Las calles y avenidas de Mérida son el escenario diario de un ir y venir constante. Entre este fluir, hay momentos que exigen una atención redoblada por parte de quienes conducen, las horas de entrada y salida de los centros educativos. En estos precisos instantes, la responsabilidad sobre el volante se transforma en un deber cívico y humano de primer orden. No es solo una cuestión de regulación, es una cuestión de conciencia.
Cada mañana y cada tarde, los entornos de las escuelas se convierten en un hervidero de vida. Niños que corren impulsivos hacia la puerta, jóvenes absortos en conversaciones o en sus dispositivos, padres apresurados. Es un ecosistema peatonal vulnerable, donde la distracción puede ser fatal. Exigir a un niño la misma previsión que a un adulto es una falencia nuestra. La verdadera precaución debe residir en el conductor.
Este llamado a la prudencia extrema se vuelve aún más urgente cuando observamos el estado de muchas de nuestras vías y semáforos en la ciudad. Baches que obligan a maniobras bruscas, señales de tránsito desgastadas, semáforos que fallan o cuya visibilidad es pobre. Estas no son meras molestias; son factores de riesgo objetivos que multiplican el peligro. Un conductor que frena intempestivamente para evitar un hoyo puede provocar una colisión en cadena. Un motorizado que se desvía en una intersección con semáforo dañado se convierte en un proyectil inesperado. En este contexto, la velocidad inmoderada y la distracción (el celular es hoy un cómplice letal) son conductas negligentes que pueden tener consecuencias irreparables.
Por tanto, se exhorta urgente a quienes conducen en Mérida:
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Reduzca la velocidad de manera preventiva. Frente a cualquier centro educativo, sin importar si ve o no peatones en ese instante, baje la velocidad. Asuma que un niño puede aparecer corriendo detrás de un vehículo estacionado.
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Extrema la atención. Deje el celular completamente a un lado. Observe no solo la vía, sino las aceras, los accesos y los puntos ciegos. Anticipe.
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Tolere y prevea el caos. La congestión en estas horas es inevitable. La impaciencia, los cornetazos agresivos y los intentos de adelantamiento imprudente son el caldo de cultivo para la tragedia.
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Sea consciente del entorno. Conduzca a la defensiva, asumiendo que los demás (peatones y otros conductores) pueden cometer errores y que la calle misma puede presentar un obstáculo repentino.
Al mismo tiempo, es un llamado vehemente a las autoridades correspondientes. La seguridad vial es una corresponsabilidad. La ciudadanía debe hacer su parte con una conducción prudente, pero las instituciones deben acelerar el mantenimiento urgente de la infraestructura vial. Calles en buen estado y señalización clara y funcional no son un lujo, son una herramienta básica de prevención.
Redacción C.C.
21-01-2026




