Mario Benedetti, poeta exquisito, hombre de ingenio y dulces palabras, que hoy está en el cielo, componiendo sus delicados versos escribió:”Defender la alegría como una trinchera defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas.Defender la alegría como un principio, defenderla del pasmo y las pesadillas, de los neutrales y de los neutrones, de las infamias y los graves diagnósticos. Defender la alegría como una bandera, defenderla del rayo y la melancolía de los ingenuos y de los canallas, de la retórica y los paros cardiacos,de las endemias y las academias, defender la alegría como un destino. Defenderla de las vacaciones y del agobio, de la obligación de estar alegres. Defender la alegría como una certeza, defenderla del óxido y de la roña de la famosa pátina del tiempo, del relente y del oportunismo, de los proxenetas de la risa, defender la alegría como un derecho. Defenderla de dios y del invierno, de las mayúsculas y de la muerte, de los apellidos y las lástimas del azar y también de la alegría”.
Leyendo este poema sentimos, que es verdad lo que expresa Benedetti, porque pese a las dificultades y los múltiples problemas que aquejan al pueblo venezolano, debemos al menos intentar buscar formas para sentirnos alegres, optimistas.No se trata de que seamos indiferentes ante las graves circunstancias que nos afectan cotidianamente. “No siempre podemos estar dando saltos de alegría. Dentro de la alegría hay toda una gama cromática que hay que aprender a disfrutar. ¿Quién dijo que no hay heroísmo en la defensa de las pequeñas alegrías? Mantener una cotidiana, discreta, familiar, casi silenciosa sonrisa requiere más coraje que los gritos esporádicos”.Hay que tener valor para esparcir sonrisas y alegría, cuando la tempestad pareciera volverse eterna. Pero, para entusiasmarse, bastaría contemplar la naturaleza que nos rodea, y más en este Mérida privilegiada donde los cambios de estación se suceden en horas. Una mañana nublada, da paso,en el medio día, a un sol resplandeciente y al anochecer una brisa fresca recorre la ciudad. Saber que hay nieve mullida y suavecita en un pico llamado Pan de Azúcar en la Sierra La Culata que no está tan lejano, y que si nos lo proponemos lo podemos alcanzar. Así con decisión y empeño, como se logran los objetivos.
Cómo no alegrarse al contemplar a un niño montar su bicicleta en el parque, bajo la mirada atenta de su madre, cómo no sentirse contentocuando las campanas de la iglesia cantan su llamado a misa, o cuando tu hijo cumple su meta estudiantil y se gradúa. Cuando escuchas una canción que te trae gratos recuerdos y sin darte cuenta la empiezas a tararear. Cómo no animarse al ver que el rosal que sembraste comienza a adornarse con hermosas flores, y que tu mamá las cuida con ternura. Qué satisfacción ver a tu perro que viene hacia ti moviendo la cola y trayendo en su boca su mejor trofeo para entregártelo, porque te ama. Sí, sí hay motivos para sentir alegría y no dejarse derrumbar por las vicisitudes. Como dijimos “Dentro de la alegría hay toda una gama cromática que hay que aprender a disfrutar”.
Leer un buen libro, bailar aunque sea solo(a), caminar por cualquier lugar bonito. Pintar, dibujar, tocar algún instrumento. Besar a un ser querido, escuchar su voz, estrechar su mano. Acariciar a tu mascota, a un árbol, hacer obras de caridad, son solamente algunas de las muchas actividades que pueden producirnos alegría, ese sentimiento sereno y armonioso que nos hace sentir vivos y dispuestos a seguir con renovadas fuerzas hacia la anhelada paz y reconciliación.
Arinda Engelke.- Foto: Andrés Rojas


