Crónica desde el Ávila: Las cofradías y hermandades evangelizan

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…

Hay que preguntarse, entre otras inquietudes, qué se puede hacer para darle continuidad a las canonizaciones de nuestros dos primeros santos. Interrogantes sobran y posibilidades reales también. Una de ellas es engancharnos en una realidad presente en nuestro continente y en nuestra patria desde siglos: la presencia de las cofradías.

Hay que distinguir entre los movimientos laicales que han florecido y crecido en la actualidad. Tienen un sello particular y unas exigencias a la medida de las inquietudes de sus miembros. Pero, en la complejidad de la vida moderna toman puesto importante las sencillas cofradías o hermandades en torno a una devoción particular. Qué mejor que se formen bajo la protección de José Gregorio o de la Madre Carmen.

La tradición latinoamericana reivindica “el papel noble y orientador que ha jugado la religiosidad popular, que ha contribuido a hacernos más conscientes de nuestra condición de hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante, las diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo” (Aparecida 37). Es el precioso tesoro de la Iglesia en América Latina. “Esta manera de expresar la fe está presente de diversas formas en todos los sectores sociales, en una multitud que merece nuestro respeto y cariño, porque su piedad refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer” (Aparecida 258). El Concilio Plenario de Venezuela subraya que “los valores de solidaridad, acogida, afabilidad, cristalizan en obras de caridad y servicio a los más necesitados provienen de la herencia de la cultura cristiana venezolana” (ECV 38).

Muchas personas de cualquier edad tienen el tiempo copado por tantas obligaciones y compromisos. La elasticidad en la vivencia de las cofradías permite una mayor permeabilidad en la expresión de la fe, con manifestaciones públicas como las procesiones, en tiempos fuertes para la preparación en lo doctrinal y en las iniciativas de compromiso social con alguno de los campos más urgentes de atención esmerada como son el campo sanitario y el educacional.

Esto es lo que el mundo necesita ver: comunidades que saben mirar juntas a Cristo y transforman la realidad al estilo del Evangelio», que se proyectan de manera visible y atraen a propios y extraños por la riqueza y belleza de lo que son capaces nuestras gentes. Salir en procesión por las calles, dirigirse en peregrinación a los santuarios de nuestros santos, son un aliciente y una manera muy propia y sencilla de evangelizar y de evangelizarnos. El jubileo de las cofradías y hermandades en este año santo son expresión de la variedad de formas en las que personas, hombres, mujeres, jóvenes, niños, expresan su fe sin complejos en los que muestran no solo lo espléndido de sus pasos procesionales sino que enganchan con las necesidades concretas que se ayudan a lo largo del año. «Ser cofrade es dejar que el Evangelio entre en nuestro corazón para reordenar la vida»; el gesto exterior de peregrinar supone entrar en la misericordia de Dios con corazón humilde y agradecido.

Una muy bella iniciativa que podemos iniciar a partir de las canonizaciones venezolanas es prolongar las virtudes de nuestros santos en la procura de una vida más comprometida con el Evangelio y con nuestro pueblo. Abundan las carencias que podemos atender. Y se abre un compás para que quienes tienen diversos compromisos que le impiden dar más de lo que se desea, formando junto con otras personas esta forma tan tradicional y a la vez tan actual de vivir la fe católica en la convulsionada Venezuela que anhela un escenario más pacífico y fraterno para que el progreso integral llegue a todos.Ser cofrade no es pasear un signo o mostrar un estandarte o medalla sino confesar con la vida a Cristo humilde y servidor en la huella de José Gregorio y/o de Madre Carmen. Multipliquemos estas nuevas cofradías para que el río de gracias se desparrame en toda la extensión de nuestra patria.

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