Cuando la Universidad imita los males del Estado 

Por: Angélica Villamizar…

Venezuela lleva más de dos décadas atrapada bajo la sombra del autoritarismo. Durante más de veinte años, un modelo antidemocrático ha desmantelado el Estado de derecho, destruido el aparato productivo y socavado profundamente la calidad de vida de millones de venezolanos. La grave crisis humanitaria compleja, el colapso de los servicios básicos y el éxodo masivo de nuestras familias no son hechos fortuitos; son la consecuencia directa de la anulación del contrapeso del poder y  la corrupción como una práctica sistémica. Una corrupción que no solo se traduce en desfalco económico, sino que mata: mata por falta de insumos en los hospitales, mata por desnutrición y mata por la desesperanza de un pueblo sumergido en la precariedad.

Frente a esta tragedia histórica, resulta inadmisible la postura de quienes prefieren la tibieza, el cálculo o la indiferencia. En un país arrasado por el autoritarismo, no defender la democracia es una forma implícita de complicidad. 

Lo más alarmante es que este mal no es ajeno a nuestras casas de estudio. La Universidad de Los Andes (ULA), históricamente un baluarte de reserva moral y pensamiento libre, ha pasado a ser un triste espejo de la realidad nacional. Dentro de sus recintos, donde debería primar el rigor ético y la pluralidad, sobreviven posturas antidemocráticas que imitan los vicios del poder central. La falta de alternancia, la perpetuación indefinida de las mismas autoridades por casi dos décadas y la resistencia a someterse a la voluntad popular universitaria son el reflejo a escala de lo que el país padece a nivel macro.

Quienes justifican o promueven la parálisis electoral dentro de la universidad, aduciendo pretextos o buscando mantener cuotas de poder, incurren en el mismo desprecio por las libertades que se le critica al régimen nacional. La universidad no puede pretender ser faro de la República si en su interior tolera la opacidad, el inmovilismo y el rechazo a la voluntad de la comunidad académica.

La democracia no es solo el acto de votar; es la vigencia irrestricta de tres pilares fundamentales: la alternancia, la transparencia y la rendición de cuentas.

La alternancia es la garantía indispensable para evitar que las estructuras se pudran por la ambición de permanencia, permitiendo que nuevas ideas y liderazgos oxigenen las instituciones.

La transparencia y la rendición de cuentas son el único antídoto eficaz contra el flagelo de la corrupción que tanto dolor y miseria ha causado a la familia venezolana.

Es momento de expresar un repudio firme y categórico hacia la corrupción en todas sus escalas y hacia quienes, con su postura o su omisión, sabotean los procesos democráticos tanto en la nación como en la ULA. 

Reclamar elecciones transparentes, exigir cuentas claras y rechazar a los antidemócratas no es solo un derecho, sino más bien,  es un deber moral ineludible para reconstruir la universidad y, con ella, el futuro de Venezuela.

22-10-2026 (189-2026)

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