Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…
Una de las exposiciones temporales en el Museo del Prado del 2025 lleva por título “Tan lejos, tan cerca. Guadalupe de México en España”, un viaje artístico, histórico y cultural a través de la influencia de la imagen guadalupana en España. Tengo en mis manos el hermoso catálogo que me obsequió D. Mariano Vélez, sacerdote y artista, amante y entendido en el arte de la pintura y la restauración.
Las numerosas imágenes de la Virgen mexicana poblaron todos los rincones del imperio español en una simbiosis de lo religioso con lo cultural y la dimensión trascendente como mensaje divino que unía los intereses de ambos continentes. “La Guadalupana es una imagen que se propagó masivamente, como ninguna otra en España, Italia y los virreinatos de Sudamérica entre mediados del siglo XVII y finales del siglo XVIII, dado que sus copias eran una “noticia” o “sensación” de una mariofanía acaecida en un contexto bastante excepcional”.
El fenómeno guadalupano ha sido estudiado desde sus orígenes en las apariciones al indiecito Juan Diego y sus diálogos con el obispo Fray Juan de Zumárraga. Trasciende los límites de esta exposición, pero no hay que desvincularla de este aspecto pues marcó la expansión de la obra evangelizadora y la asunción de las etnias indígenas con los mismos derechos de los colonizadores europeos. “La Virgen de Guadalupe es mexicana de origen, pero ahora ya no es sólo mexicana. “Es una virgen universal que tiene una característica especial: le habla a los oprimidos. La Guadalupana transmite un mensaje de amor a todos aquellos que encuentran en ella a alguien que los escucha”. Este fenómeno lo vemos reproducido en casi todas las “apariciones marianas” americanas lo que explica el arraigo popular de la devoción mariana en nuestro continente.
Entre las coplas y estribillos citados llama la atención uno de finales del siglo XVIII en un oratorio campestre cercano a Barcelona, ya que Cataluña, en origen ajeno al comercio con Indias, hubiera un culto a la imagen del Tepeyac como imagen de “nuestra España paisana”. Así dice el estribillo: “Pues sois, Divina Señora, de nuestra España paisana; sednos siempre protectora, madre y Virgen mexicana”. Un siglo antes, Sor Juana Inés de la Cruz hace referencia al paisanaje compartido entre los reinos de Castilla y la Nueva España: “La compuesta de flores maravilla, divina protectora americana, que a ser se pasa rosa mexicana, apareciendo rosa de Castilla”.
Los estudios e imágenes del catálogo son una invitación a profundizar en la extensión en el tiempo a la devoción guadalupana. Con razón el Papa Juan Pablo II la elevó a patrona del continente americano desde el norte hasta el sur. Menos estudiada pero no por ello hay que descuidar preguntarnos cómo fue calando en las colonias más pequeñas como Venezuela. Si bien el Papa León XIII a finales del siglo XIX la exalta como la devoción más extendida en el suelo americano, me pregunto con curiosidad su extensión en la tierra de gracia. Mons. Ovidio Pérez Morales le dio realce al santuario guadalupano en tierras falconianas, huella de su presencia en los médanos como patrona y guía del pueblo del estado Falcón.
En la región andina fue gran difusor de la devoción guadalupana el Padre Jesús Manuel Jáuregui Moreno cuando ejerció el curato de Mucuchíes a partir de 1873. Existe un lienzo traído seguramente de México que reposa en la iglesia de dicho pueblo y erigió la cofradía a esta devoción en el páramo merideño. De dónde su devoción o conocimiento de la Virgen del Tepeyac cuando todavía su imagen y culto no se había difundido en nuestra tierra. Probablemente haya alguna noticia sobre su devoción antes de finales del siglo XIX en Venezuela de lo que no tengo conocimiento.
Ya en el siglo XX y hasta nuestros días se han multiplicado entre nosotros la devoción a la virgen mexicana. Encuentro en la red, entre otras, estos dos villancicos venezolanos dedicados a la patrona del Tepeyac: «Acaso no estoy yo aquí»: Esta canción, popularizada en México, se canta en Venezuela con diferentes arreglos musicales, incluyendo mariachi”. Y este otro muy bello que lo cantan en el santuario falconiano: «¡Salve, Virgen de Guadalupe, ¡Rosa del Carrizal!»: Se trata de un canto de alabanza a la Virgen de Guadalupe, cuya réplica se encuentra en El Carrizal, estado Falcón, y que se canta en el marco de sus celebraciones”.
En el documento de Puebla (1979) leemos: “en nuestros pueblos, el Evangelio ha sido anunciado, presentando a la Virgen María como su realización más alta. Desde los orígenes, -en su aparición y advocación de Guadalupe-, María constituyó el gran signo, de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo con quienes ella nos invita a entrar en comunión. María fue también la voz que impulsó a la unión entre los hombres y los pueblos. Como el de Guadalupe, los otros santuarios marianos del continente son signos del encuentro de la fe de la Iglesia con la historia latinoamericana” (282).
“El culto a la imagen de la Virgen de Guadalupe de México en España constituye un ejemplo singular de las transacciones, los desplazamientos y las significaciones culturales que caracterizaron la relación entre continentes durante la primera modernidad.” Este fenómeno se sigue dando y conviene estudiarlo como los hermanamientos de devociones peninsulares arraigadas entre nosotros. Como el reciente caso de las hermandades de la Divina Pastora de Sevilla y la nuestra de Barquisimeto. Es tema abierto y apasionante.
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