De la riqueza a la crisis: La historia del Rentismo Venezolano

En la clase espejo de la cátedra Historia Económica de la Universidad Militar de Nueva Granada en Colombia a cargo de Claudia Milena Pico y de la profesora Claudia Santiago de la Escuela de Economía de la Universidad de Los Andes en Venezuela se disertó sobre “La economía venezolana en los años noventa: el preludio del colapso actual y el ocaso de la democracia participativa.” Al respecto, se argumentó que Venezuela es el caso más extremo de una economía rentista en América Latina y que a diferencia de las petromonarquías como los Emiratos Árabes, que han logrado diversificar su economía, nuestro país sigue atrapado en un círculo vicioso de dependencia petrolera, paternalismo estatal y clientelismo. Desde la consigna de «sembrar el petróleo» en 1936 hasta la crisis actual, la historia se repite: riqueza en el subsuelo, pero pobreza en las calles.

La región latinoamericana ha estado intrínsecamente ligada a la dependencia de materias primas; sin embargo, el caso venezolano ha destacado por su profunda inmersión en una economía rentista. Asdrúbal Baptista la definió como un «capitalismo rentístico», donde la riqueza nacional emana de un recurso no producido. Arabia Saudita o los Emiratos, han invertido sus ingresos en tecnología, turismo y finanzas; mientras que Venezuela percibió el petróleo como una fuente inagotable.

La reciente conferencia sobre la turbulenta década de los 90 en Venezuela, expuesta por la profesora Claudia Santiago, nos sumerge en una reflexión profunda sobre la complejidad de las economías rentistas. Es impresionante, que a pesar de las décadas transcurridas, la sentencia de Arturo Uslar Pietri de «sembrar el petróleo,» sigue siendo un eco en el presente venezolano. Según la ponente, en Venezuela, a pesar, de su vasta riqueza petrolera, la diversificación económica nunca se concretó. Esto viene desde las ideas de líderes importantes del siglo XX, que prepararon el terreno para que la democracia en el país decayera, citando a pensadores venezolanos como Isaías Medina Angarita y Eleazar López Contreras.

En los años 90, Venezuela empezó a cambiar de forma importante.  Se firmó el Pacto de Punto Fijo en 1958 (un acuerdo entre líderes civiles como Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba), que buscaba traer un gobierno estable y democrático. Sin embargo, hoy vemos una situación parecida: aunque el presidente es un civil, hay tantos militares en puestos de gobierno que no podemos hablar de un «gobierno completamente civil». La crisis del bipartidismo y la pérdida de legitimidad de los partidos tradicionales, como Acción Democrática y COPEI, facilitaron el colapso de la democracia representativa. En esa década, se produjo un proceso de fragmentación política, con un Estado cada vez más débil, evidenciado por la crisis bancaria, el aumento de la inflación y la deuda externa.

Las políticas neoliberales de los años 80 y 90 en Venezuela fracasaron. Aunque buscaron modernizar la economía con la apertura petrolera y privatizaciones, no lograron reducir la dependencia del petróleo. En cambio, estas medidas solo empeoraron la desigualdad, beneficiando a unos pocos, mientras la mayoría sufría pobreza, inflación y desempleo, lo que llevó a protestas como el Caracazo de 1989, según  Claudia Santiago.

La llegada de Hugo Chávez en 1999, impulsada por un golpe y movilización, rompió con la democracia tradicional y estableció un nuevo modelo basado en el control y la concentración del poder. Esto ocurrió porque las reformas económicas de los 90 fracasaron, no solo por la falta de apoyo social, sino también por la incapacidad de los partidos para adaptarse. Los datos de esa década lo confirman: el crecimiento económico no benefició a la mayoría, sino que acentuó las desigualdades, dejando un legado de alta inflación, desempleo y una deuda impagable.

Las políticas económicas y la crisis institucional de los años 90 fueron determinantes en la inestabilidad actual de Venezuela. La lección es clara: para evitar repetir la historia, Venezuela necesita una economía diversificada, instituciones fuertes y participación ciudadana. Es hora de aprender y actuar, dejando atrás la dependencia del oro negro y apostando por un camino de desarrollo humano integral.

Esthefany Valero

Estudiante de Economía FACES-ULA

27-07-2025