Imagen cortesía

A veces siento que cuando nos ven con la mirada en la pantalla de un teléfono, lo único que pasa por la cabeza de los adultos es una etiqueta gigante que dice “flojos”, “desconectados” o “adictos a los videojuegos”.

Si supieran todo lo que pasa por nuestra mente mientras deslizamos el dedo en TikTok o nos mandamos notas de voz por WhatsApp.

A ver, ustedes a nuestra edad salían a la plaza, a la esquina de la cuadra o a la casa del vecino a echar broma. Para nosotros esos espacios físicos se han vuelto reducidos, difíciles o simplemente inexistentes.

Por eso nos mudamos a internet. Cuando estamos en Instagram o TikTok, estamos tratando de responder a las mismas preguntas que ustedes se hacían a los 15 años: ¿quién soy yo?, ¿a dónde pertenezco? y ¿qué piensan los demás de mí? No estamos jugando; estamos buscando nuestro lugar en el mundo, solo que la plaza de nosotros es digital.

En un segundo vemos cómo vive un chamo en España, la ropa que usa alguien en Estados Unidos o los estándares de belleza de la otra punta del planeta. Y, obvio, eso nos pega.

La búsqueda de aprobación, un like, un comentario o un seguidor más no es solo un número; a veces se siente como la única validación que tenemos. En un país donde el día a día puede ser bastante duro, las redes son nuestro refugio. Es la vía de escape que nos permite soñar con algo distinto.

Casi todos nosotros tenemos a un hermano, un primo o un mejor amigo viviendo en Chile, Colombia, España o Estados Unidos. Hablar con ellos en WhatsApp nos hace sentir que la distancia no nos separa del todo. Somos una mezcla de nuestras raíces venezolanas con la cultura del resto del mundo.

No piensen que las redes nos están destruyendo el cerebro, todo lo contrario. El venezolano se caracteriza por hacer un chiste de la tragedia, y nosotros aprendimos eso rapidísimo. Usamos el humor, los memes y los videos para procesar lo que nos pasa, para desahogarnos y para apoyarnos.

Un mensaje para ustedes (papás, mamás y profesores). No nos quiten el teléfono, aprendan a entender nuestro mundo.

Prohibirnos las redes no va a funcionar, porque no estarían quitándonos un aparato, nos estarían aislando de nuestra comunidad. Lo que realmente necesitamos es que nos enseñen a dudar de lo que vemos, a entender que no todo en internet es real y a valorar quiénes somos fuera de la pantalla.

Al final del día, solo queremos que entiendan que estamos definiendo quiénes somos en un mundo completamente distinto al que a ustedes les tocó. Si en lugar de juzgarnos nos acompañan, les prometo que será mucho más fácil no perdernos en el camino.

Marco Antonio Sosa Villamizar

Estudiante de 4to año de bachillerato

Colegio Micaeliano-Mérida

11-10-2026 (158)