Crónica desde Roma: Peregrinando con José Gregorio

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo…

Mi viaje a Roma para la canonización de los dos primeros santos venezolanos estuvo precedido de varios acontecimientos que han llenado de alegría y de esperanza mi fe. En primer lugar, fui invitado por la Hermandad de la Divina Pastora de Sevilla para la coronación canónica de su imagen, pues las cofradías de la Divina Pastora existentes en Sevilla son varias, y mantienen relación con la de Barquisimeto. Curiosamente para nosotros Sevilla es la iglesia local del mundo que tiene mayor número de hermandades y cofradías. En la ciudad hay 120 y en la arquidiócesis 700, claro índice del arraigo de la participación laical desde la religiosidad popular que mantiene y alimenta la identidad cristiana de miles de fieles. América Latina y por supuesto Venezuela es heredera de esta singular manera de vivir la fe, adornada con el sentido fraterno de sus miembros, con gran sentido de hospitalidad a todos ellos y con proyección en obras sociales para los más necesitados. A esto se une el derroche de arte, belleza, cultura y formación humano-cristiana que le da un tinte especial al catolicismo en ambas orillas del Atlántico.

La preparación de la coronación canónica estuvo precedida de varios triduos de misas con sus respectivas procesiones que involucran a todos sus cofrades en diversas actividades de carácter evangelizador y misionero. Tuve la dicha de presidir la última eucaristía del triduo previo a la coronación y formar parte de los concelebrantes que, presididos por el Señor Arzobispo de Sevilla, plenó los espacios cercanos a la Giralda para dará cabida a los miles de devotos que tomaron parte en los actos. Recibimos las atenciones típicas de los sevillanos que nos hacen sentir en casa. No en vano, en las carabelas que atravesaron el mar llegaron hombres con fe que nos la trasmitieron y forman parte de nuestro ser católico. Con razón el documento de Aparecida de los obispos latinoamericanos (2007) y la exhortación del Papa Francisco Evangelii gaudium (2013) forman parte del acervo teológico-pastoral que le confiere rango de expresión genuina de la fe católica. No me queda más que agradecer la acogida y el compartir con la colonia venezolana radicada en Andalucía muy activa en la vida eclesial de sus comunidades. Por supuesto que en todos los encuentros la memoria de San José Gregorio estuvo presente y son numerosas las expresiones artísticas que representan de mil maneras al médico de los pobres.

Canarias, con razón exhibe el título de llamar a Venezuela la octava isla. Fue el segundo momento de mi peregrinar, pues con insistencia se me pidió hacerme presente en medio de ellos, en la isla de Tenerife, donde fuimos acogido por el Sr. Obispo D. Eloy Gonzalo y parte de su clero. En tres días peregrinamos de sur a norte de la isla. Primero en Granadilla donde la colonia canario-venezolana es numerosa, al día siguiente en la parroquia de San Francisco en Santa Cruz, y el último día en Icod de los Vinos en la parroquia al lado del milenario árbol “el Drago”, emblema de la localidad. Cuesta darse cuenta saber si estamos en Canarias o en Venezuela pues el trasiego de gente insular que migró a nuestra tierra y el retorno de insulares o sus descendientes los encontramos en todos los rincones. Los nombres de muchos negocios tienen nombres criollos, y al vernos nos saludan, piden la bendición, señal inequívoca venezolana. Varios sacerdotes venezolanos atienden parroquias en la isla. Uno de ellos, mi exalumno merideño, nativo de El Morro, Yan Darwin Rivas, quien desde hace varios años es párroco en la isla de El Hierro, donde está desempeñando una hermosa labor en la acogida a los migrantes procedentes de la costa africana. Goza de gran aprecio pues no escatima esfuerzo para recibir a quienes llegan vivos, mejor semivivos, después de ser explotados por esa mafia increíble que trafica y se hace rica con lo que le quitan a quienes buscan un mejor horizonte de vida. Solo el diez por ciento de quienes emigran en aquellas pateras llegan vivos al destino. El resto se los traga el mar. Las historias son espeluznantes y merecen de nosotros ser más conscientes del drama de la emigración en condiciones infrahumanas.

Con motivo de la fiesta nacional de la Guardia Civil el Padre Darwin como le dicen en la isla, fue invitado a Madrid para recibir la cruz blanca del mérito que le fue impuesta en acto solemne en la capital española. Es motivo para preciarnos de tener sacerdotes nuestros dándolo todo por el bien de hermanos desconocidos, pero hermanos a los que hay que atender con dulzura, misericordia y espíritu samaritano.

El entusiasmo por la canonización de nuestros dos primeros santos ha movido las comunidades de compatriotas y devotos para dar gracias por este don que nos impulsa a seguir sus huellas. En la Almudena, catedral madrileña, participamos en la Eucaristía que el Cardenal José Cobo ofreció en acción de gracias por los dos santos y en agradecimiento a la colonia venezolana activa en muchas parroquias madrileñas en actividades pastorales. El Obispo Auxiliar D. Vicente Martín presidió la eucaristía y en la homilía hice alusión y reconocimiento por la pastoral migratoria muy activa en toda la península, como seguimiento del Jesús que también tuvo que refugiarse en Egipto junto con sus padres.

Roma como un hervidero de peregrinos y turistas de todo el mundo. La sorpresa más grata el que un matrimonio vietnamita con tres niños me preguntó por el santo vestido de negro con un sombrero al que su familia le reza desde hace mucho. En las antípodas el halo de intercesión del médico de los pobres ha cruzado mares y continentes. La majestuosa celebración de la canonización de siete nuevos santos con el Papa León a la cabeza, una multitud cercana a las cien mil personas colmaba la Plaza de San Pedro y parte de la Vía de la Conciliación. Más de mil concelebrantes, quinientos obispos y cerca de ochenta cardenales. Toda una fiesta alegre y esperanzada.

Volvemos con las alforjas llenas para regarlas en nuestra sociedad ávida de paz y fraternidad. Es la tarea que tenemos por delante.

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