El costo de oportunidad del efectivo

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

Entendemos el costo de oportunidad como la utilidad o el beneficio que se renuncia por elegir una alternativa sobre otra. En Venezuela en este momento los consumidores se confrontan a una decisión crucial, en el momento que deben cancelar  por la adquisición, consumo y disfrute de un bien o servicio según sea el caso; lo pueden hacer en efectivo o a través de la red de pago electrónico disponible en el país. En un contexto de elevada incertidumbre producto de niveles de inflación desbordada, escasez y desabastecimiento generalizado, controles de precios y de divisas fraudulentos, adicional a una primitiva estructura electrónica  para pago digital: el efectivo exhibe un costo de oportunidad inmenso.

Las políticas adoptadas por el gobierno y sus estructuras subordinadas tienen repercusiones, en consecuencia los actores económicos toman posición ante las medidas con la finalidad de minimizar los efectos de las mismas y para beneficiarse de las lagunas dejadas. El BCV de forma irresponsable emite dinero sin respaldo, impulsando una expansión monetaria que presiona los precios de los bienes y servicios. La liquidez monetaria a comienzos del presente año estaba en 10,5 billones de bolívares y para el 11 de agosto es 30,5 billones de bolívares, cifra que no tiene ninguna justificación. Con esa emisión inorgánica los precios crecen sin que el gobierno pueda hacer algo para evitarlo. La  Superintendencia de Bancos (SUDEBAN), estableció restricciones en el manejo del efectivo a través de los bancos. La realidad del circulante y las restricciones fijadas invitaron a los actores a acumular efectivo fuera del sistema bancario. Esta semana de manera tardía el Superintendente Bancario exhorta a los bancos a incrementar los montos para operaciones bancarias en cajeros, taquillas y transferencias. Lamentablemente el daño ya se había consumado y los bancos comienzan a tener dificultades para atender la creciente demanda de circulante por parte de los clientes. 

Con toda seguridad para Maduro y la Dictadura enquistada en la llamada Constituyente aparecerá un nuevo enemigo, quien en conjunto con la derecha apátrida y el imperio americano diseñaron una conspiración electrónica del dinero “virtual”, la cual es una variante de la moderna “Teoría de la Conspiración” y el “Nuevo Orden Mundial”. Para la Dictadura desde un ordenador manejado en el imperio se impone la tasa de cambio de referencia, acción que obedece a una estrategia para crear una crisis económica inducida artificialmente por los mercados financieros internacionales, en contra de la Patria de Bolívar y Chávez.

En un estado primitivo de soporte electrónico para el sistema de pago digital era previsible que la estructura colapsará; ante la ausencia de efectivo los consumidores utilizamos el dinero electrónico para realizar los pagos y en consecuencia la red tiende a fundirse. Las colas para realizar los pagos por vía electrónico son largas y todo indica que la situación se va a mantener hasta que se recupere la confianza en el sistema, y que la infraestructura de soporte bancario se fortalezca. La salida de la nueva familia de billetes no alivió el problema, por el contrario lo potenció, ya que es más rentable para los operadores especulativos del mercado, acumular en dinero de mayor denominación.  

Mientras el mundo evoluciona hacia nuevas formas de pago más rápidas, confiables y seguras, en Venezuela, por una visión anacrónica de un socialismo trasnochado, retrocedemos a sistemas de pago en desuso. El futuro necesita una banca más ágil y abierta, preparada para explorar opciones y gestionar un entorno que siempre tendrá un componente de incertidumbre e inestabilidad global, y se tendrá que adaptar a cambios y nuevas normas, a una mayor presión fiscal y a la situación política y social presente. En este contexto, la capacidad de innovar es fundamental, y la tecnología se convierte en el facilitador que permite incrementar los servicios a los clientes y adaptarse a los cambios con la velocidad que exige el mercado.

El gobierno revolucionario no propicia ni estimula el desarrollo de una banca que se ajuste a esa nueva realidad; por el contrario, la hace por improvisación o de manera deliberada, replegándose, anulando su competencia. Indudablemente con soportes tecnológicos tan frágiles los servicios prestados por los bancos en términos generales en Venezuela serán cada día peores. El gobierno de Maduro y su banda constituyente olvidaron que la economía está en el centro del modelo de convivencia y la desvincularon de los sistemas de protección social, de los pilares de Estado y el bienestar colectivo.

Apostamos a que tanta improvisación y tanto olvido no termine afectando al sistema bancario y financiero en su totalidad, hasta el colapso definitivo. Las crisis financieras se derivan de un conjunto de factores presentes en la economía y esperamos que la ligereza no se propague para evitar males mayores.

Los sistemas de pago constituyen una pieza básica para la actividad económica y financiera de un país y son la infraestructura a través de la cual se movilizan los activos en una economía. Intentar limitar la actuación del sistema de pago con restricciones gubernamentales produce las distorsiones presentes, por lo cual la idea de una conspiración es totalmente absurda. Lo que en realidad ocurre es una peligrosa ignorancia en materia financiera y de sistemas de información y comunicaciones. Lo que vivimos no es una película de espías y conspiraciones sino una larga, amarga y triste comedia de equivocaciones.

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