Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…
El profeta Zacarías en el capítulo 9 nos describe en tiempos de guerra que el camino de la paz no llega en carros de guerra ni en fogosa caballería. El anuncio de la paz a las naciones llega con el rey montado en un humilde burrito, animal de carga y corcel de la gente sencilla y trabajadora. Este texto puede ser una buena parábola para entender el pensamiento y la acción de los papas del siglo XX hasta nuestros días. Nunca se habían firmado pomposas promesas ensalzando la paz por los poderosos de la tierra, pero tampoco nunca como ahora la guerra parece ser parte de la cotidianidad. No faltan los conflictos ni importa quienes están librando las guerras. Todos los papas han condenado la violencia y la guerra tratando de promover la resolución pacífica de los distintos conflictos. Trabajar juntos para superar las barreras que impiden el alto al fuego y prioricen la dignidad de la persona humana ha sido el llamado incesante que conduzca a la paz y a le equidad entre los pueblos.
Benedicto XV (1914-1922) fue llamado el Papa de la paz por los esfuerzos que hizo desde el inicio de su pontificado para detener el conflicto y promover la reconciliación entre los nacionalismos en pugna. La paz injusta solo genera mayores conflictos. La guerra es una masacre inútil y la primera guerra mundial dejó millones de muertos y heridos. En su encíclica “Pacem Dei munus” (1920) una vez firmada la paz insistió en la restauración cristiana de la paz para buscar en la justicia y la caridad el cese de los odios.
Pío XI (1922-1939), papa en la tensa y precaria paz entre las dos conflagraciones mundiales le imprimió a su pontificado la búsqueda de la paz a través de la restauración social y espiritual de Cristo como el mejor garante de los tratados políticos. En medio del laicismo, comunismo y nazismo planteó la paz en la justicia, la caridad y la fe. Así hay que entender la proclamación de Jesucristo Rey del universo, la promoción del laicado a través de la Acción Católica como actores en el campo político y social, la resolución de la llamada cuestión romana con la firma del Pacto de Letrán (1929) poniendo fin al conflicto entre Italia y el Vaticano. A ello hay que añadir su condena de las ideologías ante la problemática con la Alemania Nazista y la guerra cristera en México y la búsqueda de la justicia económica en los cuarenta años de la Rerum Novarum con su encíclica “Quadragesimo Anno”.
Pío XII (1939-1958). A los seis meses de su elección comenzó la segunda guerra mundial. Intentó frenar la escalada bélica declarando que “nada se ha perdido con la paz; todo puede perderse con la guerra”. Su lema pontificio reflejó lo que intentó durante su pontificado. “la paz es fruto de la justicia”. La neutralidad vaticana, pues la Italia de Mussolini era partidaria de Hitler, sirvió para trabajar, ocultar y encontrarle salida a muchos perseguidos, entre ellos, los judíos y poder con la ayuda humanitaria salvar muchas vidas. La apertura de los archivos vaticanos ponen en claro su dedicación a salvar vidas, asunto que ha tenido detractores que la historia ha ido aclarando. Son famosos sus radiomensajes, medio a través de los cuales abogó por la paz, el entendimiento y el fin de las hostilidades. Finalizada la guerra en su encíclica Optatissima pax (1947) afirmó: “Es necesario que, finalmente, comprendan todos que no se pueden conseguir de nuevo los bienes perdidos, ni conservar os que peligran, mediante las discordias, los tumultos y las matanzas entre hermanos, sino solamente mediante la laboriosa concordia, la mutua comprensión y el trabajo pacífico”.
Juan XXIII (1958-1963) el Papa bueno, antes de ocupar la sede de Pedro siendo nuncio apostólico en Turquía con valentía y arrojo protegió la vida de muchos, entre ellos, de un numeroso grupo de niños judíos. Su carta encíclica Pacem in terris dirigida no solo a los católicos sino a todos los hombres de buena voluntad (1963) es su documento póstumo que mantiene actualidad. La paz se fundamenta en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. En la Guerra Fría de aquellos años intervino para evitar una guerra nuclear en la crisis de los misiles en Cuba (1962) que presagiaba lo peor para el mundo entero. Abogó por el diálogo y la negociación sobre la fuerza. Fue un convencido de la capacidad de conversión del ser humano má allá de las diferencias ideológicas predicando la comprensión mutua entre los pueblos.
Pablo VI (1963-1978). En las dos décadas de su pontificado fue un defensor de la paz como parte integral de su misión pastoral. La paz no es solo ausencia de guerra, sino el fruto de un orden basado en la justicia, la verdad y la libertad, no en la fuerza. Instituyó la jornada mundial de la paz todos los primeros de enero de cada año desde 1968. Fue el primer papa en viajar al continente americano a la sede de las Naciones Unidas (1965) donde pronunció un vibrante discurso en el que repitió ante los jefes de Estado la frase que se hizo famosa: «¡Nunca más la guerra!». El desarrollo es el nuevo nombre de la paz denunciando la carrera armamentista. La encíclica “Populorum progressio” (1967) y la exhortación apostólica “evangelii nuntiandi” (1975) son dos documentos claves de su pontificado que han influido en el desarrollo de la doctrina social de la Iglesia, siendo asumidas por el magisterio latinoamericano en Puebla (1979) y documentos posteriores.
Juan Pablo II (1978-2005). Su origen polaco bajo la dominación soviética marcó como un sello el ser un incansable promotor de la paz mundial. No hay paz sin justicia y no hay justicia sin perdón fue de sus máximas. Sus innumerables visitas a países y los encuentros con diversos grupos sociales, políticos y religiosos lo convirtieron en un promotor incansable por la unidad de los pueblos, la libertad y el desarme. La guerra es una aventura sin retorno fue uno de sus lemas. En los mensajes para la Jornada Mundial de la Paz en los largos años de su pontificado hay un material de primer orden para seguir su pensamiento sobre el tema de la paz. En su discurso al Cuerpo diplomático (2003) afirmó: “La guerra en sí misma es un ataque contra la vida humana, ya que trae consigo sufrimiento y muerte.”
Benedicto XVI (2005-2013). La voz de Jesús nos muestra que fue siempre un hombre de paz. Siguiendo los mensajes de la Jornada de la paz durante los años de su pontificado podemos seguir su pensamiento y acción sobre el tema. La paz es un don de Dios que se basa en la verdad sobre Dios y sobre el hombre. La ecología y la paz, la lucha contra la pobreza y las bienaventuranzas fueron parte de su pensamiento.
Francisco (2013-2025).La guerra es una locura y siempre se pierde, es destructiva y no trae soluciones. Hay que construir la paz artesanalmente, es una tarea diaria que requiere diálogo y tender puentes y no muros. Debe tener como prioridad los vulnerables a quienes hay que poner en el centro de todos los conflictos y no a los detentores del poder. Las religiones tienen un papel fundamental en esta materia. Su ultima iniciativa, el año jubilar de la esperanza es una virtud que nos encamina a la paz. Sus viajes estuvieron movidos por la atención a las periferias y a los olvidados.
León XIV. La paz ha estado como prioridad de su pontificado, afirmando la necesidad de una paz desarmada y desarmante en medio de los conflictos del mundo. El diálogo priva sobre la fuerza y la diplomacia debe trabajar discretamente para desarmar a las partes en conflicto. La paz es central dentro y fuera de la Iglesia. En su primera audiencia al cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano insistió en las tres palabras claves que constituyen los pilares de la acción misionera de la Iglesia y de la labor de la diplomacia de la Santa Sede: la paz que no es mera ausencia del conflicto. La justicia, tarea de los gobiernos para construir sociedades civiles armónicas y pacíficas. Y la tercera clave, la verdad. La Iglesia no puede nunca eximirse de decir la verdad sobre el hombre y sobre el mundo, recurriendo incluso a un lenguaje franco, nunca separada de la caridad.
Estos mensajes de los Papas más recientes no son un simple consejo sino un llamado a ponerlos en práctica. La cultura venezolana aboga por la solución de los problemas sin recurrir a la violencia pero con la valentía necesaria para no dejarnos manipular por quienes con la represión y el miedo pretenden robarnos la paz del corazón y la esperanza de una vida más equitativa y fraterna.
21-26 (8491) 13-05-2026



