Con fundamento: ¿Pero qué estamos haciendo?

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

«Mientras no se cure la miopía, la pendulación entre derecha e izquierda seguirá revolcando a nuestros países entre el fracaso y la impotencia. Necesitamos políticos-educadores de conciencia pública que sean como médicos pragmáticos libres de prejuicios ideológicos y centrados en la cura efectiva del enfermo.» (“Miopía de Derecha e Izquierda”. Luis Ugalde S.J.)

La pasada columna (La política es presencial) hablaba de la depauperada relación entre pueblo y dirigentes que caracteriza nuestro siglo XXI, cuando el mundo virtualizado parece haberse tornado un global videojuego.

En el desbarajuste cotidiano, los liderazgos enfrentan pueblos masificados por los medios y enceguecidos por los extremismos populistas en los que hoy han ido a parar las ideologías. Así se define la tragedia política venezolana, con las absurdas consecuencias de un éxodo masivo provocado más por las imágenes creadas de un lado y del otro que por la real gravedad de las circunstancias, o la del ya crónico abstencionismo que ha destituido los comicios electorales de su papel como herramienta básica del relevo político en la democracia.

El frenético péndulo izquierda-derecha-izquierda que señala el padre Ugalde, pone de manifiesto el retroceso de la madurez política que, a duras penas, se iba alcanzando, para caer en un tribalismo cerril. La lógica del torneo democrático se degrada para caer en un belicismo cívico que olvida los objetivos del bien común, la promoción social y la justicia, para entregarse al juego miope de los violentos hinchas del fútbol, presas del objetivo de que su escuadra se imponga.

Acabamos de observar atónitos como la muy reciente elección presidencial colombiana acabó definiéndose entre dos mensajes demagógicos, en el fondo afectados por el más arcaico populismo. La decisión de las masas de votantes fue literalmente pastoreada entre los montones de injurias, acusaciones calumniosas o agigantadas, escándalos faranduleros, incesantemente voceados, montones como cerros que sólo dan paso a lo que los demagogos desean que el elector termine haciendo.

Lo que estamos observando inmóviles es como la propaganda de partidos y líderes se rige cada vez más por los lineamientos de Goebbels, el “ministro para ilustración pública y propaganda» de Hitler, que por los de la ciencia y estrategia políticas.

¿Qué estamos haciendo? Porque en algún modo somos responsables de esta catástrofe, en la cual el bienestar de las naciones pierde toda importancia y lo que parece importar es quien grita y acusa más y mejor, para transformar a los votantes en hordas incitadas a apedrear a los candidatos acusados. ¿Qué estamos haciendo? Porque la galopante inmadurez de la nación evidencia total carencia de educación tanto de parte de los dirigentes como de sus seguidores y nos dejamos moldear. El antiguo líder se preciaba de enseñar a su pueblo como un educador de masas; el líder de hoy parece en cambio ofrecer solamente una artificiosa y vacía imagen, sin nada que honestamente pueda llamarse contenido.

No podemos seguir contribuyendo como inconscientes a ahondar este estado de cosas, haciendo eco a lo que mecánicamente nos llega por cuanta maravilla cibernética existe hoy. Tanto los dirigentes como nosotros, quienes estemos en capacidad de formarnos una conciencia y difundirla, haríamos bien en asumir esa tarea, abandonando el estéril combate de quejas y acusaciones (justificadas o no) y educando para fortalecer protagonistas en lugar de hooligans del dañino péndulo populista.

22 junio 2022 bmcard7@gmail.com