Por: German Rodriguez Bustamante…
Todo sistema sociocultural en general, y toda organización social que lo compone, está acoplado a un sistema normativo que posibilita, a la vez que es posibilitado, por el sistema sociocultural o por la organización social según el caso. La reproducción de las interacciones sociales se logra, especialmente, gracias a sus sistemas normativos, que son múltiples. Dentro de los variados sistemas normativos destacan, por su gran fuerza de motivación o inhibición de conductas, el sistema moral y el sistema jurídico; pero no son los únicos.
En este marco, Venezuela atraviesa una crisis profunda y multifactorial, se manifiesta como una pérdida de valores como la honradez, la responsabilidad y la justicia, que ha corroído el tejido social. Impulsada por una severa crisis económica, política y humanitaria, la cual ha derivado en impunidad, corrupción, delincuencia, facilitismo y una constante violación de normas éticas y constitucionales, afectando profundamente la convivencia familiar y ciudadana. La crisis moral es vista tanto como una causa como una consecuencia del colapso institucional y económico, requiriendo una reeducación integral basada en la ética y el bien común.
El pueblo venezolano le ha tocado vivir una violacion sistemática de sus derechos humanos y una negativa perspectiva de progreso. Investigaciones de las Naciones Unidas y destacadas organizaciones de derechos humanos han documentado patrones persistentes de represión estatal, que incluyen detenciones arbitrarias, tortura y malos tratos, persecución de opositores políticos e impunidad generalizada. La caída brutal del PIB cercana al 80 % entre el 2.013 y 2.021 es la muestra fehaciente de la destrucción de la perspectiva de futuro, ejecutadas por estos pichones dictadores tropicales. Durante ese periodo el país padeció de una fuerte contracción, impulsada por la caída drástica de la producción petrolera, hiperinflación, inestabilidad política y un colapso en los servicios públicos. En los años siguientes hasta la fecha se experimentaron chispazos de progreso, pero no suficientes para recuperar lo perdido.
Lo concreto es que la quiebra no es únicamente económica, también es moral, el costo humano es visible mucho más allá de las fronteras, según cifras de ACNUR casi 8 millones de venezolanos viven como refugiados o migrantes en el extranjero, lo que la convierte en una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo. Los documentos de coordinación humanitaria de la ONU subrayan que este desplazamiento se debe a la represión política, el colapso económico y el fracaso institucional, y que los países vecinos soportan la mayor parte de la carga.
Es totalmente legítimo criticar la coerción externa ilícita, visto las acciones realizadas por Estados Unidos a inicios de año, por considerarlas incompatibles con los principios fundamentales del derecho internacional. Sin embargo, la defensa de la soberanía no justifica que un sistema político en ejercicio del poder, someta a la población a la fuerza violando todos sus derechos. La hipocresía que perciben muchos venezolanos surge de ver a observadores internacionales invocar apasionadamente la soberanía en un contexto, mientras minimizan o ignoran otras relaciones externas que, en la práctica, han ayudado a afianzar el régimen autoritario, el aprovechamiento descarado de los recursos y la represión de la población. La soberanía no puede defenderse con credibilidad como escudo moral, para un aparato estatal al que los investigadores de la ONU han declarado responsable de violaciones sistemáticas y graves de los derechos humanos.
La crisis de Venezuela después del 3 de enero, no debe entenderse como una historia de resistencia heroica a un imperio, sino como una tragedia de instituciones capturadas, una gobernanza distorsionada de los recursos y alianzas externas que priorizan la supervivencia del régimen sobre el bienestar de los ciudadanos. Es fundamental que los venezolanos recuperen sus derechos, sustento para su autodeterminación democrática. La coyuntura demanda el apoyo en la presión para que se lleve a cabo la transición a la democracia, ya que la conducta del régimen deja muchas dudas sobre su disposición de permitirla.
Desde el punto de vista de los resultados, no hay lugar a dudas; la salida de Nicolas Maudro del control territorial y del ejercicio del poder de facto en Venezuela, es una noticia positiva para la estabilidad de América Latina. La perspectiva económica es positiva, ya que la posibilidad cierta de retornar a la democracia, ofrece mayores garantías y niveles de confianza para los inversionistas. El éxodo se paraliza de inmediato y el retorno de migrantes aliviará la carga social en los países receptores.
Hoy no es el día de la liberación definitiva de Venezuela, la misma llegará cuando el país cure sus instituciones de tanto daño moral realizado por estos revolucionarios. El deterioro realizado trasciende a lo económico, social y político la dimensión moral requiere esfuerzos educativos, para renovar valores y principios. A pesar que el momento que vive el país puede parecer extraño, derivado de los eventos en desarrollo, una tutela que a veces no se observa tan fuerte y una subordinación no tan obediente, lo concreto es que si existe una supervisión del gobierno americano y una docilidad de quienes ejercen el poder temporal en el país. Señales existen a lo mejor no las demandadas por la sociedad, pero las tres etapas del plan Trump avanzan: las reformas en el terreno petrolero, el cierre de misiones y la liberación de presos políticos son muestra que permiten abrigar esperanza y perder el miedo a reclamar por mejores condiciones de vida. Y sería injusto, incluso moralmente cruel, negar ese alivio después de años de sufrimiento.
@germanrodri
23-02-2026
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