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lunes, agosto 31, 2026

Crónica desde el Ávila: Constructores de la paz y la fraternidad

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…

El año santo jubilar 2025 debe estar caracterizado por la esperanza que no declina. La esperanza en Dios. Que nos ayude también a recuperar la confianza necesaria, -tanto en la Iglesia como en la sociedad-, en los vínculos interpersonales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto de la creación. Que el testimonio creyente pueda ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos y tierra nuevos donde habite la justicia y la concordia bajo la certeza de la promesa del Señor.

Para los venezolanos, el 19 de octubre no es una fecha más, ni la celebración sin más de la canonización de los dos primeros santos con dimensión universal nacidos en nuestra tierra. El auténtico jubileo hay que vivirlo como uno de los grandes motores del proyecto social y religioso que tuvo a Israel como su primer connotado. Tiene que serlo, hoy, también para nosotros como la memoria del Éxodo: rompimiento de las cadenas de la esclavitud, el ejercicio de la libertad que perviva en el entramado de la vida cotidiana, impidiendo que la opresión y la desigualdad se instalen permanentemente. Que sepamos entrelazar el perdón divino con el perdón humano rompiendo las cadenas de quienes están injustamente perseguidos, acosados o tras las rejas. El jubileo sigue desafiando nuestras estructuras sociales y personales, porque nos recuerda que la tierra, el tiempo, y las personas pertenecen en último término a Dios.

José Gregorio y Madre Carmen son espejo de esa exigencia. Más allá de las anécdotas de sus vidas, cada gesto, cada iniciativa, cada dificultad en la que se encontraron son un llamado a asumirlos en el hoy conflictivo de nuestra patria. José Gregorio, entre otras, nos enseña que en el diálogo permanente con los demás, no importa que difieran de nuestros pensamientos y acciones, son el camino para el progreso y para la salud del pueblo sufriente. Es la mejor lección de su vida. En estos momentos en los que se privilegia el conflicto y la división, su vida cobra fuerza y actualidad. También José Gregorio fue artífice de la paz, no en una actitud complaciente sino en la asunción de los males como propios señalando a quien sea que es una responsabilidad ineludible para la paz y la justicia.

Por su parte, Madre Carmen es ejemplo actual de superación de nuestras debilidades y carencias. Haber nacido sin un brazo la llevó a superar escollos para realizar su vida, sin amarguras, al contrario, viendo en ello una oportunidad para la superación. Hoy, cuando proclamamos la atención al discapacitado, cuando no debemos apartar a quien tiene alguna deficiencia física o mental, que no sea un simple anhelo de echar a un lado, a la cuneta, a quienes no gozan de vida plena. Su amor a la eucaristía, la llevó a ver en la educación integral de la juventud el camino de la justicia y la igualdad. Qué falta de coraje tenemos cuando nos hundimos en una educación edulcorada y raquítica que no permitirá que la juventud de hoy sea mañana protagonista robusta de la vida social.

Ambos santos nos invitan a ir más allá de las celebraciones que están programadas. Ellas deben ser el aliento, el oasis que nos haga tomar impulso y nuevos bríos para el futuro inmediato que no nos puede encontrar como los flojos tesalonicenses sentados en el portal de sus casas esperando que llegue la parusía. El bien común se construye entre todos, metiendo el hombro a la necesaria transformación de nuestra sociedad enferma de falta de oportunidades, de acorralamiento a las iniciativas que en la pluralidad de opciones nos hagan a todos partícipes en el desarrollo integral de la sociedad venezolana.

Como creyentes tengamos conciencia de planificar el futuro inmediato. No podemos dejarlo todo a la improvisación, al vamos viendo sin brújula ni proyecto. Que cada comunidad creyente reflexione, discierna, se prepare, se forme, en equipo con la mirada puesta en Jesús pero con los pies en el suelo que nos sirve de trampolín para superar las muchas lacras que arrastramos. Seamos peregrinos de esperanza, que nos desafía a combatir toda forma de esclavitud o marginación y nos consuela al recordarnos que la misericordia de Dios no deja de anunciar un presente de liberación para todos. Así el DOMUND de este año será junto a la canonización de nuestros queridos santos un llamado a ser misioneros, a salir de nosotros mismos y a ser recolectores de las semillas que nuestros santos sembraron para que las esparzamos en el pedazo de tierra de nuestra vida cotidiana.

59-25(4569)

17-11-25

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