Crónica desde el Ávila: ¿A quién creerle?

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…

Vivimos en la expansión de la cultura digital que convierte a cada ciudadano en periodista, crítico y maestro de la historia. El problema es que la hiperinformación, la inflación de datos muchas veces contradictorios encuentra a los ciudadanos desprovistos del necesario discernimiento para separar el trigo de la paja, o sea, de la manipulación de grupos interesados en sembrar discordia y confusión. Que los hijos de las tinieblas son más astutos que los de la luz es claro. A pesar de todos los esfuerzos positivos en el campo comunicacional es débil y tardía en ocasiones, la promoción de la verdad. Quien pica primero genera una matriz que es difícil de quitar y son muchos los ingenuos que quedan más confundidos y sin palabra ni pensamiento claro ante tanta avalancha de información.

Lo negativo y escandaloso vende mejor y rápido mensajes que se reducen al conflicto, a la confrontación y a la imposición del más fuerte. La conversación pública parece haberse reducido al conflicto, a la confrontación constante y a quién contestó más fuerte. Y en medio de ese clima, muchos se sienten atrapados dentro de una alarma permanente. Esto no es nuevo, recuerdo que cuando existían periódicos escritos entre nosotros, los buhoneros o los kioscos de revistas privilegiaban poner la última página de los rotativos donde figuraban lo escandaloso y las malas noticias.

Según estudios de especialistas este cúmulo de noticias extravagantes y muchas veces interesadas y alejadas de la realidad producen en buena parte de la población tensiones y crisis que alteran el sistema nervioso y la calma necesaria para asumir las situaciones complejas de la vida cotidiana. Cada vez cuesta más distinguir quién informa, quién opina, quién simplemente amplifica ruido y, sobre todo, cuál es la voz más confiable para escuchar o leer.

No se trata de buscar responsables fuera de nosotros mismos. Sin duda que los poderosos, sean políticos o empresarios, o los fanáticos de toda índole que manejan cuantiosos recursos invaden el mundo de las redes y de los medios tradicionales, arrastrando a la población a ocuparse de lo que no tiene arte ni parte. Como señala un experto “Cada vez cuesta más distinguir quién informa, quién opina, quién simplemente amplifica ruido y, sobre todo, cuál es la voz más confiable para escuchar o leer. La dificultad es que cada vez consumimos más reacción y menos contexto. Con el hantavirus, la discusión gira alrededor del miedo y qué gobierno acepta o rechaza a los infectados. Mientras tanto, la información médica confiable queda relegada”.

¿Qué hacer? ¿Aislarnos, desconectarnos? La salida no pasa por vivir menos informados, sino por recuperar criterio frente al exceso. Elegir mejor las fuentes de información y no prendernos a las reacciones que desatan los conflictos. La formación en lectura crítica se hace más necesaria cada día para no actuar como dóciles borregos que vamos detrás de quien nos manipula a su antojo. Los programas existentes desde la formación integral cristiana son una buena herramienta que lamentablemente llega a muy pocos. Ser dueños de nuestra ser pasa por la educación en este campo. Lo que se haga en este sentido será siempre poco para que seamos rectores de nuestra vida y de nuestro actuar. En la situación de incertidumbre que vivimos en nuestra patria este programa es prioritario para que la salud mental no nos lleve por derroteros depresivos sino por la asunción de los problemas con garbo y valentía para abrir nuevos caminos a la fraternidad que nos salve de tanto depredador de nuestra cultura más abierta al careo sin llegar a la violencia que solo nos lleva a la muerte.

26-26 (3749)27-05-2026