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sábado, enero 17, 2026

Desigualdades y educación carencial caldo de cultivo para la violencia social

Por: Juan Carlos Delgado Barrios

El debate sobre las causas de la violencia social en Venezuela nos lleva a evidenciar muchas raíces de este flagelo que crece con mucha frondosidad  y que de lo coyuntural se va construyendo aceleradamente todo un sustento estructural que se incuba en el alma del venezolano. Me refiero a dos temas muy relacionado con el comportamiento social  violento y, que en Venezuela se han ido acrecentando: las desigualdades y la educación carencial. Fenómenos que lucen contradictorios cuando el discurso revolucionario desde el régimen destaca la lucha por la igualdad, pero parece que es la igualdad hacia abajo, todos en la pobreza colectiva. Esto sucede  en un país donde la renta petrolera ha sido tan extraordinaria que la suma total en estos 15 años triplica la recibida por el tesoro nacional en todos los años de la historia republicana. Autores muy reconocidos aseguran que la pobreza en Venezuela se ha triplicado, pese al discurso de inclusión y a unos programas sociales, misiones sociales, donde la inclusión ha sido demolida por la partidización selectiva, programas que se desarrollan con muchas deficiencias derivadas  del centralismo y la corrupción.

La situación de pobreza no es “per se” causa de la violencia social pero si es un condicionante  psicosocial para el desarrollo de ese flagelo.  Es por ello, que cualquier análisis sobre la violencia social y la inseguridad debe incorporar los componentes de la pobreza porque ellos son parte de un escenario propicio para el desarrollo la fragmentación social, la perdida de la autoestima, del desarraigo,  de la desesperanza, la ociosidad, la perdida de valores, el bajo nivel educativo, el desempleo, el alcoholismo, la drogadicción, el uso de caracteres agresivos o defensivos, el revanchismo social, el armamentismo como sobrevivencia que son factores que activan al caldo de cultivo de la violencia social.  Pero este entorno carencial se convierte en peligroso cuando, en una primera etapa el gobierno, los “enamora”  a través  de un populismo que ofrece el empoderamiento de los pobres,  la redención,  pero en una segunda etapa, para justificarles la pobreza le envenenan el alma incubándoles el resentimiento y el odio, transfiriendo la culpa de su situación  a “fuerzas del mal” que le robaron lo que debería ser suyo.

Para nadie es un secreto que los venezolanos nos estamos empobreciendo progresivamente, que se están profundizando las desigualdades sociales y que la intención de imponer una revolución neocomunista sobre la base de la lucha de clases ha impuesto un proceso discursivo mediante el cual el cultivo del odio social y el resentimiento se convierte en una estrategia política, es por ello, que el proyecto socialista lejos de resolver la pobreza la congela y la hace acumulativa. Este gobierno no ha cambiado en nada en relación al clientelismo y populismo de los gobiernos anteriores para abordar las desigualdades, sino por el contrario, las ha profundizado, las ha hecho un componente de su estrategia de control social. El desarrollo de la pobreza, o sea la inducción de la pobreza, resulta una estrategia revolucionaria en el marco de la premisa “mayor pobreza mayor poder”.

El régimen se ha convertido en un maquina de hacer pobres. Por ejemplo, la estatización de la economía en la búsqueda de controlar los medios de producción ha destruido miles de puestos de trabajo, generando desempleo y multiplicando por cinco la pobreza, inducimos que la destrucción del empleo independiente y promovido por el sector privado intenta crear las condiciones para que todos los trabajadores dependan del Estado, modelo que  ha ido fracasando progresivamente en estos 15 años, porque cerraron las empresas y no generaron por su parte el empleo sustitutivo.  La inflación desatada que ha derrotado al régimen ha hecho que el salario de los trabajadores se haya pulverizado creando mayores dificultades para la sobrevivencia a los sectores más empobrecidos, lo que deriva en mayor tensión social, una creciente insatisfacción que se convierte en descontento extremo, que es un paso anterior para la violencia social. El empeño del régimen de destruir a la sociedad media para empobrecerla y así dominarla por la vía de sus demandas insatisfechas, la intención de  enviarlas a las  largas colas de racionamiento que sufren los pobres, esta creando una tensión que puede explotar en cualquier momento.    Venezuela esta sentada sobre una “bomba de tiempo”.

Entre esas desigualdades, esta la desigualdad en la calidad de la educación, en la Venezuela en tiempos de revolución hay una educación para pobres muy carencial que pareciera que es estrategia premeditada para convertir a la pobreza en una herencia de padre a hijos. En la barriadas populares y las áreas rurales y marginales  no hay escuelas y cuando hay son edificaciones derruidas, no adecuadas o improvisadas, con maestros contratados o con alta cantidad de inasistencias, sin el apoyo didáctico mínimo para enseñar, con programas de transporte y alimentación deficientes o muchas de los casos inexistentes.

La escuela pública venezolana nunca había estado tan amenazada como ahora. Por un lado, el deterioro de la calidad y caída del apoyo socioeconómico al estudiante para su permanencia en el sistema escolar ha determinado que la educación no sea atractiva para los adolescentes y jóvenes de los barrios empobrecidos, ya que dejó de ser una vía para la movilidad social. La consecuencia de esto son 4 millones de niños y adolescentes fuera del sistema escolar que están en condición de calle, vagancia callejera y trabajadores informales. Por el otro, el adoctrinamiento de los estudiantes en la escuela pública, mediante una carga ideológica promotora de la fragmentación política y social -aprender para servir al Estado vs aprender para la vida y para la ciudadanía. En esta escuela carencial se siembra la semilla del resentimiento social y traslado de la culpa, promueve la ruptura de la relación afectiva familiar al trasladar la imagen de la autoridad de los padres hacia el Estado y contribuye a la violencia familiar y abandono del hogar a temprana edad.

 Profesor Titular Jubilado de la Universidad de Los Andes. Email: juancdula@yahoo.es

 

 

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