Por: Angélica Villamizar…
Las dinámicas internas de la Universidad, con frecuencia han reproducido las mismas patologías que critican del Estado, burocracia opaca, toma de decisiones centralizada y una rendición de cuentas que apenas cumple con el trámite formal.
En el marco de las elecciones de nuevas autoridades en la Universidad de Los Andes, es propicio pensar en la adopción de gobierno abierto, donde se apliquen los principios de transparencia, participación ciudadana, colaboración y rendición de cuentas.
En primer lugar, la transparencia activa y la apertura de datos (open data) deben ir mucho más allá de colgar en una página web balances contables indescifrables o documentos escaneados en PDF. Hablar de transparencia activa implica publicar presupuestos ejecutados, salarios, contrataciones y asignación de becas en formatos abiertos, reutilizables y comprensibles para cualquier ciudadano. Cuando una universidad pública abre sus datos, no solo previene la corrupción o la discrecionalidad en el uso de los fondos públicos, sino que genera evidencia sólida para optimizar su propia gestión académica y administrativa.
En segundo lugar, la gobernanza universitaria no puede seguir confinada a las paredes de los consejos superiores o de facultad. La participación no debe agotarse en el voto estudiantil o profesoral cada cierto tiempo. Mecanismos como los presupuestos participativos, donde los propios miembros de la comunidad universitaria deciden directamente sobre la inversión en infraestructura o desarrollo estudiantil, o la cocreación digital de reglamentos y planes de estudio humanizan la institución. Construyen una ciudadanía activa que aprende a ejercer la democracia desde sus aulas.
Por último, el compromiso del gobierno abierto dialoga de forma natural con la ciencia y la educación abiertas. Los conocimientos e investigaciones financiados con recursos públicos no pueden quedar atrapados tras muros de pago o en estantes llenos de polvo. Los repositorios de acceso abierto, los recursos educativos libres y los laboratorios de innovación social con la comunidad garantizan que la inversión social en educación superior retorne de manera directa a la población que la sostiene.
Existe una resistencia natural al cambio en estructuras donde la información se percibe como una cuota de poder, y a esto se suma el desafío técnico de garantizar la interoperabilidad de los datos y el deber supremo de proteger la privacidad y los datos personales de la comunidad universitaria,
La universidad pública no puede ser un espacio opaco que exige transparencia al resto de la sociedad. Para ser un verdadero motor de transformación y recuperar la confianza plena de los universitarios, se debe dar el ejemplo desde casa.
El gobierno abierto no es una amenaza a la autonomía universitaria; por el contrario, es la herramienta más poderosa para defenderla y legitimarla ante la sociedad a la que se debe.
05-11-2026 (191-2026)
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