Por: Ramón Sosa Pérez…

En abril de 2024, el Embajador de Portugal en Venezuela : Pedro Fins Do Lago cumplió en Mérida un deber diplomático de primera línea. En mi responsabilidad de Coordinador de Ceremonial y Protocolo, por delegación del Colegio Ciudad de Lagunillas, asumí la ineludible tarea. Así las cosas, nos apostamos en la comunidad La Alegría, Municipio Sucre, que con bombos y platillos recibía la dignidad oficial que los visitaba.

Fins Do Lago, diplomático de carrera, egresado en Derecho de la Universidad Católica Portuguesa de Altos Estudios Administrativos Europeos, titulado por el Colegio de Europa y desde 2022 es Embajador en nuestro país. A Mérida vino, es justo decirlo, para afianzar con el Colegio Ciudad de Lagunillas, en el Municipio Sucre, un Programa de Intercambio para el aprendizaje de la lengua portuguesa más allá de la frontera lusa.

La Alegría es un sencillo paraje del Municipio Sucre surgido desde el brío migrante aventado por los vientos de la guerra europea que se generaron en la medianía del pasado siglo XX. Bernardino Rodrigues (con “s”) Do Quintal llegó, se asentó en el lugar y habitó entre las penurias compartidas con algunos aldeanos oriundos de las laderas que lindaban con el sur merideño. Había que hacerlo todo y a ello se dedicó con premura.  

Aquel lusitano que al dejar la suya materna, halló refugio en tierra venezolana, imaginó lo primero para resolver en el pequeño terraplén. Acarrear el agua desde colosal distancia en kilómetros para fundar el pueblo, rehacer a pico y pala el maltrecho atajo hasta parcelar los lotes y adjudicarlo a los colonos, fue la tarea del portugués Bernardino. Por rasgo privativo y en razón a la común necesidad, devino en líder social.

Su enrevesado portuñol, de golpe y porrazo, asimilaba modismos hasta fundirse con los lugareños que se avenían pronto con el “musiú”. Era uno más entre ellos encaminando la dura jornada que mediara la redención ansiada. Según los vecinos, su mayor preocupación era disponer un espacio para venerar a la Virgen de Fátima. En breve tiempo la ermita estuvo hecha y allí reposa desde entonces con creciente fe.

La devoción mariana escaló acelerada y desde el alba Bernardino Do Quintal siseaba en monólogo de lengua nativa las preces que protegían la obra comunitaria. Ver la tarea concluida y el lugar convertido en un poblamiento vigoroso, con envidiable vecindario que se solazaba en la ayuda solidaria, lo motivaron para llamarla La Alegría. El epónimo se hizo popular y la Virgen de Fátima agrandó Su Manto Protector.

Oímos estas historias al preludio de la visita del Embajador Joäo Pedro Fins Do Lago y otras que se replicaron luego ante el protocolo. Cumplido el ceremonial, pasamos en casual plática en modo de presentación con el diplomático. Nos refirió en simpática revelación que el nuestro es apelativo que portó Egas Gomes de Souza, noble de raíz visigoda que vivió en Portugal, Señor de las Tierras de Souza y Felgueiras.

Por ser natural de Figueira da Foz, en el Distrito de Coimbra, el Embajador explanó su emotiva explicación de su región, afamado destino de playa portugués, hasta subrayar que Egas Gomes de Souza fue Gobernador entre Douro e Monho y Capitán General que venció en combate al Rey de Túnez. Agregó contento que el lejano pariente Souza descendía de Sisebuto de Coimbra, hijo de Wuitiza y penúltimo Rey de los Godos.

A la docta información le siguió el intercambio de saberes académicos con los jóvenes del liceo referido. La habilidad parlante dejó sorprendido al diplomático, quien disertó en portuñol ante el grupo estudiantil. Al muestrario cultural de autoctonía indígena, le siguió un ritual heredado del ancestro complementado con un ágape que las comunidades indígenas de los quinaroe obsequiaron al dignatario.

Gratamente sorprendido, el Embajador se reencontró con la huella de su paisano fundador de la comunidad La Alegría, que venera con atribuible ristra de milagros a la Virgen de Fátima. La huella lusitana en la recóndita tierra sucrense, a juicio del Diplomático: “tenemos deuda de gratitud eterna con este país que albergó en buena hora a aquellos que migraron para comenzar en generoso suelo, otra vida que ahora celebramos”.