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Con fundamento: Nuncio y Diálogo

19 mayo, 2021
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    Por: Bernardo Moncada Cardenas….

    Repropongo el tema, dedicado a Monseñor Aldo Giordano, a quien extrañaremos

    Un nuevo Cardenal venezolano, había opacado el tema de la política que impacienta a los  venezolanos. Era noticia en aquel entonces: la “Mesa de Diálogo”, favorecida por la Santa Sede con participación de su enviado especial y, por supuesto, del Nuncio papal mismo. El  ruido acerca del diálogo, la casi unánime desinformación e incertidumbre que cierta prensa, y nuestras manipuladas redes, amplificaban, no cesaba. La confrontación  político-ideológica parecía llegada a un callejón sin salida, pugna sorda que desperdició una frágil posibilidad de conducir al desbloqueo y a cambios capaces de mejorar la durísima situación que ha sobrellevado el pueblo venezolano. A más de un mes de iniciadas las conversaciones no hubo consecuencias significativas.

    En Mérida, aquel viernes 2 de diciembre recibimos al nuevo Cardenal, Baltazar Porras Cardozo y nos visitaba el Nuncio de Su Santidad Aldo Giordano. Un grupo de amigos solicitamos saludar al Nuncio, quien nos sorprendió, no sólo accediendo a saludarnos, sino invitándonos a la Eucaristía que celebraba en el Seminario y a conversar esa noche.

    Frente al extenso coro de voces contra el intento de establecer un acuerdo, nos resultaba difícil adoptar una posición diferenciada, aporte constructivo a que nuestra pertenencia cristiana nos llama. Poco antes habíamos leído “¿Cuál es el origen de los muros, de la dialéctica, del enfrentamiento? ¿Y cuál es el origen del diálogo como compartición, como comunicación de nosotros mismos y no como mera confrontación de ideas?” (Julián Carrón, La forma del testimonio,.2016). Pero cedíamos a la fuerte presión política e ideológica. Frente a todo esto, la inesperada elevación de nuestro Arzobispo al Colegio Cardenalicio, en cambio, era un  acontecimiento novedoso, muestra de un orden superior, no correspondiente al unánime pesimismo temeroso que  proclamaban las redes.

    Igualmente inesperada, la aceptación del Nuncio a participar en nuestro pequeño coloquio evidenciaba también ese orden imprevisible, el del Resucitado quien resulta más inteligente que cualquier presidente del mundo, según Monseñor Giordano, quien expuso ante nosotros con sinceridad su impresión al sumarse a la Mesa de Diálogo. “¿Cómo ir al diálogo frente al otro que está armado?” Para nosotros, expresó, el diálogo es la vida, es fundamental; la visión cristiana del diálogo es otra cosa, ya intentar una contribución nos contenta,  porque nadie da al diálogo la dimensión que nosotros le damos”. Era virtualmente Francisco quien nos hablaba a través de su enviado. Citó el Evangelio donde los dos discípulos charlan camino a Emaús, intercambiando visiones sobre el aparente fracaso de su Maestro en la cruz, cuando un peregrino desconocido se les une. “Antes también dialogaban, una cosa positiva –observaba Monseñor Giordano– porque tenían el coraje de ser dos, de caminar y de hablar. Esto es importante pero la novedad nace cuando el tercero empieza… Un tercero les ofrece la clave, les regala la alegría.”

    Y nuestro grupito, absorto en el encuentro, entiende qué significa adoptar el punto de vista de la pertenencia a Cristo. “La palabra diá-logos viene de diá, que significa diferencia, la distancia que existe entre nosotros -el diá es necesario, este espacio libre entre nosotros- pero en este espacio la novedad es el logos,… discurso que se va creando, razón a descubrir, relación que surge.”  En esta relación, dice, para nosotros, cristianos, el Logos es “Cristo mismo, el Resucitado que caminó con ellos, éste es el diá-logos”.

    Muchos se preguntan “qué hace el Papa enviándonos a sentarnos en esa mesa; piensan muchas cosas y yo –dice Monseñor Giordano- respeto todo lo que piensan, comprendo todos estos discursos. Pero ninguno piensa cuál es la vocación del Nuncio, por qué viene de Roma, a tantos kilómetros. ¿Por qué el Papa pide el diálogo? Porque el diálogos es el lugar de la presencia de Dios, el lugar de la presencia del Resucitado. El Nuncio va al diálogo y claro que analiza todos los obstáculos que hay, pero va porque intenta hacer transparente la presencia de Dios. Él habla al presidente y yo creo que el Resucitado resulta más inteligente que cualquier mandatario del mundo, incluyendo también al presidente de Venezuela.” Esto es creer en milagros, continúa, aunque no es predecir un milagro. “Y esto es el diálogos para nosotros”.

    “¿Qué puedo hacer yo, al final? Puedo dar mis cinco panes… Esta es mi parte, después creer en los milagros. Un gesto no sabemos qué pueda producir, si es un gesto confiado en Dios. Somos pequeños, poca cosa, pero en este momento confiamos en la presencia de Dios con nosotros. Después de todo en Venezuela somos 90% católicos, cristianos. Si el 90% de venezolanos dice «Okey, quiero vivir el Evangelio», Venezuela cambia. Hacer este camino largo, estos pequeños caminos, pero con esta certeza, y Venezuela cambia”.

    Serán nuestros gestos los que den respuesta. Pequeños o grandes que sean, es lo que podemos dar. La multiplicación de los panes fue un gran milagro, pero para hacerlo hicieron falta cinco panes al inicio. Podemos dar a Venezuela mucho o poco, sobre todo nuestra pequeñez.

    Leo Leon
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