Por: Bernardo Moncada Cárdenas…
Resurrección nombre femenino
1.-En algunas religiones, vuelta a la vida de alguien que ha muerto.
«los cristianos creen en la resurrección de Jesucristo»
2.-Renovación de algo que había disminuido su actividad o que había perdido actualidad, o de alguien que estaba decaído física o moralmente. (El habitual diccionario google)
La muerte, la “hermana muerte” como decía el Pobrecillo de Asís, ha sido siempre un duro desafío para el corazón religioso del ser humano. El inescrutable enigma en que nos encontrábamos antes de nacer no nos abruma tanto como aquel que encontraremos tras exhalar el último aliento. El alma intuye la inmortalidad porque experimenta latir en un espacio intangible, que trasciende al cuerpo perecedero. Religiones hablan de reencarnación, pensando en la purificación de un alma a través de sucesivos nacimientos; el cristianismo habla de Resurrección y celebra la de Cristo durante estas semanas. Teniendo como evento fundante la Encarnación, no cree en reencarnaciones sino en Resurrección, regreso a la vida. Pablo escribe “Si Cristo no hubiera resucitado en vano sería nuestra fe” (Cor 15, 14). Pero resurrección es también renovación, sanación definitiva y eterna; es resurgir de la decadencia física o moral. Gran parte del atractivo del cristianismo está en creer “en la Resurrección de la carne y la vida del mundo futuro”, como dice el Credo.
Pero el Tiempo de Pascua, memoria de la Resurrección, propone este revivir como una condición vital del creyente. De hecho el bautismo, sacramento inicial de la vida cristiana, significa ese morir para nacer a nueva vida; el perdón, ese otro pilar de la existencia creyente, ha sido justamente reconocido por una mente tan eminente como la de la filósofa y politóloga Hannah Arendt, como la verdadera posibilidad de recomenzar, posibilidad sin la cual la historia sería un sucederse de retaliaciones y pérdidas. La persona humana, como el Pueblo Elegido, puede levantarse de sus cenizas aferrándose del perdón y la conversión para trasladarse a una mejor vida; esa dinámica es el ideal de la vida cristiana. Según Luigi Giussani, la diferencia entre Judas y Pedro, traidor cada uno a su manera, fue más que el arrepentimiento el aceptar el perdón y la regeneración. Así Pedro resucitó antes del término de sus días, así podemos vivir, gracias a la fe, la esperanza y el amor, haciendo historia y derrotando con alegría el temor a la muerte.
Venezuela se confiesa creyente, tanto que, como lo decía riendo un amigo, “hasta en twitter reza”, aun así, no termina de comprender esa Pascua que celebra y, al no comprenderla, a menudo tiende a hundirse en eterna crucifixión, llenando el espacio de paralizante pesimismo.
No hay que morir literalmente para vivir el gozo y la fuerza de la Resurrección. Ese revivir de alguien “que había disminuido su actividad o que había perdido actualidad, o de alguien que estaba decaído física o moralmente” puede –debe- tornarse nuestro ejercicio cotidiano en este complejo mundo. Los días que vivimos nos lo reclaman con especial vehemencia. Compatriotas, es precisamente Pascua. No podemos cansarnos de resucitar.


