Cuarentena a conveniencia

Por: Angélica Villamizar…

La decadencia del país por más de 20 años, ocasionada por la Gran Corrupción, es evidenciada en el debilitamiento de la democracia, los poderes públicos y de los partidos políticos; lo que trae como consecuencia el desmejoramiento de la calidad de vida de los venezolanos.

Los servicios públicos en franco deterioro, el aumento de la delincuencia, la acentuación de la pobreza, el poder adquisitivo por el subsuelo, la paralización parcial del sistema productivo, son otras de las muchas secuelas de este flagelo.

Aunado a toda esta crisis, en este 2020, producto de la pandemia por el Covid-19, la mayoría de los venezolanos se encuentran aislados en sus casas, sin poder ir a sus lugares de trabajo. Los funcionarios de la administración pública, que por cierto, devengan un sueldo de miseria, incluyendo a los trabajadores de la universidades públicas, están en sus hogares, pensando en cómo invertir su tiempo, esperando la llegada de una quincena que si acaso les alcanza para adquirir dos productos de la cesta básica como mucho o reinventándose otra fuente que les genere ingresos.

Los sectores populares, están a la espera de que lleguen los alimentos del Comité Local de Abastecimiento y Producción, la famosa caja Clap, que no es más que uno de los tantos programas sociales caracterizado por su improvisación, corrupción, discriminación, irregularidades en su venta y en el estado de los alimentos, además no cumple con la entrega de una dieta balanceada, y su venta no es periódica, y que por cierto, prometía el contenido de 15 kilos de alimentos, sin embargo, la caja solo contiene 12 kilos en el mejor de los casos, los cuales generalmente vienen divididos en arroz y pasta y que ni siquiera alcanza para alimentar 15 días a una familia promedio.

Asimismo, una porción de venezolanos depende de lo asignado a través del sistema de Bonos de la Patria, que hasta la fecha ya van por lo menos 38 y el que corre con suerte recibiría 2 mensuales, pero que tampoco es suficiente para poder seguir subsistiendo.

El Covid-19 llegó en un momento en que se comenzaba a sentir en gran medida el malestar de los venezolanos. Es preciso recordar que un día antes de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara la pandemia, en nuestro país se estaban generando simultáneamente movilizaciones, protestas, pero que fueron paralizadas porque se decretó un estado de alarma nacional para combatir la pandemia, en el marco de estado de excepción contemplado en nuestra Carta Magna.

Esta semana un representante de la OMS afirmó que la cuarentena no debe ser empleada como principal o único método de control de la pandemia alertando también que las restricciones tienen un efecto negativo en la vida de las personas, la principal, el impacto en la salud mental generada por la angustia psicológica.

En este país, el tema del confinamiento ha sido muy conveniente para el gobierno, la excusa perfecta para evitar que los ciudadanos salgan a las calles a protestar, o a acudir al llamado a movilizaciones; ha sido la justificación clave para ganar tiempo mientras deciden qué otro programa social inventarse para mantener al pueblo en calma.

No obstante, en algunas regiones del país en medio de esta pandemia, han comenzado nuevamente las protestas por la deficiencia en la prestación de los servicios públicos (gas, gasolina, agua, electricidad) incluyendo la exigencia de la venta de los productos del Clap, que para algunos es su única esperanza para poder alimentarse. Ya es inaguantable esta situación y el pueblo exige soluciones inmediatas.

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15-10-2020 (14)