Cultivar la verdad y la caridad con la educación

El título de este artículo se inspira en los párrafos introductorios de la declaración “Gravissimum educationis” del concilio Vaticano II (Vaticano II, 1976, p. 598). El papa León XIV el 28 de octubre de 2025, firmó su Carta Apostólica Dibujando nuevos mapas de esperanza, concentrada en los principios esenciales de dicha declaración.

Antes de las palabras citadas para el título de este escrito, sobresalen estas frases:

«Muchos niños y jóvenes están privados todavía de la instrucción incluso fundamental, y tantos otros carecen de una educación adecuada» (Vaticano II, 1976, p. 598).

Frente a esta realidad se exhorta a la Iglesia, al Estado y a la sociedad completar la obra educativa iniciada en el hogar; es decir, facilitando a los niños, adolescentes, jóvenes, los medios materiales, psicológicos, pedagógicos, didácticos, para alcanzar con precaución constante «la plenitud de esta vida» (Vaticano II, GE, §§ 4.5, pp. 602-603).

Por eso, los padres han de nutrir en sus hijos una educación propicia a su vocación, y el estado los ha de apoyar construyéndoles escuelas por las que ellos libremente opten, bien equipadas, en las que los hijos, los alumnos, se sientan a gusto no sólo aprendiendo contenidos, sino asimismo realizando en la práctica sus obligaciones y derechos civiles (Vaticano II, GE, § 6, p. 603).

En tal sentido, los maestros, cuya vocación «requiere dotes especiales de alma y corazón» (Vaticano II, GE, § 5, p. 603), además de mostrar sus buenas aptitudes, de esta manera evidencien en el desenvolvimiento de su tarea, la eficacia de sus estudios amparada en una “diligentísima” y usual “prontitud” para “renovarse y adaptarse” (cf. Vaticano II, GE, §§ 5.6, pp. 602-603).

La constante renovación (actualización) y la adaptación (contextualización), es exigencia del “pluralismo de la sociedad moderna” (Vaticano II, GE, § 7, p. 604), porque precisamente en ése las instituciones han de favorecer “la debida libertad religiosa” (p. 604), y así transferirles a los estudiantes en todas las escuelas, «una educación conforme a los principios morales y religiosos de las familias» (p. 604).

Por supuesto, la Gravissimum educationis recalca “la nota distintiva” de la educación católica: «Crear un ambiente de la comunidad escolar animado por el espíritu evangélico de libertad y de caridad… de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre» (Vaticano II, GE, § 8, p. 603).

La educación, aunque en su haber y quehacer se encuentren actitudes negligentes, anacrónicas, sólo aspirantes de sueldo, y aunque en estos momentos la remuneración para muchos profesionales de la educación sea deficiente, nunca está descalificada: cada maestro, profesor, ante sus alumnos con sus clases y testimonio los anima a cambios imprescindibles con los cuales ellos son y serán los protagonistas de transformaciones, no violentas, no ladinas, pero sí convenientes en el seno de las sociedades.

En efecto, la Gravissimum educationis subraya este conciso y amplio objetivo de la labor de las escuelas, tener «en cuenta la diferencia de sexos y el fin propio fijado por la Providencia divina a cada sexo en la familia y en la sociedad» (Vaticano II, GE, § 8, 606).

Referencia:

Vaticano II. (1976). Declaraciones. Decretos. Declaraciones. Editorial Biblioteca de Autores Cristianos.

20-11-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com