Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…
Transcribo el artículo publicado en la prensa italiana acerca de la beatificación de tres sacerdotes mártires por la defensa y acompañamiento a las personas buscadas por las tropas nazifascitas al final de la segunda guerra mundial. Su relación con la masacre de la Cartuja de Lucca, acaecida en esos mismos días, pone en acto la necesidad de llevar adelante la causa de martirio de los monjes de aquel monasterio en el que estaba el venezolano Salvador Montes de Oca/Fray Bernardo María que nos toca muy de cerca y debe ser interés nuestro reconocer que quienes por fidelidad a su condición de creyentes, la atención a quienes lo necesitan, máxime en situaciones límites, es clara manifestación del acompañamiento al que sufre, y morir junto a ellos, no tiene otra explicación sino la de ser un ejemplo para las actuales generaciones de hasta donde llega la vivencia cristiana en medio de la violencia absurda contra la dignidad de la vida de las personas.
Leer lo que sigue es un claro llamado a lo que nos toca hacer para que la causa de los monjes de Lucca sea también ofrenda de la vida en la lógica evangélica del Buen Pastor que da su vida por sus ovejas.
¿Qué tiene que decir a nuestro tiempo la beatificación de los sacerdotes mártires de Monte Sole? ¿Qué indicación ofrece a los cristianos llamados hoy a habitar un mundo marcado por guerras, divisiones y violencia? Es una pregunta que acompaña a la Iglesia de Bolonia en la víspera de la beatificación de don Ubaldo Marchioni, don Elia Comini y el padre Martino Capelli, asesinados durante las masacres nazistas de Monte Sole y reconocidos mártires in odium fidei (por odio a la fe). El domingo 27 de septiembre a las 16:00, en la Basílica de San Petronio, se celebró la Misa de beatificación presidida por el delegado pontificio, el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio de las Causas de los Santos, y concelebrada por el cardenal Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana -CEI-, junto a otros obispos y sacerdotes, entre ellos el padre Carlos Luis Suárez Codorniú, superior general de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, y don Fabio Attard, rector mayor de la Congregación Salesiana.
«La memoria de los sacerdotes mártires de Monte Sole -dijo el cardenal Zuppi- no pertenece solo al pasado, sino que se abre al futuro. Es una luz que puede acompañar el camino de nuestra Iglesia y de nuestras comunidades, indicando a todos la vía exigente y hermosa de la fraternidad, de la paz y de la fidelidad. El testimonio de quienes eligieron quedarse con su propia comunidad nos interpela profundamente también a nosotros. Nos pide elegir la paz con decisión, unirnos con todas nuestras energías a quienes, en el mundo, se comprometen a desarmar los corazones y las manos. Nos invita a desactivar la hostilidad con el diálogo, a custodiar juntos la verdad y el perdón, la justicia y la misericordia».
Los tres sacerdotes mártires se suman al beato Giovanni Fornasini, asesinado también durante las matanzas nazis y beatificado en 2021. En los últimos años, el cardenal Zuppi ha contribuido a situar de nuevo a Monte Sole en el centro de la conciencia civil y eclesial, no solo como un lugar de memoria, sino como un mensaje para el presente. En agosto de 2025, entre las ruinas de Casaglia, leyó los nombres de los niños israelíes y palestinos asesinados a partir del 7 de octubre de 2023 en Gaza. El 12 de agosto de 2026 encabezó allí una vigilia de oración por la paz y la justicia en Tierra Santa, vinculando las masacres de Monte Sole con los sufrimientos contemporáneos en Medio Oriente. Monte Sole se ha convertido así en el lugar donde las víctimas del ayer se encuentran con las de hoy.
El padre Paolo Barabino, superior de la Pequeña Familia de la Anunciación -que custodia la presencia fundada por Dossetti en Monte Sole- destacó cómo esta beatificación habla directamente a nuestro tiempo: «La historia de los tres sacerdotes mártires plantea una pregunta actual: ¿cómo vivir como cristianos dentro de la violencia de la historia? ¿Qué testimonio ofrecer cuando el conflicto y el odio parecen prevalecer? También por este motivo la beatificación tiene mucho que decir a los hombres y mujeres de hoy. No se trata solo de reconocer lo ocurrido durante las masacres de Monte Sole, sino de comprender el significado de una presencia cristiana capaz de permanecer al lado de las personas en los momentos más dramáticos». De la misma opinión es el historiador de la Iglesia Alberto Melloni quien, interviniendo en una conmemoración de don Elia Comini organizada por las ACLI de Vergato (Bolonia), su pueblo natal, recordó cómo el joven salesiano eligió permanecer cerca de sus fieles hasta el final, evocando idealmente el gesto del cardenal Pierbattista Pizzaballa, -recientemente nombrado ciudadano ilustre de Bolonia-, quien se ofreció para la liberación de los niños israelíes secuestrados tras el ataque de Hamás. «La beatificación de los sacerdotes asesinados es una alegría, pero también un reconocimiento: quienes fueron asesinados por el mismo odio fueron los pastores y el rebaño, a cuyo martirio se unieron. El signo del martirio es una gracia a un precio elevado: cualquier ligereza es una blasfemia, pero hay una asimilación al Cordero que solo es visible para los mansos y los puros de corazón. Por eso leemos poco y mal este signo».
También monseñor Stefano Ottani, exvicario general para la Sinodalidad de la archidiócesis de Bolonia y comprometido en el proyecto de la Casa de la Paz, reconoce la gran actualidad de esta beatificación, que «reside en la pregunta que nos plantea a cada uno de nosotros: ¿cuál es hoy la forma de la presencia de la comunidad cristiana en los lugares de conflicto?». A Ottani le llama la atención el hecho de que los tres sacerdotes tuvieran sensibilidades y posturas diferentes ante los acontecimientos de su época. «Y sin embargo, los tres serán proclamados mártires y beatos. Esto nos dice que la presencia de la Iglesia no está determinada por una pertenencia ideológica o una elección política, sino por la obediencia al Evangelio. Aún hoy conmueve su valentía: ir ante las SS para pedir piedad por sus feligreses, elegir no huir, permanecer al lado de sus comunidades hasta el final; una indicación clarísima también para nuestro tiempo. El testimonio cristiano, incluso cuando parece sucumbir a la violencia, siembra semillas destinadas a florecer con el tiempo».
Entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre de 1944, la zona de Monte Sole, una localidad colinar de los Apeninos boloñeses, fue escenario de una de las masacres de civiles más graves cometidas por las tropas nazis en Italia, que golpeó duramente a las comunidades de Marzabotto, Grizzana y Monzuno. Don Ubaldo Marchioni, párroco de Casaglia y San Martino di Caprara, permaneció al lado de sus fieles hasta el último momento y fue asesinado en la iglesia de Casaglia junto a numerosos civiles. Don Elia Comini, salesiano originario de Calvenzano di Vergato, se unió voluntariamente a un grupo de prisioneros acorralados por los alemanes para brindarles asistencia espiritual e intentar salvarlos; compartió su suerte y fue fusilado con ellos. El padre Martino Capelli, religioso dehoniano, permaneció cerca de la población afectada por la violencia nazi y fue asesinado durante la matanza.
Para comprender el significado histórico y humano de aquellos hechos sigue siendo fundamental la lectura de “Las encinas de Monte Sole” (Le querce di Monte Sole), de Monseñor Luciano Gherardi, quien fue compañero de escuela y de seminario de don Ubaldo Marchioni. A través de testimonios directos y una rigurosa reconstrucción histórica, la obra devuelve el rostro a las víctimas y el contexto en el que maduró su elección de fidelidad y servicio. En la introducción, Giuseppe Dossetti, quien eligió fundar su comunidad en esos lugares, define la Resistencia como «una rebelión interior contra toda prepotencia y toda violencia convertida en sistema (…), un desafío del amor al odio, de la fe a la desesperación y de la vida a la muerte».
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