Por: Rosalba Castillo R…
La pandemia del COVID-19 ha alterado la vida de cada uno de los habitantes de este planeta. La educación a distancia ha sido la modalidad que hemos tomado para resolver el cierre de los centros de enseñanza: primarias, secundarias y universitarias, para evitar la propagación del virus. Hace más de 20 años se construyó una modalidad mixta (presencial y a distancia) en la que el estudiante hace trabajo en solitario en su casa y el docente lo monitorea en el aula. Ya conocemos que las limitaciones técnicas y tecnológicas en sus hogares son también una dimensión de desigualdad. Esta barrera constituye una fragmentación social, así como también es sabido que de no ofrecer soluciones integrales se potenciará las diferencias ya existentes, haciendo cada vez más difícil el acceso a la educación, como derecho universal. Un privilegio para pocos y un acto discriminatorio para otros, fomentando la individualización y estableciendo esa muralla que hará cada día el mundo más injusto.
La educación a distancia tiene sus grandes protagonistas: alumnos y docentes, ambos actualmente débiles emocionalmente, lo que constituye un escenario poco favorable para el abordaje de este aprendizaje, lo que nos lleva a iniciar procesos internos para superar miedos, incertidumbres y ansiedades con el objetivo de lograr un más efectivo y placentero acercamiento a las plataformas virtuales.
Es sabido que no resulta igual interactuar presencialmente que de manera virtual. Hay procesos que afectan individualmente la sensibilidad de cada uno de los actores y es un acompañamiento emocional que debe prevalecer a la hora de enfrentarse al mundo en linea. Ese paso del aula a la frustración, hace al estudiante sentirse más solo frente a la pantalla. Esa es su nueva soledad.
El estudiante busca en la educación la relación directa con el maestro, con sus compañeros y de pronto esa realidad se evaporó para dar tiempo y espacio a las aulas virtuales, donde se contacta de manera diferente. Los alumnos han sido despojados de su estabilidad, de su capacidad de vincularse internamente con ese proceso de aprendizaje. Han perdido la alegría de verse en los ojos de sus compañeros mientras comparten sus deberes y juegos en el patio, mientras lanzan la pelota de papel.
Es un enorme desafío que puede tener consecuencias que afecta sus vidas. Se hace necesario crear espacios para interactuar fuera de las clases. Apoyarse en otras alternativas para hacer seguimiento al proceso y mantenerse más cerca de cada alumno. Crear grupos en redes para acompañar y evaluar al alumno. Tenemos casos de algunos maestros que superan la tecnología acercándose a casa de sus estudiantes.La escuela debe propiciar la creación de espacios dedicados a la atención médica, a la salud mental a fin de acompañarlos. Para muchos la escuela se cerró definitivamente y eso no debe ser.
Los maestros están rediseñándose para da, mediante la virtualidad, ese acto de vocación que es enseñar. Ha significado reconfigurar objetivos, contenidos, actividades y evaluaciones. Hay un gran vació de definiciones. Muchos se enfrentan a ese mundo virtual sin formación, otros son de avanzada y dan el paso sin dificultad.Es vital que reciban el entrenamiento necesario para trasladar sus contenidos a la virtualidad así como revisar continuamente las metodologías empleadas a fin de hacerlas acordes con el nuevo contexto.
El rol de ambos protagonistas debe ser cada día más participativo para hacer que esta modalidad perdure y sea más eficaz.Los tiempos virtuales son cada vez más breves así que debe haber adicionalmente un apoyo de herramientas como videos, fotografías, lecturas. El aula de clase es irremplazable, la educación virtual no es lo mismo pero se debe tratar de acercársele. La tarea de enseñar a pensar cobra cada vez más importancia en nuestra sociedad y se ha convertido en el objetivo de las escuelas. El pensar intenta llenar el vacío del ser, sostenía Descartes.
En la actualidad se están ofreciendo clases virtuales sin aplicar prácticas de fondo. Esto nos tomó por sorpresa, pero se requiere construir un diseño interdisciplinario, una didáctica virtual para concebir los tiempos de aprendizaje, modificar el rol del docente, trabajar tendencias educativas para impartir y evaluar el proceso en los alumnos y docentes. Países como Estonia, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, han liberado sus herramientas online colocándolas a disposición de la comunidad internacional para dar apoyo al aprendizaje a distancia.
Estamos asistiendo a un momento excepcional en la historia global. La idea es dar continuidad en este proceso de formación mientras vamos resolviendo las pandemias que nos afectan. Cuando la tormenta pase,ya no seremos los mismos de antes. Habremos experimentado otras maneras de vivir, de aprender, vivir y crecer. La resiliencia será nuestra aliada. Habremos superado las barreras geográficas y tecnológicas que nos dividen.
Desarrollaremos comunidades para buscar el bienestar común…
rosaltillo@yahoo.com




