Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…
Hace 400 años llegaron los primeros jesuitas a la región de Igauzú, cercana a las cataratas del río del mismo nombre que se extendió en una inmensa región desde lo que es hoy el norte argentino pasando por Bolivia, Paraguay y Brasil. Fue iniciativa de San Roque González de Santa Cruz quien recorrió aquella zona y señaló a sus superiores la necesidad de fundar una reducción. Los primeros en llegar fueron los sacerdotes de la Compañía Diego de Boroa y Claudio Ruyer. María Angélica Amable autora del libro «La reducción de Santa María del Iguazú”, afirma que «fue una epopeya religiosa, cultural y social difícilmente igualable. Durante más de 150 años, centenares de jesuitas, venidos de Europa o nacidos en América, entregaron su vida para la evangelización de los guaraníes». La extraordinaria película “la misión” popularizó, mejor dio a conocer al público en general la gesta evangelizadora y cultural de las reducciones, iniciativa original y extraordinaria que todavía persiste en varias localidades bolivianas con la misma organización dejada por los hijos de San Ignacio.
«La espiritualidad jesuítica marcada por la centralidad de Cristo, único Salvador de los hombres, preocupada por la dimensión social de esta salvación, y la búsqueda de la ‘tierra sin mal’ propia de los guaraníes, confluyeron de modo admirable para la formación de estos pueblos jesuíticos guaraníes. Treinta pueblos fueron finalmente fundados en el sur de la provincia de Misiones, en Paraguay y Brasil. Más de noventa mil guaraníes vivían en ellos cuando los jesuitas fueron expulsados del reino de España y, por tanto, también de las misiones». «Durante casi dos siglos se realizó esta inmensa y sumamente beneficiosa obra de evangelización. Muchas generaciones de guaraníes nacieron, crecieron, formaron sus familias y vivieron la fe cristiana en estos pueblos que fueron creciendo y consolidándose a lo largo del tiempo», señaló el actual obispo de Igauzú recordando tan feliz efemérides.
Los jesuitas supieron suscitar en los caciques guaraníes, que vieron en estas misiones un modo de mejorar la vida de sus tribus. El peligro de los bandeirantes portugueses y brasileños, que buscaban nativos para venderlos como esclavos, también ayudó a que los guaraníes quisieran vivir en los pueblos jesuítico-guaraníes que se estaban formando. El afán del rey Carlos III en no permitir sombra de nadie y mucho menos de los jesuitas los expulsó de los reinos de España truncando así una de las mejores muestras de la evangelización pacífica con respeto a las tradiciones de los aborígenes, testimonio presente para la creatividad pastoral en tiempos de cambio de época. Tuvimos la dicha en la preparación de la primera visita de Juan Pablo II a Venezuela, por iniciativa del Padre Hermann González Oropeza sj, ofrecer un concierto sacro con la música del jesuita Domenico Zipoli maestro de la música barroca adaptada y ejecutada por los indios de aquellas reducciones.
Conozcamos y hagamos memoria de lo que hicieron nuestros misioneros y evangelizadores para quienes los indígenas de nuestro continente fueron los protagonistas de su vida integrando su cultura con las exigencias de la cultura hispana de la época.
25-26 (3287) 20-05-2026



