Por: Germán Rodríguez Bustamante…
El término miseria se deriva del latín, que puede traducirse como infortunio o desgracia. Una palabra que se forma a partir de la suma de dos componentes léxicos: el adjetivo “miser” que es equivalente a desgraciado y el sufijo “ia” que se usa para indicar cualidad.
La miseria refiere a la pobreza muy acentuada. Quien vive en la miseria sufre todo tipo de privaciones y penurias.
La reciente encuesta de condiciones de vida (ENCOVI), levantada entre febrero y abril del 2.021, para 1.580 segmentos y 17.402 hogares, muestra cifras alarmantes. En el marco institucional refleja una fragilidad y debilitamiento de la estructura de soporte, para mantener y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, sobre todo para los más vulnerables. Existe una falta de respuestas pertinentes, oportunas y eficientes para atender problemas en todos los órdenes. La realidad es que tenemos un país empequeñecido en términos económicos y demográficos, con elevados índices de pobreza y desigualdad y con gran desconfianza respecto al futuro. En términos económicos, el tamaño de la economía se ha reducido notablemente. En el período 2.014-2.020 el PIB real muestra una reducción acumulada de 74%. Se ha mermado la capacidad potencial de producción y la productividad de los factores disponibles, efectos difíciles de revertir en el corto y mediano plazo. El colapso de la renta petrolera, deriva en una merma importante de los ingresos petroleros externos por una combinación de factores esencialmente domésticos: una mala gestión de PDVSA, falta de inversión, una corrupción insaciable y la suma posterior del impacto de las sanciones. La presencia de hiperinflación sostenida desde el 2.017, que produjo reducción de empleo, incremento de la informalidad y destrucción del poder de compra.
El tamaño de la población se redujo a 28,7 millones. El crecimiento demográfico en el último quinquenio fue negativo en -1,1%. Más de 4 millones de personas dejaron el país en el período 2.015-2.020. Los nacimientos se redujeron debido a que migraron potenciales madres. Adicional los riesgos de fallecer han aumentado, la tasa de mortalidad infantil registrada cifras de hace 30 años (25,7 por mil). Las generaciones nacidas en el período de crisis (2.015-2.020) van a vivir menos años que quienes nacieron antes (2.000- 2.005). Hay una pérdida de casi 3 años en la esperanza de vida. Las medidas de cuarentena por la pandemia del COVID 19, se implementaron en el país en un contexto en el cual ya existía una recesión económica extendida, escasez de combustible, crisis de servicios públicos y una baja movilidad internacional. Lo cierto es que este contexto de pandemia las restricciones de movilidad impactaron negativamente la economía, el empleo y la educación.
Desafortunadamente los hogares se alejan de la frontera de la superación de la pobreza y en consecuencia sigue creciendo la pobreza extrema. La crisis de movilidad ha hecho que la pobreza extrema tenga un repunte. Las restricciones de movilidad afectaron más a las ocupaciones y oportunidades de los pobres. En resumen, en el último año la pobreza extrema subió más de 8%, el empleo formal se redujo en 1,3 millones de puestos de trabajo y la cobertura educativa cayó 5%. También aumentó la dependencia de la población de bonos y remesas. La pobreza se mantiene en niveles máximos posibles del 94,5%, mientras que la pobreza extrema sigue creciendo y abarca dos tercios de los hogares del país, con un 76,6%, un alza de 8,9 puntos, desde los 67,7% en que se ubicaba el año pasado.
Lo delicado del asunto es que el Estado y los sectores políticos les prestan poca atención a estos estudios, sobre todo en este momento de eventos electorales en puerta y una negociación en camino. Pareciera que la polarización que existe en el país es tan grave que motive a muchos, nacionales y extranjeros, a guardar silencio pensando que ello les favorece su acción. La realidad es cruel, dura y profundamente inhumana la pobreza extrema se extiende por todo la Nación, sin visualizar en el horizonte una salida de este callejón, la política en una encrucijada o posiblemente llegando a una cualidad de desgracia. La oposición al régimen desconectada de las realidades que padecen los ciudadanos, y dividida por intereses particulares. Unos proponen soluciones de ensueño, deciden participar en el proceso electoral para no perder presencia en la mesa de negociación, pero no para derrotar al régimen. Otros no terminan de construir una unidad que les de la representatividad de las fuerzas opositoras. Ambas como pintores colgados de la brocha, jurando que no se caerán. El evento electoral del 21 de noviembre será un camposanto para muchos políticos inescrupulosos e insensibles, quienes serán molidos por el trapiche de la realidad.
Los intereses particulares prevalecen sobre el interés nacional, luchan por símbolos, cuotas y por el pernil y el pavo de diciembre, y no por la recuperación de la democracia. Las últimas denuncias, informaciones y reseñas en las cuales el gobierno interino aparece involucrado, agrega más oscuridad a una gestión que no rinde cuentas. De alacranes a escorpiones, cada uno con su aguijón preparado para destruirse mutuamente y en la reyerta un régimen debilitado al máximo, sobreviviendo cómodamente, en un contexto de exterminio generalizado de la población. Opositores al régimen insultándose mutuamente, por las redes sociales y otros medios, otros hacen lo mismo desde la comodidad del exilio dorado. Sera muy difícil detener la riña y voltear la mirada al verdadero enemigo, culpable de las calamidades y realizar los esfuerzos para cimentar aspirantes unitarios y únicos, en todos y cada uno de los rincones del país. La pobreza extrema llevada también al campo de la política, actores políticos miserables que no comprende los sufrimientos de la población, retratados cruelmente por la ENCOVI 2.021.
Existe una oportunidad para la recuperación gradual de la democracia en Venezuela, la política debe comenzar a amortizar la deuda acumulada con la sociedad. Les toca a los políticos abandonar sus posiciones de partidos, grupos y coaliciones para unirse en un frente único y unitario independientemente de símbolos, siglas y posiciones de cara al evento electoral del 21 de noviembre, todavía hay tiempo y el trapiche espera pacientemente por la caña que lo alimentará.
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