más exigente que el entusiasmo de una victoria: reclama responsabilidad.

Lo que viene necesitará una multitudinaria hueste civil, pero no una hueste de soldados imaginarios, sino de ciudadanos capaces de trabajar cada uno desde su realidad. Profesionales, empresarios, trabajadores, docentes, estudiantes, servidores públicos, comunidades, familias, instituciones: todos tendremos que aportar a la reconstrucción de un país cuyo porvenir no podemos describir con precisión, pero que tenemos la obligación de hacer mucho mejor que su presente.

Eso exige dejar de vivir pendientes de la próxima fotografía, del próximo héroe, del próximo salvador. Exige también superar la obsesión por conservar protagonismos, prestigios e influencias. En su reciente alocución al Meeting de Rimini, el papa León XIV advertía que «la obsesión por preservar la propia gloria, la propia “dignidad”, la propia influencia no debe formar parte de nuestros sentimientos» cuando está en juego el bien común.

Tal vez esa sea una de las primeras lecciones de esta nueva etapa: Venezuela no necesita otra gesta que contemplar, sino una tarea que asumir. No necesita hombres perfectos, ni sistemas mágicos, ni nuevos mitos fundacionales. Necesita ciudadanos dispuestos a hacer bien lo que les corresponde, instituciones capaces de servir y una dirigencia suficientemente humilde para comprender que la historia no les pertenece. Entonces surgirán las políticas oportunas.

La realidad ya está aquí. Llama al botón y no espera que terminemos de imaginarla para comenzar a transformarla.

26-06-2026

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