Baltazar Porras en León España
Si la primera parada en estas crónicas nos llevó a contemplar el sosiego del refugio secreto que Don Baltazar custodia en León, la jornada de ayer nos demostró que los oasis del espíritu nunca permanecen cerrados por mucho tiempo; tarde o temprano, las puertas se abren para convertirse en fiesta, pueblo y comunión. Quien ha cruzado y pastoreado los Pueblos del Sur de Mérida sabe perfectamente que las fiestas patronales tienen un aroma y un latido que no se olvidan jamás. Ayer, mientras las campanas repicaban y la algarabía envolvía a Carrizo de la Ribera en honor a la Virgen del Villar, fue imposible no sentir un vuelco en el corazón. De pronto, la distancia atlántica desapareció; la devoción popular, los cantos y los rostros nos devolvieron, como un espejo milagroso, la magia de aquellas romerías y fiestas patronales andinas que llevamos grabadas a fuego en nuestra identidad.
 
El centro de este milagro cotidiano volvió a ser el altar, convertido en un pedazo de Venezuela en el corazón leonés. La mesa de la Eucaristía, presidida por el Cardenal Baltazar Porras, fue la prueba viviente de que el ministerio no entiende de fronteras cuando lo que impera es la lealtad. A su lado concelebraron sacerdotes de León, hermanos con los que hoy comparto una hermosa fraternidad y a quienes, a lo largo de estos meses, he aprendido a tenerles un profundo cariño y a apreciarlos como verdaderos amigos gracias a la cercanía compartida en esta zona de la ribera. Junto a ellos, estuvo también, de manera muy especial, un nutrido grupo de sacerdotes venezolanos que hoy trabajan en España. Para mí, verlos allí fue un viaje directo a los años entrañables en nuestra casa madre, el Seminario San Buenaventura de Mérida. Eran mis hermanos del seminario; algunos, compañeros con quienes compartí desvelos de estudio y risas de pasillo; otros, hermanos que ya habían recibido el orden sagrado y en cuyas parroquias de los Pueblos del Sur tuve la dicha de hacer pastoral y aprender del ministerio. Vernos reunidos de nuevo, cruzando el océano, custodiando al mismo obispo que nos formó y nos ordenó, fue un regalo que solo la providencia divina puede tejer.
 
Pero lo que verdaderamente conmovió a los presentes —y que define la magnitud de esta jornada— fue el testimonio de Don Baltazar. En el imaginario del mundo, un cardenal de la Iglesia habita en una cima alta, distante, casi inalcanzable para el saludo del ciudadano común. Ayer, Carrizo fue testigo de lo contrario. La grandeza de un Cardenal no radica en los títulos, sino en su asombrosa capacidad para dejarse querer; en esa sencillez innata y esa cercanía que desarma cualquier protocolo. Su manera de mirar a los ojos, de escuchar al anciano, de sonreír al niño y de hacerse uno más entre la multitud no restó un ápice a la alta dignidad cardenalicia, sino que la dotó de su significado más auténtico. El que nos enseñó Cristo. Nos recordó que un pastor no está llamado a ser un príncipe o un rey revestido de distancias, sino un servidor; un hombre que, en medio de sus virtudes y flaquezas cotidianas, se desgasta con su pueblo, camina a su lado y se convierte en sendero para que otros se encuentren con Dios. Fue la autoridad evangélica transformada en pura paternidad.
 
Todo esto sucedió bajo la mirada maternal de la Virgen del Villar, una advocación que congrega una de las tradiciones más hermosas y arraigadas de la ribera leonesa. Ver a este pueblo conservar con tanto celo, orgullo y fervor la herencia de sus mayores es una esperanza para el alma. En tiempos donde el secularismo parece avanzar rápido, la fidelidad de la gente de Carrizo a su Virgen no es un simple folclor; es un acto de resistencia, un sentido vivo de conservación de nuestra Iglesia Católica que mantiene encendida la llama de la fe. Al final de la tarde, entre el eco de las campanas y los abrazos compartidos, quedó claro que León y Mérida, España y Venezuela, ayer se hicieron una sola oración en el refugio de un pastor que siempre sabe cómo hacernos sentir en casa.
 
Pbro. Danny Xavier Peña Dávila 
León – España
27-05-2026