Por: German Rodriguez Bustamante…
La CEPAL proyecta para 2.026 un crecimiento económico moderado del 2,3 % en América Latina y el Caribe, marcando cuatro años consecutivos de bajo dinamismo, entre 2,3 y 2,4 %. El crecimiento se ve limitado por desafíos estructurales, con una proyección de 2,4 % para América del Sur y 1,7 % para América Central y México, y un mayor dinamismo en el Caribe. La región enfrenta desafíos estructurales de larga data, baja inversión y poco dinamismo en el mercado laboral, lo que limita una expansión más acelerada. Según informes de abril 2.026, Venezuela lidera la expansión en Sudamérica tras un periodo de rebote, aunque con retos persistentes en inflación y dependencia petrolera. Previo al 03 se pronosticaba un crecimiento del 6 %, luego de los acontecimientos del 03 de enero, la estimación está por arriba del 10 %.
El problema fundamental que impide que América Latina crezca de forma sostenida, más allá de si los precios del petróleo o las materias primas suben o bajan, son las limitaciones estructurales. Lamentablemente la baja productividad es el inconveniente principal, no es suficiente la disponibilidad de recursos naturales en abundancia. Expresada en una baja adopción tecnológica, las empresas especialmente las PYMES tienen dificultades para integrar procesos digitales y automatización. Por otro lado el uso de mano de obra poco calificada, existe una desconexión entre lo que el mercado laboral exige y lo que los sistemas educativos ofrecen.
A la baja productividad se agrega un tejido productivo o industrial poco diversificado. Centrada la actividad en la exportación de productos primarios, convirtiendo a los ingresos derivados, en presa de las volatilidades de los precios internacionales. La paradoja de la exportación de materias primas y la importación de tecnología, construida con los insumos enviados. Esto se traduce en una muy baja agregación de valor de las cadenas productivas. Mención especial se debe hacer al papel de las universidades en este esquema, el cual requiere la capacitación y formación de personas y profesionales para trabajos de calidad y valor agregado.
La inversión es otro elemento esencial en esa debilidad estructural, la región dedica únicamente el 20 % del PIB para apalancar proyectos, siendo la más baja del mundo. Por otro lado, una estructura de servicios como: aeropuertos, puertos, carreteras, electricidad, agua y conectividad vulnerables o frágiles hacen costoso el comercio. Y para complicar un poco más las posibilidades, en algunos países los cambios frecuentes en las reglas de juego frenan la llegada de capitales a largo plazo.
Vinculado con la estructura la debilidad institucional y fiscal afecta las condiciones para el desarrollo, una alta informalidad laboral reduce la recaudación limitando la reinversión en áreas prioritarias o motores para el desarrollo como educación y salud. La carga financiera de deuda pública absorbe parte importante de recursos, que deberían utilizarse en iniciativas productivas, en algunos países limitados para acceder a fondos nuevos por estados de atraso de sus acreencias. El desafío estructural es transformar la matriz energética hacia renovables sin destruir empleos tradicionales en sectores como el carbón o el petróleo.
Para Venezuela los desafíos estructurales identificados por la CEPAL son particularmente más profundos, ya que el país intenta estabilizarse tras una contracción histórica cercana al 75 %. En el caso de la estructura industrial el reto es recuperar la capacidad instalada existente, antes de pensar en crecer. El país a lo ancho y largo de su territorio, muestra cementerios de empresas y parques industriales abandonados. Adicional para la recuperación es fundamental la adecuación tecnológica, muchas de estas estructuras son totalmente obsoletas e ineficientes y sin el personal adecuado para abordar el plan de recuperación, por la migración masiva de profesionales y técnicos especializados en sectores críticos como petróleo y electricidad.
La dependencia de la renta petrolera histórica y la orientación futura de mantenerla por lo menos en el corto plazo, hace la economía muy vulnerable a las fluctuaciones de los precios del petróleo y el gas, así como expuestas sanciones que disminuyen drásticamente el presupuesto nacional. Otra barrera es el tamaño de la economía que impide el desarrollo de proyectos grandes en agricultura o industriales, sin la renta petrolera. Amén de los efectos devastadores de una corrupción desbocada y con total impunidad.
Servicios públicos irregulares e ineficientes impiden el establecimiento de jornadas de trabajo por turnos para mantener producción continua. De igual manera suministro de combustible insuficiente para distribuir los productos de zonas geográficas de producción a áreas de consumo.
El desafío institucional es enorme, existe un acceso limitado a organismos internacionales de financiamiento por desconfianza y oscuridad en la gestión, en consecuencia no existen recursos públicos para financiar macroproyectos de infraestructura. palancas que están disponibles pero exigen un cambio de gobernanza, adecuada la misma a esquemas modernos de transparencia y rendición de cuentas, sujetos a mecanismos de auscultación ciudadana. La inflación persistente convertida en enfermedad, siendo un impuesto que cancelan todos los ciudadanos, pero en condiciones diferentes afectando a los más vulnerables, profundizando las desigualdades.
@germanrodri
27-00-4-2026
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