(Mateo 16, 18-21.24)
La frase del título la escuché, con novedad, el pasado 06 y 07 de marzo en la formación sobre APEP tenida en la ciudad de Barquisimeto, y está muy vinculada a la realidad pedagógica y laboral heredada de Mons. Emilio Blaslov.
Al escuchar “Taller de Nazaret” imagino a José, padre putativo de Jesús enseñándole todo lo concerniente al arte de la carpintería. Jesús lo llamó con toda seguridad papá; María lo consideró su fiel y justo esposo, a ella nosotros la llamamos madre y a José sustentados en esta frase, dicha por Pablo en su elogio a Abraham, “él es el padre de todos nosotros”, le aplicamos el afectuoso significado de la misma, para considerarle “¡padre!”.
Con toda su humildad, José es el maestro del “joven” Jesús en el Taller de Nazaret.
El padre de todos, es decir Dios, le concedió en la Creación los recursos necesarios para ello, y labrándolos, en particular la madera, le simbolizó en las formas que alcanzaba, lo que, parafraseando al Apóstol de los Gentiles, especificamos: le da figura, estructura, a las formas “que todavía no existen”. En efecto, el renglón original afirmado por Pablo de Dios, —le he llamado Padre de todos—, señala: “llama a la existencia las cosas que todavía no existen”.
En el Taller de José en Nazaret resuena una palabra, “padre”, y desde ese taller, también se nos hace viva y eficaz en el ánimo de cada uno.
Esa palabra, aunque veladamente, ya tiene un eco profundo en esta descripción del evangelista Mateo:
“Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José”.
En este párrafo, aunque sigilosa, pero con toda su virtualidad, prevalece la unión íntima con Dios, muy propicia al carpintero de Nazaret, y, además, resale su vocación primordial e identidad más profunda: la coherencia de un verdadero esposo entretejida entre la fe y la vida, la superación de la duda, y el robustecimiento de una recta conducta familiar y laboral. Así, estaba logrando cabal cumplimiento esta profecía dirigida por el Señor a David a través del profeta Natán (1ª lectura):
“Yo seré para él un padre y él será para mí un hijo”.
Este noble padre y carpintero, coopera con generosidad a labrar en su corazón y en los nuestros, la maravillosa obra de Dios; de hecho, el ángel le comenta en sueños expresiones muy parecidas a las del profeta Natán:
“Dará a luz un hijo y tu le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Desde la familia de Nazaret, sustancialmente unida a su taller, a las familias y a los talleres de Venezuela y el mundo, se les invita a que, con valentía y creatividad, hallen, en el apacible rumor de la tertulia familiar y las herramientas utilizadas en dicho taller, a José que desde su silencio, contemplando las destrezas y en ocasiones las inexperiencias de su hijo adoptivo con el trabajo de la madera, nos comunica el ardor misionero, la renovación profunda, la esperanza inquebrantable, por las cuales el certero clamor de esta frase, “sin mí nada pueden hacer” (Jn 15, 5), nos encamina a coincidir con esta del evangelista:
“Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor”.
“Hizo”, en su familia, María y Jesús, y en su taller de Nazaret, lo que al Altísimo agrada, al ritmo de esta tonada:
“Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva” (Salmo 88).
19-03-26
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
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