Con fundamento: Mientras vivamos

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho». Don Miguel de Unamuno, rector de la Universidad Salamanca, ante el general Astray. 1936.

Una de las ideas más fantásticas de la humanidad, la universidad recoge la remota tradición de la relación maestro-discípulo, motor de la transmisión de sabiduría y conocimiento, energía clave de la historia. Con esa denominación: uni-versidad, la corporación de maestros y discípulos se congrega y estructura durante el paso de la Alta a la baja Edad Media, abriendo camino al desarrollo intelectual de la modernidad. Entra en crisis recurrentemente, poniendo de manifiesto como es explicable el estado material y espiritual de la sociedad en que opera. Es el drama de la universidad en el mundo y en la Venezuela de hoy: la historia llama a revisión.

Hasta estos últimos dos siglos, la universidad se había auto-sostenido. La orientación, la productividad, el prestigio, de la institución, se mantenía por el esfuerzo entusiasta de sus miembros, con el respeto de soberanos, gobernantes en general. Paulatinamente, el Estado comenzó a apoyar financieramente y, con tal motivación, a ganarse el derecho de legitimar a la universidad, de manera que se impuso el aval de los gobiernos como requisito para su existencia y funcionamiento. Así se llegó a la universidad napoleónica, en la cual el Estado asumió total injerencia, a fin de proveerse de funcionarios preparados y calificados. Sin duda fue una crisis de enormes proporciones, de la cual la Alma Mater aún no se repone. La dependencia financiera se hizo casi total, y en consecuencia se limitó de hecho la autonomía académica.

La burocratización de lo que comenzó a llamarse universidad pública, pervirtió la forma, al hacerla apéndice del Estado como un servicio público más, con un funcionariado dividido entre profesores y trabajadores, orientado mayormente a la profesionalización y el ascenso social. La autonomía se tornó entelequia, ideal que en realidad quedó sujeta a la pinza de gobiernos y gremios politizados. Víctima de esta perversión de la forma fue la relación maestro-discípulo, el profesor desiste de su imagen esencial y se concibe como un burócrata ilustrado que cumple su horario (como buen burócrata, ejerce poder sobre aquellos a quienes supuestamente sirve).

Es la universidad que enfrenta la crisis financiera del gobierno como suya propia  que se hace académica al implicar empobrecimiento del personal, el consecuente éxodo, y el deterioro y paralización de instalaciones e instrumental imprescindibles para la labor universitaria. Es una crisis que se potencia cuando las políticas gubernamentales son hostiles a la universidad.

El siglo XXI, además, ha presenciado el progreso de un sorprendente fenómeno social, impulsado por el inesperado crecimiento de las omnipresentes redes informatizadas.  La utilidad y atractivo de las App compiten con el de las relaciones presenciales, sustituyéndolas en gran parte. A eso no escapan la relación educativa, la situación de aula y la relación estudiante-profesor. El impacto de la informática y el internet desafía la concepción de la universidad como experiencia. Quien no deseaba cobrar conciencia y adaptarse a esta verdadera avalancha, está siendo presionado por la inédita situación creada por la pandemia. Pocos podrán terminar su vida ignorando los efectos y sustrayéndose a la atracción de la informatización en alguna de sus expresiones.

Hay quien habla apocalípticamente de la muerte de la universidad siendo esta, desde sus lejanos comienzos, una realidad sobreviviente a tantos cambios, en la cual –con las deformaciones y ataques que ha sufrido- aún se revela reserva moral y la pertinencia de su función. ¿Veremos demostrado una vez más que la universidad no muere?

Veinte estudiantes, sección llena, ubicada en la red. No cabe un alfiler y la relación se ha hecho personal, a un grado que no llegaba en el aula tradicional. Además unidos en un grupo de WhatsApp y en mensajes directos, y YouTube permite que una presentación hecha con la conciencia del otro que recibe, permanezca mientras el emisor lo permita. Se transmite la experiencia y el contenido no deja de ampliarse con el creciente bagaje disponible en la red. Las restricciones han impulsado un nuevo tipo de encuentro, que potencia el deseo de encontrarnos cara a cara. Es la universidad.

Sigue siendo el templo de la inteligencia, así muchos no quieran entenderlo. En esa relación con lo real está la explicación de su longevidad. El desafío de lo real es un tesoro escondido para quien investiga, capaz de encontrar en lo inusitado de la realidad la universidad de siempre,  porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Somos nueva realidad, con tal que no nos falten la razón y el derecho. ¿Es tarea del gobierno. o nuestra. “resolver” el problema de la universidad?

03-03-2021